Un viacrucis por la libertad. La historia del ucabista Ricardo Padilla

El estudiante de ingeniería de 23 años fue liberado este viernes 05 de mayo, luego de pasar 29 días arrestado por manifestar. El Ucabista conversó con su hermana, quien compartió la historia de su detención arbitraria y de todo lo que el joven y su familia vivieron durante su mes de cautiverio

Un viacrucis por la libertad. La historia del ucabista Ricardo Padilla

Venezuela atraviesa por una etapa de violencia estatal que recrudece día a día. La represión es el plato fuerte, sobre todo cuando la oposición venezolana convoca una manifestación.

Después de un mes de protesta continua. varias ONG de derechos humanos reportan más de 1.700 detenciones arbitrarias. Para las víctimas, el arresto es solo el comienzo de un viacrucis por el que tienen que pasar junto a sus seres queridos. Ricardo Padilla, de 23 años, y su familia lo vivieron en carne propia.

Ricardo estudia octavo semestre de Ingeniería Civil en la UCAB. Junto a su amigo Mattew Rubio, también de 23 años, decidió ejercer su derecho a la protesta pacífica el jueves 06 de abril.

Según relata su hermana, Roxana Padilla, eran las 3:00 pm y la marcha avanzaba, pero también la represión por parte de los órganos de seguridad del Estado. Los ojos, la nariz y otras partes del cuerpo de los jóvenes habían comenzado a sufrir por las bombas lacrimógenas y al sentirse afectados decidieron irse a sus casas.

Cruzaron por uno de los puentes de servicio  que atraviesa el  Río Guaire. Decidieron caminar  hacia Plaza Venezuela, donde ya no quedaban manifestantes. A lo lejos pudieron ver un piquete de la Guardia Nacional Bolivariana y pensaron acercarse y atravesarlo para cortar camino y llegar a sus casas.

Ni Ricardo ni su amigo tenían una camisa de partido, ni simbología alusiva a la oposición; a ambos quizás solo se les notaban sus ganas de construir un país mejor por  el rostro enrojecido y el sudor de la caminata.

Aproximadamente a las 3:45 pm, a la altura de la avenida Las Acacias (conocida como "calle de los hoteles")  comenzaría el viacrucis. Al pasar junto al piquete ("ellos solicitaron permiso y los funcionarios los dejaron pasar sin problema porque allí ya no había marcha", cuenta la hermana) los mismos efectivos de la GNB que les dieron paso rodean a los jóvenes y les exigen sus celulares. Ellos acceden y se los entregan. Los funcionarios no parecen satisfechos. Los requisan. Descubren que estuvieron en la marcha. Un funcionario comenta: “Ya el procedimiento se activó”. Se los llevan detenidos en un camión.

LOS GOLPES DEL HELICOIDE

Al caer la tarde del 06 de abril, a Ricardo y su amigo los llevan a la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en el Helicoide. Les cubren las caras. Los bajan a los calabozos. Ricardo siente un olor putrefacto. No hay casi luz pero hay cucarachas, chiripas y ratas. Además de él, se encuentran unas 25 personas, algunas detenidas desde el 04 de abril.

Pasados unos minutos, funcionarios regresan al calabozo y se llevan a varios jóvenes. Entre ellos están Padilla y su amigo. Lo pusieron de rodillas con la cara tapada. "Le propinaron varios golpes en el cuerpo. No le tocaron la cara. Y aunque los moretones y dolores le duraron cuatro días, otros jóvenes no corrieron con esta suerte. Ricardo nos dice que los desnudaron y torturaron con electricidad", advierte su hermana Roxana, también abogada de la UCAB.

Luego de los maltratos, trasladan a Ricardo a un cuarto, donde es interrogado. Le exigen las claves de sus redes sociales: Instagram, Facebook, Twitter. Los funcionarios comienzan a amenazar y extorsionarle. Después del terror psicológico, lo devuelven al calabozo.

