La vida de un artista distraído

El director del Teatro UCAB comparte sus anécdotas a lo largo de su vida, desde sus inicios en las Escuelas de Educación y Comunicación Social, hasta su experiencia en las tablas como director, actor y músico, tras su incorporación al teatro. Además habla de sus fortalezas, sentimientos y lo que le apasiona, así como lo que espera hacer dentro de cinco años

La vida de un artista distraído

Nicolás Barreto Rangel, de 41 años, es el director del Teatro UCAB desde el año 2011. En líneas generales, es todo un personaje, una persona muy instruida que suele emplear muchas citas de famosos y estudiosos, desde Aristóteles hasta Gabriel García Márquez, pasando por Antonin Artaud y Federico García Lorca; durante este vaivén, Barreto suele dispersarse entre pregunta y respuesta, pero al final vuelve respondiendo con mucha creatividad y positivismo.

Nicolás Barreto es egresado de nuestra casa de estudios como licenciado en Educación, mención Ciencias Pedagógicas, ya que dice tener una vocación para la docencia por parte de su familia. Durante su estadía en el cuarto año de la carrera decidió incursionar en el mundo de las comunicaciones, por lo que se inscribió en la Escuela de Comunicación Social, graduándose en la mención de audiovisual.

Para finales del año 1997, y de manera paralela a sus dos carreras, decidió superar el miedo escénico y se inscribió en el Teatro UCAB. Durante ese período no tenía mucho tiempo libre, ya que las dos carreras y el teatro abarcaban todo. Una frase que aprendió fue: “Hago teatro y en mis ratos libres hago lo demás”. El teatro lo describe como la segunda carrera más estresante: el hecho de estar pendiente del equipo, de las personas, de cada detalle y el saber que la pieza nunca va a estar lista, porque el hecho artístico siempre le va a faltar algo, esto le genera estrés, pero también mucha satisfacción. Dice no manejar el estrés, pero le agrada sentir siempre esa presión encima.

Barreto desde muy joven ha tenido una vena artística. En su infancia estudió música, participó en el Sistema Nacional de Orquestas, se inscribió en el Conservatorio de Música Simón Bolívar, en Caracas, donde aprendió a tocar violín y piano. Hoy por hoy le fascina la música y en muchas piezas teatrales ha sido el encargado de la parte musical.

Se describe como una persona muy tímida, ya que no se atrevía a hacer teatro y a hablar en público. Además, dice siempre estar buscando razones, preguntas y, a través del arte, formar personas y ayudar al otro. Crear cosas como la música, el teatro y el contacto con los demás, pero siempre teniendo una actitud de aprendiz inquieto. Comenta que, gracias al teatro, descubrió de manera accidental cómo mezclar la comunicación social con la educación y el arte.

Desde ese momento nadie me sacó del sótano del módulo cuatro.

En cuanto a sus fortalezas reconoce tener mucha empatía con las personas, ese carisma que hace que los demás le hagan caso. Es buen investigador, amante de la buena lectura y le gusta estudiar para luego aplicarlo en sí mismo y después enseñar a los demás. En cuanto a debilidades, advierte que es muy disperso, aunque lo ha aprendido a controlar, pero que siempre será extremadamente quisquilloso.

Cuando se le pregunta por su sensación al pararse en un escenario, se ríe y la describe de una manera simple: mucho miedo, pero acota que este nerviosismo es bueno ya que hace que se rete a sí mismo. Recomienda siempre sentir miedo, pero no demostrarlo. Además dice:

Mis mejores actuaciones son cuando oculto mi miedo.

Es bien sabido que todo artista está propenso a recibir críticas, Barreto reconoce que las escucha, pero que no siempre las sigue, ya que dice que no son buenas consejeras.

Hay que tomarlas en cuenta, pero no deben ser el objetivo.

Es actor, director y músico, pero si le dieran a escoger entre alguna de sus tres facetas, reconoce que elegiría a la que le proporcione mayor proceso creativo, ya que la creación es su verdadera pasión. Y si le dieran la oportunidad de empezar de nuevo, escogería ser carpintero, a pesar de que nunca ha practicado ni siquiera el bricolaje, le agrada la idea por el simple hecho de poder crear algo que le sirva a cualquier persona.

En cuanto a la obras de teatro, le gusta que siempre generen una reflexión, que señalen o denuncien algo. Últimamente ha estado muy involucrado en el teatro infantil, la comedia se le da muy bien, pero el drama le apasiona. Con respecto al teatro venezolano, reconoce que ha tenido cosas positivas, entre las cuales destaca el crecimiento de montajes de piezas teatrales, así como el de las salas de teatro, pero que también ha bajado la calidad. Esto se lo adjudica al cierre de medios de comunicación, ya que muchos actores han recurrido al teatro comercial para poder seguir facturando, por lo que agrega:

Me gustaría ver un teatro más comprometido con el arte que con la taquilla.

Actualmente está concentrado en su esposa, Adriana Puleo, a quien conoció en el Teatro UCAB y con la cual tiene un hijo de ocho años que, comenta Barreto, nació con esa vena artística y ya ha participado en varios talleres infantiles de nuestra casa de estudios, y ha recreado, junto al grupo de Teatro UCAB, Las brujas de Salem, del escritor Arthur Miller. En cinco años, Barreto se ve creando, de seguro vinculado al teatro, quizá desde la dirección o la actuación. Además, reconoce que le gustaría probar suerte dirigiendo algo en la pantalla grande y acota que la pantalla chica no es un objetivo por los momentos.

 

VIRGINIA APONTE

Para marzo de 2016 se planeó una exposición conmemorativa por los cuarenta años del Teatro UCAB. En Facebook se estuvo realizando una pequeña campaña que se denominó Yo pasé por el Teatro UCAB, con el fin de agradecer a Virginia Aponte, directora de la institución teatral por más de treinta años, por tantas enseñanzas y tiempo de dedicación, además de ser una profesora muy querida por todos los que han tenido la oportunidad de pasar por las filas del Teatro UCAB. El hashtag más empleado durante la iniciativa fue: #GraciasVirgi.

♦ Luis E. Martínez