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Organizarse y persistir recomendaron activistas de DDHH reunidos en la UCAB

Documentar los casos, tejer redes y acompañar a las víctimas son las armas de resistencia que, ante la violación de los derechos humanos, propusieron, este sábado 23 de marzo, los participantes del foro “Cese a la represión en Venezuela”, celebrado en la sede de la UCAB.

La actividad, organizada por la universidad y el Centro Monseñor Arias Blanco, se llevó a cabo en el marco del 39 aniversario del martirio de monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador asesinado el 24 de marzo de 1980.

El panel –moderado por el sacerdote jesuita Alfredo Infante- estuvo conformado por los activistas Carlos Correa (director de la ONG Espacio Público) y Rafael Uzcátegui (coordinador general de PROVEA); el dirigente sindical del sector salud, Pablo Zambrano; la bloguera e infociudadana, Naky Soto; además de dos invitados internacionales: el exembajador de El Salvador en Venezuela, Román Mayorga, y el exguerrillero, Joaquín Villalobos, quienes conocieron a Romero y vivieron de cerca el conflicto armado de los años 70 y 80 en la nación centroamericana.

Durante el discurso de apertura, el rector de la UCAB, Francisco José Virtuoso, resaltó la figura de Romero como un hombre que luchó “con la valentía de sus palabras y el testimonio de su cercanía con las víctimas frente a la represión del poder de las armas”. Apuntó la vigencia de su mensaje en medio de la situación que vive Venezuela.

 “Hoy Venezuela padece una terrible crisis de derechos humanos. El informe emitido recientemente por la señora Bachelet pone en evidencia lo que la población venezolana, a través de sus múltiples protestas, organizaciones, expresiones, participaciones, ha venido gritando al mundo entero y de muchas y variadas maneras.  En este contexto, la palabra y vida de Monseñor Romero deben ser para nosotros inspiración, luz, esperanza y fuente de sentido, frente al poder que se empeña en desconocer la vida, la dignidad, la libertad y la democracia”.

El contexto de Romero y la búsqueda de una solución pacífica

La primera parte del foro estuvo a cargo de Román Mayorga, exembajador de El Salvador en Venezuela y quien fuera rector de la Universidad Católica de Centroamérica (UCA)  durante el tiempo en que monseñor Romero fue arzobispo. 

Mayorga recordó el papel que jugó Romero en el contexto de desigualdad social y represión que atravesó su país en los años 70 y 80. Relató que, aunque “monseñor era un sacerdote conservador”, la persecución y asesinato de miles de civiles por parte de la dictadura militar lo hicieron asumir “la denuncia de las injusticias” hasta el último día de su vida.

Agregó que, en medio de la situación de “preguerra” y enfrentamiento entre distintos sectores que atravesaba El Salvador, Romero siempre insistió en la búsqueda de una solución pacífica a la crisis.

“Él quería algún tipo de negociación, algún tipo de acuerdo que impidiera la guerra civil. Decía que cualquier salida que dejase por fuera a un segmento muy grande de la población no era sostenible, que el país se iba a convertir en ingobernable y que la única manera de evitar esto era a través de una solución negociada. Tuvieron que pasar 12 años de guerra después de su muerte para que eso ocurriera”.

 

El reto en Venezuela: No claudicar

Dando testimonio de la realidad venezolana en materia de DDHH, los activistas Pablo Zambrano, Rafael Uzcátegui, Naky Soto y Carlos Correa coincidieron en la necesidad de actuar con persistencia y en red para enfrentar las amenazas y acciones represivas.

Zambrano puso como ejemplo el sector asistencial. Afirmó que el aparato estatal ha arremetido contra decenas de dirigentes gremiales, por denunciar que la escasez de medicamentos en los hospitales públicos ronda 85% o que menos del 20% de las 45.000 camas habilitadas están disponibles.   

 “Los dirigentes de los trabajadores hemos denunciado para que se corrijan los errores, pero ¿qué ha hecho el gobierno? perseguirnos, criminalizarnos, judicializarnos… En este momento, todos estamos señalados…No solo nos han quitado las reivindicaciones laborales sino que nos han quitado el derecho como trabajadores de salvar vidas, de atender a un paciente con dignidad… Y es cierto que sentimos miedo. Yo siento miedo por mi familia, por mis amigos, por mis compañeros, pero hay que vencer el miedo. No podemos perder la paciencia. Pongamos el corazón, porque todos podemos luchar. Hay que persistir, porque estamos logrando mucho”.

