La comunicación bajo asedio

La comunicación bajo asedio
El proceso político, social y económico que vive nuestro país desde hace 17 años, implicó no sólo  un cambio en la vida política de los venezolanos, sino un proceso de modificación dentro de las estructuras que sostenían a la sociedad venezolana. La llegada al poder del Presidente Hugo Chávez en 1999, cuyo mandato se prolongó desde finales del siglo XX hasta el año 2013 y cuya gestión ha sido continuada por el actual Presidente Nicolás Maduro, se proclamó desde sus inicios como un proceso revolucionario que iba a trastocar  radicalmente a nuestro nación hasta sus mismos cimientos, anulando las diversas instituciones que hacían vida en el país para así crear una nueva realidad social.
Si bien toda revolución tiene como objetivo anular las instituciones vigentes para reemplazar por las otras, las revolucionarias, las que crean un nuevo orden social, en el caso venezolano se dio una particularidad: no se destruyó las instituciones para sólo reemplazarlas por otras, las revolucionarias,  sino que se destruyeron para que no existiese ninguna. De esta forma se convertiría a Venezuela en una sociedad de masas, que sin instituciones, el rasgo dominante de sus individuos sería su aislamiento y su falta de relaciones sociales más allá de las que el Estado Revolucionario, encarnado en un caudillo carismático, les podía dotar.
En este contexto de sujetos atomizados y subordinados al poder del Estado Central, la nueva élite política del país no aspiraba únicamente a acaparar el poder político y económico de la nación, sino también toda fuente de inteligibilidad social, es decir, todo elemento que permitiese al venezolano analizar e interpretar la realidad más allá de su mundo cotidiano. La Revolución Bolivariana aspiraba a moldear el imaginario colectivo y hasta individual de la población, vaciando de contenidos interpretativos a la sociedad venezolana y difundiendo la ideología de la clase política dominante. Con esta ambición entraría en conflicto con los diferentes medios de comunicación que hacían vida en nuestro país.
Al ser los medios de comunicación una de las pocas instituciones que habían resistido el embate de la Revolución Bolivariana y que conservaban una alta confiabilidad en el imaginario nacional, se convirtieron de facto en el único contrapeso al poder del Estado Central, en una realidad política donde los partidos democráticos se encontraban sustancialmente debilitados. Este poder de contrapeso político contra el Gobierno quedó en evidencia en los acontecimientos de los años 2002 y 2003, en donde los medios fueron vitales para el efímero derrocamiento del Presidente Hugo Chávez y las intentonas subversivas que vivó el país durante esos dos años. El Gobierno bolivariano asumió desde entonces un papel activo en el mundo de las comunicaciones dentro de nuestras fronteras.
Ese nuevo papel no se limitó a tan sólo crear un armazón jurídico de leyes que restringió la libertad de expresión y comunicación en el país. El Estado Central se propuso construir una enorme y extendida  plataforma de medios de comunicación, no bajo el enfoque de servicio público, sino como vector de confrontación y anulación de los medios de comunicación autónomos, al igual que como instrumento de adoctrinamiento ideológico. El Estado venezolano ya no sólo acapararía el poder político y la producción de riqueza en el país, sino que aspiraba a ser la fuente hegemónica de interpretación de la realidad de Venezuela, un Estado Comunicador. Bajo la trinidad Gobierno-Partido-Líder, se  lanzó no sólo a abolir la libertad de expresión en nuestro país, sino monopolizar toda fuente de información de la sociedad venezolana que permitiera a los individuos debatir en el espacio público.
Y aquí entra el presente texto, completamente coherente su título con lo que se ha hablado anteriormente, La Comunicación bajo asedio. Balance de 17 años, un riguroso y completo análisis de más de tres lustros de política comunicacional en el país elaborado por los mejores especialistas en comunicación dentro de las fronteras venezolanas. Por un lado, es un largo conjunto de ensayos de férrea calidad académica, sustentados en hechos, datos y documentos oficiales, que permiten analizar de manera enérgica la situación comunicacional del país desde 1999 hasta el año de publicación, combinando hechos objetivos con reflexiones teóricas. Por otro lado, es en cierta forma una larga crónica de 17 años de políticas públicas de comunicación originadas desde el centro del Estado venezolano, el relato histórico de una época en que una élite política en el siglo XXI trata de concretar la mayor aspiración de los Totalitarismo del Siglo XXI: monopolizar eficazmente el sentido de la realidad de los individuos que hacen vida en sociedad.
Más de quinientas páginas de datos, reflexiones, hechos e interpretaciones, convierten al presente texto en lectura obligada no sólo para entender el presente y pasado inmediato de las comunicaciones en Venezuela, sino un obligado instrumento para interpretar a futuro el porvenir de la libertad de expresión en nuestro país.
LA COMUNICACIÓN BAJO ASEDIO. Balance de 17 años
Marcelino Bisbal (editor-compilador)
AB ucab ediciones. Colección Visión Venezuela
Venezuela, 2016