Si no se sonríe, no se vive

Si no se sonríe, no se vive

Un pueblito conocido como Yaguaraparo, en el estado Sucre, vio nacer hace 47 años a Mileydis Martínez, una mujer determinada, fuerte y que, como dice ella, “en ningún caso” se deja vencer. Ella lleva laborando catorce años en nuestra casa de estudios, pero recuerda  que su primer día fue el 1 de octubre de 2001, en el departamento de Tecnología y Sistema; posteriormente, a los dos años, pasó a la Escuela de Ingeniería en Telecomunicaciones, en donde se desempeña como secretaria de escuela. Sus días en su trabajo los cataloga como excelentes, buenos y dinámicos, ya que su entorno está rodeado de jóvenes que hacen que ella se sienta viva y activa.

La familia de Mileydis decidió venirse a Caracas cuando ella cumplió los 3 meses. En este entonces, ella residía en la Parroquia 23 de Enero y, actualmente, vive en Caricuao junto a su esposo, William Pichardo, y su hijo de 29 años. Tiene siete hermanos (seis hembras y dos varones) y destaca que el mayor es, prácticamente, su segundo papá.

En su vida ha habido buenos y malos momentos que la han marcado, tal fue el caso de la muerte de su padre a los 81 años, producto de un infarto y, por otro lado, recuerda con especial cariño su proceso de embarazo, ya que no tuvo barriga, ni antojos, ni dolores, y el día de su parto, le preguntaron si podía ayudar a atender a las otras embarazadas. Pasadas las horas, su doctora le preguntó si estaba dilatando y mandan a buscar la anestesia, pero ya había dado a luz. “Llegó mi hijo antes que la inyectadora con la anestesia”.

Mileydis comenta que su cara lo refleja todo, ya que se considera una persona analítica, que sonríe mucho porque piensa: “Si no sonrío, no vivo”. Además es trabajadora y, como buena oriental, es fiel a la Virgen del Valle.

En su tiempo libre le gusta hacer manualidades, vender y hacer publicidad a los productos. Sus compañeros le expresan que debería estar en la Dirección de Mercadeo. Entre sus frases célebres están: “En ningún caso”, cuando algo no le parece, y “es triste tu caso”, cuando las personas no siguieron las normas. Ella comenta que la universidad es acogedora y que no le gustaría irse de ella, ya que conocer a todos en la universidad y que los estudiantes vengan y te recuerden, hacen sus días amenos. “No quiero mi jubilación, ahí sí digo: ‘en ningún caso’”.

♦ LEM