Uno de los temas fundamentales de estudio del Derecho Constitucional es el concepto de soberanía popular, el cual pudiéramos entender de forma sencilla como el poder supremo e independiente de dirección política de una sociedad, ya que de su completa conceptualización y materialización se derivan dramáticas consecuencias que van mucho más allá de las ciencias jurídicas, sino que afectan el desarrollo de otros muchos campos de la vida en sociedad.
Esto, que pudiera parecer un tema lejano o estrictamente reservado para el mundo académico, resulta de plena actualidad cuando se observan los hechos ocurridos antes, durante y después de las elecciones regionales del 15 de octubre de 2017, en donde dos visiones claramente antagónicas de lo que significa realmente la soberanía popular se enfrentaron con unos resultados por lo menos inquietantes para todos los venezolanos.
En fecha 12 de agosto de 2017, la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente de forma irregular, puesto que no es un órgano competente para ello, decidió el adelanto de las elecciones de gobernadores para el 15 de octubre de 2017. A pesar que, de acuerdo a la Constitución, tal competencia le es atribuida al Consejo Nacional Electoral.
Luego del proceso de totalización de los votos, el Consejo Nacional Electoral adjudicó y procedió a la proclamación de Juan Pablo Guanipa como Gobernador electo del estado Zulia con el 51,36 % de los votos válidos emitidos lo que se traduce en la cantidad de 700.755 votos.
En este sentido, de acuerdo al artículo 73 de la Constitución del estado Zulia procedía lo siguiente:
“El Gobernador del Estado electo tomará posesión del cargo previo Juramento de Ley ante el Consejo Legislativo del Estado, dentro de los diez (10) días siguientes a la instalación de éste, en el primer año del período constitucional. Si no pudiere hacerlo ante el Consejo Legislativo, lo hará ante la máxima autoridad judicial del Estado en lo Contencioso Administrativo”.
