El virus de la indiferencia

El virus de la indiferencia

Marielba Núñez 

Los derechos de los pueblos indígenas siguen siendo una enorme deuda por pagar para la sociedad venezolana, muy a pesar de los avances en esta materia que reconoció la Constitución de 1999 y de la retórica oficial, que quiere seguir usándolos como bandera propagandística de un proyecto político que hace agua de forma ostentosa.

El artículo 122, que consagra el derecho de las etnias a la salud, figura entre los primeros en la lista de lo que no se cumple, como quedó claramente evidenciado en la serie de reportajes realizados por Minerva Vitti y publicados por el portal de periodismo de investigación, Armandoinfo, que denuncian la indiferencia de las autoridades hacia las alarmantes cifras de casos de Virus de Inmunodeficiencia Humana que se registran entre los warao del Delta del Orinoco. Allí se señala que las viceministras de Salud, Miriam Morales y Claudia Morón, recibieron entre 2012 y 2014 informes que alertaban sobre la magnitud de la epidemia en la zona. Los reportes estaban basados en estudios realizados por científicos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y del Instituto de Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela, que daban cuenta de la alta prevalencia del virus en ocho comunidades, casi el doble de la que se registra en la golpeada África subsahariana.

No es la primera vez que una iniciativa periodística desnuda esta realidad. En 2009, dos estudiantes de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, Isaac Rosanes e Isabella Cooz, presentaron como tesis de grado el reportaje interpretativo «Fantasmas del Orinoco, el sida entre cuerpo y alma». Este texto mostraba ya entonces la negligencia oficial hacia una realidad que ganaba terreno y sobre la cual era indispensable actuar con urgencia hace ya siete años. El trabajo para prevenir la transmisión del virus y para tratar la enfermedad en los casos en que se diagnosticara, requería de los conocimientos de las ciencias médicas y sociales y de sensibilidad para poder caminar de la mano con el modo de vida y las cosmovisión warao, como narraban Rosanes y Cooz en su investigación, una perspectiva que, por cierto, va de la mano con el ya citado artículo 122 de la Carta Magna.

En todo caso, no hay tiempo que perder, pues lo que está en juego es la supervivencia de todo un pueblo, como han advertido con alarma los científicos que se han ocupado del caso. A pesar de la precariedad actual de las condiciones en las que se prestan los servicios de salud en Venezuela, donde la lista de tareas impostergables es enorme, la actuación para tratar de atajar el VIH en el Delta del Orinoco no admite más demoras.

Imagen de Minerva Vitti