Avanza la noche. Son aproximadamente las dos de la madrugada del 07 de abril. Todo está oscuro y en silencio. Padilla se encuentra desorientado. Los funcionarios les dicen que los van a trasladar. "Ricardo es un muchacho inocente y creyó  que lo dejarían libre y podría reunirse con su familia y amigos" comenta su hermana. La realidad sería otra.

Les cubren la cara a Ricardo y a los demás jóvenes. Los montan en otro camión. Empiezan a sentir cómo avanzan. En un punto el vehículo se detiene durante una hora. Ninguno sabe dónde está ni cuál será su destino. Ricardo y sus compañeros solo escuchan a un funcionario que grita: “Échenles gas del bueno a los estudiantes”. Al final la amenaza no se concreta, pero el susto en el cuerpo queda grabado.

EL PEQUEÑO CUARTO EN EL CICPC

Después del largo -quizá eterno- trayecto, a los muchachos los dejan en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) de la avenida Urdaneta.

Desde su arribo, Ricardo es esposado a Mathew y a ambos los ingresan a un cuarto pequeño. No tiene puertas ni ventanas. Hay 11 personas más. La mayoría  estudiantes y uno que otro profesional.

Al fin llega la familia de Padilla para visitarlo. La primera en abrazarlo es su madre, María Encarnación Padilla, de 59 años. "Mi hermano no es alguien emocional, pero no pudo evitar ponerse a llorar. Le dijo a mi mamá 'Soy inocente. Te juro que no he hecho nada malo'".

La primera visita culmina. Le dejan ropa y comida.  La detención y el viacrucis continúan. Por cuatro noches, Ricardo duerme en el suelo hasta que le llevan una colchoneta.

Durante los días siguientes la rutina en el centro de reclusión es la misma. Esposado a su compañero, solo tiene dos oportunidades en el día para ir al baño y debe hacerlo junto a su amigo.  Para ducharse, debe hacerlo junto a 5 personas más.

El horario de comida es estricto: de 6 a 7 de la mañana; de 1 a 2 de la tarde y de 6 a 7 de la noche. Para comer, los familiares deben llevarle alimento. Pero si llegan un minuto tarde, no los dejan entrar.

A medida que pasan los días, su familia empieza a ver que a Ricardo el encierro -y sobre todo el saber que no ha cometido ningún crimen- lo va desgastando física y mentalmente. "El siempre ha sido delgado. Pesa como 50 kilos, pero se veía cansado, ojeroso".  Aunque siempre lleva el pelo corto y la cara afeitada, su cabello castaño crece, al igual que su barba. Su tez blanca, se torna más blanca.  "Algunos días amaneces feliz y otros no tanto. Cada vez que hay un día de protesta, los calabozos del CICPC se llenan de rostros jóvenes", le confiesa Ricardo a Roxana.

"En uno de los tantos días de visita, un oficial del cuerpo de seguridad de la Urdaneta se acercó a mi mamá y le dijo: 'Tranquila, señora. Nosotros sabemos que ellos no son delincuentes'". Las palabras sirven como un suspiro de esperanza y un llamado a que deben seguir luchando por la libertad del joven.

 ROGANDO PORQUE APAREZCA UN JUEZ

En esta historia, la burocracia judicial juega  un papel importante. Cuando a Ricardo lo presentaron en audiencia frente al Tribunal 23 de control de Caracas el sábado 08 de abril, su hemana cuenta que se sentía tranquilo. "A fin de cuentas, solo estoy protestando"  habrá pensado el muchacho.

"En el caso no había evidencias que lo inculparan. No le sembraron armas ni  pruebas falsas. Solo las fotos de la concentración en la que había estado defendiendo sus derechos. Las únicas cosas que cargaba encima son cuadernos, escuadras, tickets del Metro, una calculadora y el celular que los funcionarios le quitaron. Nada más".

En la audiencia le imputan alteración del orden público y la juez decide otorgarle medida sustitutiva de libertad con presentación cada 15 días,  siempre y cuando consiga dos fiadores.

