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“Andrés Bello es nuestro verdadero padre”

En el marco de la Feria del Libro del Oeste de Caracas, este 29 de noviembre la UCAB celebró el natalicio de su epónimo. El intelectual Rodolfo Izaguirre ofreció la clase magistral inspirada en el insigne humanista, mientras la escritora Victoria de Stefano y el artista plástico Juvenal Ravelo recibieron la máxima distinción de la universidad

El  martes 29 de noviembre de 2022, cuando se conmemoraron 241 años del natalicio del ilustre venezolano que da nombre a la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Rodolfo Izaguirre, uno de los intelectuales venezolanos con una sólida e indiscutible trayectoria -ligado al buen cine, al periodismo, a la literatura y, especialmente, a la historia de las letras contemporáneas del país- ofreció una clase magistral sobre lo que ha sido la historia nacional, vista desde ángulos personales, pero enraizada en el legado de Bello, quien fuera el maestro de Simón Bolívar y nombrado el máximo humanista de América.

Izaguirre, de 91 años de edad, tituló su cátedra “Andrés Bello es nuestro verdadero padre” y durante más de una hora mantuvo cautivo a un público de amigos, docentes y amantes de las artes y las letras que se congregaron en la Plaza del Estudiante de la universidad y fueron convocados, también, al acto de entrega de la Orden Universidad Católica Andrés Bello, este año otorgada a la escritora y filósofa Victoria de Stefano y al artista plástico Juvenal Ravelo.

Flanqueado por las autoridades de la universidad y luego de recordar al fallecido rector Francisco Virtuoso, el crítico, cronista e investigador mostró su sabiduría con simpleza, pero la expuso desde el alma, palabra que usó en varias oportunidades, primero cuando refirió que en la época de su nacimiento, en 1931, había 200 mil almas en Caracas o cuando comentó que “en la hora actual, Caracas debe andar tal vez cercana a los cuatro o cinco millones de habitantes, pero muchos hemos perdido el alma”.

Las reflexiones del crítico comenzaron por la revelación de su rencor por haber tenido un «padre grotesco» que no le demostró amor y que destrozó a Tula, su madre, una mujer culta de quien heredó el gusto y el placer por la lectura. Ella no le llenó la cabeza con Hansel y Gretel, ni sirenitas, ni duendes. Los cuentos que le contaba –recordó- eran los hechos y circunstancias que les acontecían a los personajes de las novelas que leía.

Tejer la historia

De inmediato, Izaguirre comenzó a hilar su conexión con Andrés Bello, cuya empatía se remonta a sus años de estudio en un pequeño plantel ubicado detrás de la escuela Ezequiel Zamora, frente a la plaza Capuchinos, en San Martín, en la cual estudiaban los muchachos de alpargatas de El Guarataro y La Cañada, mientras él iba con zapatos y cuadernos forrados. “Odiaba aquella farsa de ser un rico pero pobre. Sufría mucho, porque prácticamente no tenía padre, repudiaba a la burguesía, a los amigos de mi madre”.

Cada vez que iba a su escuela escondiendo los cuadernos forrados pasaba por la plaza, frente a la iglesia San Juan, y veía una formidable estatua. La recordó como un ser de aire severo sentado en una silla de obispo. Ese personaje lo veía como si lo estuviera regañando. Él le sacaba la lengua y hacía gestos obscenos.

“Me veía con una mirada endurecida, me perturbaba. Un día le pregunté a mi maestro lasallista, el hermano Hermógenes, quién era ese personaje de la estatua y me dijo que se trataba de alguien muy importante en su época porque fue maestro de Simón Bolívar y propuso un español para nosotros los americanos”.

Al terminar la clase ese día, salió impresionado; cuando pasó por la plaza miró a Bello y, por primera vez, no le sacó la lengua, sino que lo saludó agitando la mano.

Andrés Bello leía a Lope de Vega y a Calderón de la Barca y hasta memorizaba largos fragmentos; entonces comprendí que me cautivaba su sensibilidad porque también a mí me deleitaba entrelazar palabras para escuchar que había una rara música que se ocultaba en ellas. Además, yo era un niño que cuidaba el lenguaje”.

Bello, el padre humanista

Ese hombre hecho en bronce que veía sentado en un sillón como de obispo, poco a poco se fue humanizando, tanto que un día se subió al pedestal y quiso abrazarlo, pero un policía lo bajó. Izaguirre lo odió por haber truncado aquel encuentro de afecto y aquel acto donde se desdibujaba cualquier sentimiento hacia su padre.

Cuando contó ese episodio vino al tapete su reflexión sobre la paternidad irresponsable y su naciente amor por Bello como figura paterna.

Somos muchos los venezolanos que carecemos de padre. Y el país suspira buscando uno, para sí, sin encontrarlo, y se ha contentado con tener a mano a Simón Bolívar… Tampoco conocemos a nuestros abuelos. Mi árbol genealógico y el de los pobres de este país carecen de copa o de espesos ramajes, lo que ha determinado que miramos aquí y allá y buscamos un abuelo o un padre, pero quien aparece es un militar de bigotes como Juan Vicente Gómez o un oscuro paracaidista llamado Hugo Chávez”, sentenció al tiempo que mencionó a Bolívar, ese otro padre, el de la Patria.

