La universidad venezolana –pública y privada– está aprendiendo la lección de los años duros en los cuales el Estado venezolano la ha privado de los recursos para su financiamiento y la ha sometido a amenazas y presiones de todo tipo. Como consecuencia, están experimentando con nuevos modelos de sostenibilidad económica en los que el talento profesional venezolano, exportado con la diáspora, sea una palanca para desarrollar fuentes propias para sufragar las necesidades que hoy no se puede atender.
Así lo hicieron saber los representantes de la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar, la Monteávila y la UCAB, durante el foro “Financiamiento de la Universidad en tiempos de crisis”, que se realizó en la sede de la institución de educación superior jesuita, este martes 22 de octubre, con motivo de su 66 aniversario. En el encuentro, los participantes coincidieron en que las instituciones de educación superior no pueden morir y están procurando su supervivencia con el concurso de toda su comunidad.
En un auditorio lleno de profesores y estudiantes, el rector de la UCAB, Francisco José Virtuoso, agradeció a Amalio Belmonte (secretario de la UCV), Mariella Azzato (vicerrector administrativa de la USB) y Carolina Arcay (vicerrectora administrativa de la Monteávila) la reflexión y el mensaje de unión “que significa concebir a la universidad como una institución que nos abarca a todos, públicas y privadas unidas, tenemos que defender a la universidad como el espacio de todos”.
“A las universidades nacionales les decimos: estamos con ustedes. La intervención de la autonomía universitaria es un problema de cada uno de nosotros y juntos iremos donde sea a defenderla. El reto de la sostenibilidad es realmente el reto de todas las universidades. Si logramos ser sostenibles podemos salir adelante”, precisó el rector de la UCAB.
“En el país que se va a levantar y se va a llevar adelante, nosotros tenemos una gran tarea. Nos tocará aprender la lección de que la sostenibilidad económica recia, fuerte, será la que nos va a permitir mantener la independencia, la autonomía, la libertad y la capacidad de desarrollar a fondo todas nuestras posibilidades, sin depender de ninguna bondad de ningún gobierno populista ni dictadorzuelo, ni impositor de voluntades extrañas a la nuestra. Defendamos a la universidad”.
La introducción del foro estuvo a cargo de la economista Tamara Herrera, quien presentó un panorama de la economía venezolana en las últimas dos décadas y señaló la importancia de entender que el petróleo “ya no es suficiente para soportar el crecimiento” y que los venezolanos, incluyendo las universidades, deben reinventarse para sobrevivir.
Rediseñar el vínculo con la comunidad ucevista
El secretario de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Amalio Belmonte, cuestionó la política del gobierno que desprecia el conocimiento y se limita a contabilizar cifras ficticias de inscritos, sin ocuparse de la situación socioeconómica que impide a los jóvenes ocupar los pupitres que les asignan y realmente aprender. “Lo que le interesa al gobierno es transformar al sistema universitario en un inmenso aparato ideológico, donde no importa la calidad sino la adscripción, para construir un mundo poblado de silencio frente a lo que está pasando. En ese sentido ha sido muy eficiente”.
Cuestionó la concepción según la cual “lo productivo no tiene que ver con el conocimiento sino que tiene que ver con las necesidades básicas. Eso está colocado como una suerte de amenaza sobre la universidad y por eso es que ellos (gobierno) privilegian al ingreso de pupitre y no el ingreso de conocimiento”.
Afirmó que “es mentira” que existan 2 millones 200 mil estudiantes en las universidades públicas –“mucho más que en Francia o Inglaterra” – y que lo que realmente sucede es que un alto porcentaje de los estudiantes no está prosiguiendo sus estudios porque tiene dificultades para alimentarse y desplazarse, lo que ha obligado a la UCV a concentrar clases en un solo día, en acuerdo con los docentes.
Belmonte admitió que la UCV se quedó rezagada respecto de los esfuerzos de algunas universidades privadas, como la UCAB y la Unimet, de agenciarse recursos por vías extraordinarias para enfrentar la crisis económica, entre ellas, apelando a sus egresados.
“Ahora estamos rediseñando una vinculación con toda la población ucevista que está afuera. Estamos comenzando con esa política para intentar que el espacio de la UCV no sea los predios del núcleo de Maracay y el campus de Caracas, sino que sea ese grupo de profesores y egresados que están en el exterior. También estamos en conversaciones muy serias con organismos internacionales, con el fin de poder tener nosotros fortalecimiento del presupuesto universitario, que no dependa tanto del gobierno venezolano. Es una actividad quijotesca, muy dura y no tenemos la experiencia de otros, pero estamos aprendiendo”.
El vocero de la UCV fue enfático al señalar que la más antigua universidad del país, próxima a cumplir 300 años, seguirá de pie. “Somos impermeables al desaliento y vamos a continuar luchando”.
“La universidad del país rentista se acabó”
La vicerrectora administrativa (e) de la Universidad Simón Bolívar (USB), Mariella Azzato, afirmó que el gobierno ha sometido a esta institución a una “desinversión programada”, siendo que 98% de su presupuesto depende de las asignaciones del Estado y de eso, 87% es para pago de personal y solo 1% corresponde a inversión académica. “
Nos dejaron sin trasporte, sin comedores, sin becas, sin preparadurías, sin inversiones universitarias”, a lo que se añadió “el golpe certero” de negarse a reemplazar las unidades de transporte propias de esa universidad, cuyas dos sedes se encuentran muy distantes de los centros urbanos.
“El problema del transporte es sensible porque significa que nos quedamos sin empleados, profesores, estudiantes y obreros. 82% de nuestra comunidad depende del sistema de transporte para llegar (…) Esa era la excusa perfecta para abandonar e irnos”.
Sin embargo, lo que hicieron las autoridades de la USB fue apelar a sus egresados. “Teníamos 105 unidades de transporte y reactivamos 26. Ha sido un logro”. Pero es un gasto recurrente que no puede ser costeado por aportes y donaciones, razonó Azzato.
“Hemos empezado a pensar en la universidad que tenemos que tener. Esto del gratis se acabó. Esto de que a todo el mundo, a juro, tienen que darle todo. Esto del país rentista donde la universidad tiene que depender de alguien para subsistir, se acabó. Tenemos que pensar en la universidad sostenible en el corto, mediano y largo plazo”.