Se acerca Semana Santa y le exigen a la familia carta de buena conducta y constancia de residencia emitida por una alcaldía. Parece fácil y sin contratiempo. De repente, y en cadena nacional, el presidente Maduro decreta feriada toda la semana para los trabajadores de la administración pública. Un obstáculo más.

Por suerte para Ricardo,  su hermana consigue contactar a una amiga en la Alcaldía de Baruta, quien le presta el servicio necesario.

Pasan ocho días. El lunes 17 de abril, después de la Semana Mayor, los familiares de Ricardo acuden al juzgado a consignar la documentación. Sienten alegría y esperanza de que el muchacho esté un paso más cerca de la libertad. Nuevamente, se equivocan. Al llegar al Palacio de Justicia se consiguen con un tribunal cerrado. No hay secretaria que los reciba. Tampoco hay juez. Se rumora que la jueza renunció o fue destituida.

"Durante este proceso recibimos toda la ayuda de las abogadas  María Fernanda y Mariana Ortega, del Foro Penal Venezolano, con quienes estuvimos siempre en comunicación. Con ellas conseguimos la documentación de los fiadores. Pero mientras no había juez nada podíamos hacer".  Mientras tanto, Ricardo continúa esposado a su amigo en un cuarto en el CICPC.

EL ALIVIO DE LA LIBERTAD

El martes 02 de mayo la jueza del tribunal regresa. Es la misma que se había rumorado renunció: Eiling Valdez.  Pero en esta carrera de obstáculos se suma uno más: la verificación de los fiadores. Los funcionarios del juzgado asoman que el  proceso es lento y demora de 20 a 25 días.

Sin embargo, solo pasan tres días y el viernes 05 de mayo a las 2:00 pm finalmente llega la buena noticia. El tribunal firma la orden de excarcelación y el alguacil la entregó en la sede del CICPC. A Ricardo le quitan las esposas y vuelve a la calle. "Ya Ricardo está con nosotros" escribe su hermana en un mensaje de Whatsapp mientras la alegría y el alivio vuelve a la familia.

Sin embargo, Roxana nunca podrá olvidar que su hermano es un estudiante, tiene 19 años y estuvo casi un mes injustamente preso solo por manifestar.

"Ricardo no es un alumno de 20 puntos, pero se preocupa por cumplir con todas sus asignaturas y sueña con graduarse. Mientras estuvo detenido siempre nos preguntaba por sus clases, por los profesores. No quiere perder el semestre y quiere pasar la página, volver a su vida normal, esa de levantarse temprano, agarrar el Metro y bajarse en la estación de Antímano para llegar a su segunda casa: la UCAB. Eso sí, sé que también quiere construir un mejor país".

HISTORIA DE UNA FAMILIA UNIDA

Ricardo es el menor de tres hijos.  Su hermana lo describe como un poco introvertido. "Es callado y tranquilo. Muy centrado en las cosas que quiere. No fuma, no tiene malos hábitos. Le apasionan los deportes, en especial el fútbol. Le gustan los videojuegos. Si no se reúne con sus amigos, casi siempre está estudiando o leyendo".

La familia Padilla reside en la avenida San Martín. Su apartamento lo ocupan cinco personas. Antes eran seis pero el hijo mayor, Jesús Padilla, de 27 años, se fue del país.

María Encarnación Padilla, de 59 años, es la madre de Ricardo.  Jesús Padilla, de 62 años, es el padre. Es hipertenso.

Roxana Patricia Padilla es abogada egresada de esta casa de estudios.  Desde la detención, todos los días acudió al Palacio de Justicia para saber novedades de su hermano.

Por último está la abuela, la señora María Bello. Tiene siete nietos, pero en el país solo le quedan dos: Ricardo y su hermana. Los otros emigraron. El lunes 01 de mayo cumplió 100 años y el único que no pudo decirle “Feliz cumpleaños" fue el estudiante de la UCAB. A pesar de eso, la señora María afirma sin titubear:  “Mi nieto es mi orgullo. Fue detenido por ser inocente”.

♦Luis E. Martínez

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