Hambre

Hambre

Manuel Llorens

 

El destino guía a quien se somete,

 al que no, lo arrastra.

Séneca

 

Las enormes colas para comprar comida han traído al país una experiencia distinta a cualquier otro padecer entre los tantos que hemos tenido que soportar. El Gobierno hace esfuerzos para evitar que se fotografíe este nuevo sometimiento. Los rostros patibularios que aguardan con una cesta de productos en los mercados y farmacias tienen algo de sombrío y de horror contenido. La gente se pregunta si en algún momento las colas van a degenerar en protestas. “Frente a la barbarie”, escribe Igor Barreto:

hay

un cierto aire de cordura

que es verdaderamente

repugnante.

Dice una leyenda hindú que un demonio terrible y audaz, que se había hecho con el poder de otros dioses, se atrevió a exigirle al dios Shiva que entregara a su diosa Pravarti. Shiva respondió abriendo su tercer ojo para engendrar un demonio aún más poderososo que atemorizó al primero. Su cualidad primordial era una cabeza de león y un hambre voraz. El demonio original, viéndose superado en fuerza, le pidió amparo a Shiva, quien en su misericordia se lo concedió.

Eso dejó al nuevo demonio solo con su hambre. “¿Qué hago para calmarla?”, le preguntó a Shiva y este respondió: “Cómete a ti mismo”. Tan pronto escuchó la sugerencia, se lanzó a tragarse, comenzando por los pies, subiendo al tronco hasta que solo quedó la cabeza flotando en el aire. La imagen de la cabeza flotante cautivó a Shiva, pensó que era la representación de la vida, esa cosa monstruosa que se devora a sí-misma. Llamó al rostro Kirttimukha y lo colocó en la puerta de todos sus templos. Atravesar los enigmas que posa este demonio hambriento es un requisito para acceder a la reflexión.[1]

Con cada vez más frecuencia escuchamos que algún camión que transporta comida tiene un accidente en la carretera y la gente se detiene no a ayudar al chofer herido, sino a saquear los bienes derramados.

En el poemario antes citado, titulado El duelo, Barreto desarrolla el robo y asesinato de un caballo de raza para ser devorado por sus ladrones. El episodio evoca la voracidad del hambriento, el imperio de la acción sobre la reflexión. La destrucción grotesca de un animal hermoso por un acto aún más animal. El poemario termina con un texto terrible titulado “Hambre”:

Devoración, devoración

no importa cuánto

y cómo.

Dicen los especialistas que el Gobierno, en su empeño por conservar el poder, desatiende todas las recomendaciones para enmendar el fracaso económico, lo que empuja al país a una profundización de la escasez de medicinas y comida que ya está cobrando las vidas de los más vulnerables. Las consecuencia de la expropiación, persecución de las empresas privadas y caída de la capacidad de importación están a la vista. La escasez ha invadido nuestra cotidianidad y nuestra cordura.

Nos la estamos viendo de frente con el hambre, por más que se escondan las estadísticas y se persiga a los fotógrafos. Su verdad, si no la atendemos, nos arrastrará.

 

[1] Campbell, J. (1972). Myths to Live By. Nueva York: Bantam Books.