En esta hora actual bolivariana lo único que nos queda es este Bolívar maltrecho y humillado, pero no lo veo dispuesto a rescatarnos del pantano militar en el que hemos caído. Andrés Bello formó una numerosa familia. Mi papá, en cambio, destruyó la mía y Bolívar no formó ninguna”.

Criticó que se haya convertido a Bolívar en una deidad, “pero yo insisto en proclamar que mi verdadero padre no es Bolívar, sino Andrés Bello. Revisen la historia política venezolana. Todos los sátrapas, autoritarios, civiles o militares, arbitrarios y despóticos que han castigado y humillado a este país, rinden culto a Bolívar, pero rara vez mencionan a Andrés Bello. Jamás escuché a Chávez nombrar a Andrés Bello. Porque le temen, porque es una mente abierta, porque es un pensador. Lo que ocurría con Bello es que era un intelectual superdotado; no había alcanzado sus primeros 11 años y no había nadie que lo igualase o se sintiera superior a él en el campo de las humanidades y en el juicio certero”.

Rodolfo Izaguirre no aburrió. En todo momento fue destacada su palabra, entre una prosa literaria y la del caraqueño que la conoce de a pie. Habló de sus libros, de sus amigos, contó anécdotas y no dejó de hacer recomendaciones.Lo mejor que puedo hacer es remitirlos a Pedro Grases, que dedicó gran parte de su vida en indagar y conocer esa obra que le hizo afirmar que Bello es el fundador de la cultura americana que habla español; es el primer humanista del continente”.

Finalizó haciendo honor a lo magistral de su presentación y manifestó su esperanza sobre el futuro del país:

Creo en la belleza de lo imposible y termino esta disertación con la certeza de que también allí, en la poesía, en mí, vive el espíritu de Andrés Bello y es él quien me asegura que el país venezolano volverá a ser y me ha dicho que el nuevo Rector, que Marcelino Bisbal y mi amigo el poeta y abogado Jesús Peñalver, descendiente del prócer Fernando Peñalver que firmó el Acta de Independencia y todos nosotros, juntos, ¡navegaremos hacia el sol!”.

El documento con la clase magistral de Rodolfo Izaguirre por la celebración del Día de Bello puede ser descargado haciendo clic aquí

Honor al arte y la literatura

La clase magistral de Rodolfo Izaguirre antecedió a la entrega de la Orden Universidad Católica Andrés Bello a la escritora Victoria de Stefano y al artista cinético Juvenal Ravelo.

Durante sus palabras de aceptación de la máxima distinción ucabista, de Stefano (Rímini, 1940) recordó ser una mujer oriunda de Italia que llegó al país, huyendo de la desolación de la Segunda Guerra Mundial, sin saber leer y escribir. Agradeció a su hermana mayor haberle enseñado cuando tenía 7 años, “y desde entonces no he dejado de leer ni un día”.

Para ella leer, escribir y enseñar son los pilares de vida. Son las cosas que aconseja a alumnos y a colegas. “Uno aprende por necesidad y aquí tenemos la libertad para aprender. Recibir este reconocimiento, que a un escritor le den el Andrés Bello es muy grato, es un tremendo honor”, dijo la profesora y filósofa, autora de más de una docena de libros, entre ellos la novela Vamos, venimos, publicada por Planeta en 2019 y presentada este 29 de noviembre en el marco de la FLOC.

La acompañó en este reconocimiento Juvenal Ravelo (Caripito, 1934), artista plástico cuya constancia y disciplina han sido galardonadas con numerosos premios nacionales e internacionales y a quien la UCAB le debe contar con varias de sus piezas: dos murales ubicados en el edificio de Laboratorios, donde funciona la Facultad de Ingeniería, y su más reciente creación: un mural de 20 metros de largo que engalana una de las paredes del centro cultural de la universidad.

“Cuando estábamos con el mural, una donación de Telefónica Movistar, me propusieron que fuera en otro lugar y yo preferí que fuera aquí en la universidad, porque es un mural que debería conservarse y la universidad garantiza eso. Doy gracias al padre Virtuoso y a los profesores Humberto Valdivieso y Mabel Calderín. El padre Virtuoso dijo que quería darme esta condecoración. Lo recuerdo y le doy las gracias por haber tomado en cuenta mis posibilidades artísticas”, dijo al aceptar la distinción, luego de lo cual hizo votos para que las autoridades ucabistas hagan lo propio para conseguir una declaratoria de patrimonio cultural como la que tiene, desde el año 2000, la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Durante el acto protocolar, el rector encargado de la UCAB, José Francisco Juárez, exaltó la importancia para la enseñanza y la cultura que tienen Ravelo, de Stefano e Izaguirre, igual que lo hizo Jaime Bello León, director general de Comunicación, Mercadeo y Promoción de la universidad, durante sus palabras como orador de orden. “Son tres seres humanos maravillosos, tres venezolanos de valía, que llevan muchos años, como Don Andrés Bello, construyendo futuro”, resaltó Bello-León.

♦Texto: Mabel Sarmiento/Fotos: Manuel Sardá

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