En ese sentido, el coordinador general de PROVEA, Rafael Uzcátegui, señaló que en este momento es imprescindible trabajar organizadamente para vencer lo que llamó tres aristas de la “estrategia autoritaria del gobierno”: la invisibilización del conflicto, el desgaste físico y psicológico de la población y la represión selectiva para inhibir al resto de los ciudadanos.

 “Tenemos que actuar en conjunto, actuar como grupo, seguir fortaleciendo nuestros lazos comunitarios, entender que si el gobierno ataca a un miembro de la sociedad democrática es como si nos están atacando a todos. Hay que salir como enjambre, como fuerzas vivas unidas. Es así es como tenemos que responder porque eso da resultados”.

Precisamente la bloguera Naky Soto dio fe de cómo una red ciudadana activa es fundamental para ayudar a las víctimas a frenar la acción represiva del Estado, a propósito de la gran cantidad de organizaciones y personas que denunciaron la detención arbitraria de su esposo, el periodista Luis Carlos Díaz, y de cómo esa presión logró su liberación.

“No es un asunto personal. Es un asunto de muchos y la primera convocatoria que debe hacer cualquier familiar de una víctima de represión es llamar a muchos, convertir el hecho en la agenda de muchos”.

Apuntó la importancia tener a la mano información sobre las ONG de DDHH para contar con su apoyo calificado.

 “Se requiere de expertos y de allí la importancia de la participación de estas organizaciones, que saben cómo se mueve el sistema de justicia y a qué incentivos responde…Ante tal estado de vulnerabilidad, hay que conocerlas, tenerlas cerca. Mi sugerencia, a razón de esta experiencia, es que escriban su nombre y número en un papel y lo peguen en su nevera, porque no sabemos cuándo las vamos a necesitar”.

 

El director de Espacio Público, Carlos Correa,  afirmó que, ante lo que está ocurriendo en el país, el reto es “hacer memoria, evitar la naturalización de los atropellos y acentuar el acompañamiento a las víctimas.

“Frente a las atrocidades, tenemos que resistir juntos y la manera de resistir es clamando justicia. Porque la búsqueda de la justicia es un motor sustancial para tener la posibilidad de transformarnos en un país donde la dignidad no sea excepcional, donde el atropello no sea la norma y donde la justicia no esté extraviada”.

Adiós a las armas

El foro culminó con la intervención, vía video, del exguerrillero salvadoreño, Joaquín Villalobos, para quien la valentía de Romero al “enfrentar situaciones extremas sin tener más que la palabra” debe servir de ejemplo.

Tras la guerra civil vivida en El Salvador, pidió a los venezolanos trabajar por lograr la preponderancia de la civilidad.

“Hay una tendencia a reconocer el valor o el coraje de los hombres armados. Y eso genera una gran distorsión. Porque el verdadero coraje es el de los hombres que luchan sin armas. Y eso es una lucha que ustedes tendrán que hacer en su país, cuando salgan de la dictadura de Maduro, porque tienen que lograr la obediencia absoluta de la sociedad al sector civil. Venezuela va a tener que reescribir su historia para que no se le rinda más culto a las armas”.

Oración por la reconciliación

Al finalizar el encuentro, los asistentes participaron en una misa para honrar la memoria de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, la cual fue oficiada por el cardenal Baltazar Porras, administrador apostólico de Caracas.

“Como creyentes, nuestra primera actitud debe ser la reconciliación, debemos ser multiplicadores de ello”, expresó Porras al inicio de su homilía, aludiendo la labor que realizó Romero en medio del conflicto de El Salvador.  Apuntó que, pese a los obstáculos, “este es un trabajo racional, pacífico y, a veces, lento, pero que va acrecentando esa esperanza y ese anhelo por seguir luchando”. 

Al final de su homilía, instó a reconocer a los héroes anónimos que luchan día a día por la reconstrucción del país, “con los cuales tenemos que compartir por esta Venezuela que tanto amamos”, señaló el cardenal.

♦Texto: Efraín Castillo/Fotos: Manuel Sardá

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