El más puro reflejo de la tragedia

El escritor y profesor José Manuel Peláez asistió a la Semana de las Letras y conversó sobre la obra y el humanismo de William Shakespeare

El más puro reflejo de la tragedia

Este 26 de abril el profesor José Manuel Peláez fue recibido a sala llena en el Centro Cultural Padre Guillermo Plaza para conversar sobre el humanismo y la obra de William Shakespeare en el marco de la Semana de las Letras.

El también escritor realizó una breve síntesis histórica del pensamiento humanista que, según afirma, ha tenido diversas formas y expresiones pero que ha representado siempre una “preocupación por el ser humano”.

Asimismo, sostiene que el desarrollo del hombre tuvo su punto mas álgido durante el renacimiento que, considera, ha sido el fenómeno cultural más importante de la historia, ya que significó un gran proyecto de vida unitaria y armónica. Citando a John Milton, comenta que durante este período “el corazón del hombre fue el campo de batalla entre Dios y Lucifer”. De este modo, y partiendo de la premisa de que el mundo jamás será como queramos que sea, expone que este dilema tuvo dos grandes formas de canalizarse: la tragedia y la comedia.

La forma humorística más importante de expresar el conflicto, explica el catedrático, fue mediante el genio de Cervantes y su inmortal hidalgo Don Quijote de la Mancha. Luego, mediante la tragedia, el conflicto encuentra el más puro reflejo en la obra del escritor en torno al cual se desarrolló este conversatorio: William Shakespeare.

La tragedia Shakesperiana, apunta Peláez, se fundamenta en el encuentro del hombre con un entorno que no le place, y el afán por querer hacer un mundo a su medida conlleva a la catástrofe. A esta actitud la catalogó como cráter narciso y explica que el narcisismo en los personajes es un tema recurrente en la obra del dramaturgo inglés.

El profesor concluye que no hemos concretado el proyecto maravilloso que nos permitía vivir armónicamente, pero Shakespeare nos resalta la tragedia que ello implica y Cervantes, por otro lado, nos invita a aprender de eso y aceptarnos como sujetos falibles. Finalmente enfatiza que, sea como sea, por un lado o por otro, tenemos que aprender a nadar en esta marea complicada.

♦ Juan Pablo Arráez