Para Ely Espinoza, la vida está llena de colores

Nació con una discapacidad visual pero nunca ha dejado de realizar las actividades propias de una muchacha de su edad. A sus 18 años, esta alumna de psicología de la UCAB canta, baila, estudia piano y le gusta "rumbear". Quiere inspirar a otros jóvenes porque "los límites se los pone uno"

Para Ely Espinoza, la vida está llena de colores

Ely Clareth Espinoza es una estudiante de primer semestre de Psicología que, con su carisma y amabilidad, ha cautivado a más de un ucabista. Esta joven invidente se ganó el cariño de sus compañeros, quienes desde el primer día le han ofrecido su ayuda.

Estudió en la Casa Hogar Niñas Ciegas, ubicada en El Junquito, desde muy pequeña hasta que se graduó de bachiller.  En marzo ingresó a la UCAB y a pesar de su discapacidad visual -condición con la que ha vivido desde su nacimiento- Ely le sonríe a la vida y siempre busca mostrarse como es. 

 Se describe como una persona soñadora, romántica y luchadora. Entre sus hobbies está cocinar, salir con sus amigos, escuchar los partidos de futbol y bailar. Disfruta mucho del teatro y le encanta “rumbear e ir a la playa”.

Además, actualmente está aprendiendo a tocar el piano y asiste a la academia de canto Cantaresfácil.com. “Nunca me enteré del festival de la Voz Ucabista, porque me hubiera gustado participar. El próximo año me inscribo”,  señala.

Para esta caraqueña de 18 años el cielo es el límite. Y como hija única, agradece todo el respaldo y enseñanzas que le han dado sus padres, pues admite que si no fuese por ellos ella no sería tan fuerte como lo es hoy.

“Mi familia ha sido un apoyo esencial en mi vida y en mis estudios. Mis padres siempre me han inculcado que no hay límites y que los barreras se las pone uno. Hay límites sociales, claro está, pero los límites mentales se los pone uno”, es lo primero que dice.

Acá su historia.

¿Por qué decidiste estudiar psicología?

“Porque el comportamiento  humano es súper interesante. Siempre me llamó la atención la forma en que la gente hacía las cosas y el por qué, qué motiva a las personas a actuar de una manera u otra”

¿Cómo ha sido tu proceso de adaptación a la universidad?

“Aquí he tenido compañeros muy buenos que me han apoyado porque el cambio del liceo a la universidad es muy fuerte. Pero mis compañeros han sido una pieza clave en todo este cambio”.

¿Cómo fue tu primer día de clases?

“El primer día al llegar acá estaba súper nerviosa, empezando por la confusión de salones, pero al poco tiempo descubrí que aquí siempre hay alguien dispuesto a ayudar, aquí nunca estas solo. Le puedes preguntar algo a alguien y pocas personas, en mi caso ninguna, te salen con cosas feas. Aquí todo el mundo me dice: ‘oye ¿qué necesitas?’ o ‘mira, ¿a dónde te llevo?’. Siempre me han tratado como una persona común o como una más. Puede que despierte admiración, sentimiento o sorpresa, pero siempre hay alguien que a pesar de todo te ofrece su ayuda”.

Y en el aula… ¿Cómo son las cosas?

“Al principio sentía temor al rechazo o a lo desconocido,  pero la clave  para mí ha sido ser amable con las personas. Cuando llegas con una sonrisa y una actitud positiva las personas pueden verte de otra manera. Es normal que las personas puedan sentir miedo, pero si no eres amable tendrán más miedo  y no se acercarán. Si tú les demuestras a los demás que eres una más, ellos te van a tratar así. Uno proyecta en los demás lo que es y los demás nos tratan como uno se proyecta”.

¿Cómo son tus métodos de estudio?

“Mi forma de estudio es principalmente con la computadora. Tengo un programa que se llama Jaws (por sus siglas en inglés Job Access With Speech) un lector de pantalla que pasa los textos a audio, lo que me permite utilizar la computadora con normalidad. Pero, por ejemplo, para las materias como psicobiología o neurociencia -en las que se utilizan gráficos o dibujos- pido a mis compañeros que remarquen los dibujos con bordado líquido, porque al secarse adquieren textura y puedo aprenderme las partes que se describen. Otra cosa que es esencial para mí es la grabadora. Grabo todas las clases y cuando llego a mi casa las desgrabo; así no me pierdo ningún detalle. Incluso, en ocasiones pido a las personas que le tomen fotos a sus apuntes cuando no entiendo algo, se me hace muy difícil o dejé mi grabadora. También mi teléfono tiene varios programas para pasar de imágenes a audio. Con la ayuda de la tecnología he podido hacer las cosas con normalidad”.

¿Al salir de la universidad qué te gustaría hacer?

“A mí siempre me ha gustado la psicología penal y saber por qué las personas comenten los delitos. También me gustaría ayudar a las personas inocentes a salir de la cárcel y enseñar lecciones de vida a quienes no han aprendido. Por eso para mí es muy importante esa parte de la psicología penal”.

¿Cuáles son tus sueños?

“Ahorita mí sueño es dictar charlas para ayudar a las chicas con discapacidad visual o cualquier discapacidad a que se atrevan un poco más, a que se atrevan a hacer cosas sencillas y cotidianas como maquillarse, arreglarse. La vida es más bonita cuando la ves desde otro punto de vista y no en el sentido de ‘ay pobrecita yo’. Los demás que vean en mi lo que yo soy, ni más ni menos”.

¿Qué mensaje te gustaría dejar a todas las personas?

“Que una buena autoestima es el arma contra todo. Pueden hablar mal o decir lo que sea, pero si te quieres a ti mismo como eres puedes enfrentar las dificultades. También me gustaría decirles lo importante que es tener principios, valores, estudiar, seguir a delante a pesar de todo. En la vida no todo es gris, siempre hay colores y siempre hay algo que a uno lo incentiva. El punto es encontrar nuestro qué. Lo importante es encontrar nuestro lugar, todos tenemos un lugar en el mundo y es lo que te hará brillar los ojos cuando hables de eso. El punto no es frenarse o caer y quedar en el suelo. El punto es caer y levantarse, de eso se trata la vida”.

♦Texto: María José Rodríguez/Foto: Jesús Fonseca