Un venezolano en Comillas

Raúl González Fabre no es sacerdote sino religioso jesuita: los votos son los mismos pero no da misa. Por lo tanto, lo correcto es llamarlo hermano Raúl, no padre. El hermano Raúl sabe mucho de ética, de valores, de filosofía y de responsabilidad social de la empresa. Y sabe por qué funciona tan mal Venezuela hoy en día

Un venezolano en Comillas

Estudió, cosa atípica en los religiosos, Ingeniería Civil en la UCAB, pero luego hizo un doctorado en Filosofía en la Universidad Simón Bolívar. El tutor de su tesis fue Rafael Tomás Caldera.

Raúl González Fabre es venezolano desde 1982 aun cuando actualmente reside en Madrid.

Comillas es su universidad actual; trabaja en la Escuela de Empresariales o Administración. Da clases de ética y microeconomía.

Luego de hablar sobre filosofía moral (“lo que hacemos es nuestra decisión, no nuestro programa”) y el problema de las instituciones en Venezuela, se le pregunta si guarda esperanzas sobre el futuro inmediato de este país. Dice:

Usted no puede construir un país cuando tiene a cincuenta por ciento en contra.

Ve la realidad como dos grandes partidos: el chavismo, que más o menos representaría la centro-izquierda, y la oposición, aglutinada en una coalición que podría llamarse de centro-derecha. Teóricamente, como en cualquier país donde funciona la democracia, cualquiera de los dos puede ganar las elecciones. Se entiende: en cualquier país donde el sistema se renueva pues los errores del partido A se pueden enmendar no tumbando el sistema sino eligiendo al partido B. Y viceversa. Venezuela no tiene por qué ser una sociedad fracasada; si lo es, será por el empeño de quien está en el poder de jamás perderlo. La única forma de mantenerse eternamente en el poder es una dictadura, porque inevitablemente el ejercicio del poder desgasta, y la gente en un momento dado querrá elegir el partido B, y si no lo dejas, el resultado será un país dividido en dos.

Advierte:

Lo curioso  es que un país dividido en dos resulta poco potente. ¿Qué es el jinete? El jinete es el caballo que lleve abajo. Si es un caballo medio muerto, en conflicto o una mitad de ese caballo le está pegando palos a la otra mitad, no hay producción ni riqueza ni poder en las riendas del jinete.

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 González Fabre es experto en responsabilidad social de la empresa, su tema en la cátedra Ética Económica y Empresarial de la Universidad de Comillas:

Ética Económica y Empresarial existe fundamentalmente para dialogar con la empresa.

O sea, esa cátedra no es solo una herramienta pedagógica de cara a los jóvenes estudiantes sino una forma de dialogar con el empresariado madrileño, “que es donde nos movemos”. Y es que la responsabilidad social consiste en una manera de ganar dinero, no de gastarlo. Pero ganarlo dentro de ciertos parámetros éticos.

La responsabilidad social comenzó en Estados Unidos como una forma de filantropía corporativa: las empresas, según el concepto primigenio, ganan el dinero como lo ganan y luego lo gastan en parte para hacer el bien. El hermano Raúl pone como ejemplo a Microsoft, pues su fundación gasta 30 mil millones de dólares en su lucha contra la malaria: es una parte del dinero ganado que le devuelve a la sociedad. Pero la idea que se maneja en Comillas va más allá. Recalca:

La responsabilidad social se conoce en la forma en que ganas el dinero, curiosamente no tanto en la forma en que lo gastas.

La gente suele privilegiar las apariencias, y eso es peligroso para la verdadera responsabilidad empresarial. A esto, el hermano Raúl argumenta:

Solo puedes mantener las apariencias consistentemente si detrás hay una verdad. A las personas les fascina la imagen, y en el corto plazo producen un efecto; pero rápidamente, a pesar de las imágenes, descifran la verdad. Y esto ha pasado claramente con los políticos en España. El común de la gente piensa que lo que dicen los políticos, lo dicen no porque lo creen sino porque en este momento es lo que conviene. Claro, las circunstancias cambian tan de prisa que lo que conviene decir hoy y lo que conviene decir dentro de tres meses es distinto. Entonces el político va cambiando y la gente descifra que su palabra es, en realidad, mentira.

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Llegó a Venezuela por primera vez en 1982, siendo adolescente.

No he visto más que crisis. La Venezuela saudita no la vi, sino su final. Me pregunto por la gente que nació en esa época. Es gente que desde que nació solo ha visto un país en crisis.

La inseguridad, igual que aumenta, puede disminuir. En verdad, en Venezuela son tomadas por normales muchas cosas que no lo son: como que medio país esté contra el otro medio. Pobres y ricos hay en todas partes, y en todas partes los grandes partidos tienden a ser integradores, tratando de usar la fuerza de los ricos para sacar a los pobres de la pobreza, y convertir a ese segmento a la modernidad de modo que pueda ganarse la vida de manera sana en una economía igualmente moderna.

González Fabre ha estudiado los valores del venezolano. Y su análisis es que en este momento de Venezuela se intenta toda posible respuesta sobre qué es lo mejor en los modos de vida:

Todo el tema es quién tiene éxito y quién no. Son las condiciones de éxito lo que condiciona que domine una forma de hacer u otra, pero no la capacidad de la gente. En este momento todas las respuestas a qué modo de vida debemos adoptar están ahí, y lo ves en las calles: hay quien se salta los semáforos, pero hay quien los respeta; hay el motorizado que cumple las reglas y el que se atraviesa. Hay todas las posibilidades. Entonces las instituciones son muy importantes, porque reparten los premios y los castigos.

♦ Sebastián de la Nuez