El codirector del Instituto Atlántico de Terapia Familiar (IATF) compartió con los estudiantes de la certificación en Terapia Familiar Sistémica, programa de actualización para psiquiatras y psicólogos que está dictando la Escuela de Psicología 

La Universidad Católica Andrés Bello recibió la visita del psicólogo español Jorge Gil, a propósito de la Certificación en Terapia Familiar Sistémica que está ofreciendo la Escuela de Psicología de la casa de estudios, en alianza con el Instituto Venezolano para el Desarrollo Integral del Niño (INVEDIN) y el Instituto Atlántico de Terapia Familiar (IATF), de Canarias, del cual Gil es codirector.

Psicólogo egresado de la Universidad de Comillas, en España, Jorge Gil es psicoterapeuta familiar, biogestaltista y docente. Se ha formado en países como Italia en el área de toxicomanías y otras dependencias, y tiene casi 30 años de experiencia como terapeuta de parejas. Exsecretario de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar, entre 2020 y 2022 ejerció como presidente de la Asociación Canaria de Terapia Familiar.

Durante su estancia de una semana en Caracas, condujo sesiones teóricas y prácticas con los 25 alumnos de la primera cohorte del programa, integrada por psiquiatras, psicólogos y estudiantes de pregrado de los últimos semestres. Para él, es muy importante que Venezuela esté incorporando esta oferta formativa al abanico de oportunidades de actualización de los profesionales del área.

«Yo creo que un beneficio muy especial de esta certificación es dar una internacionalización a una formación local. Por desgracia, Venezuela ha estado muy aislada del mundo y limitada en muchos aspectos, entre ellos el educativo. Es el único país en Latinoamérica que no tiene formación de este tipo. Con todas sus problemáticas como país, considero que sería importante incluir una mirada sistémica estructurada en la formación de los psicólogos venezolanos», aseveró. 

La Certificación en Terapia Familiar Sistémica está acreditada por la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar. Con una duración de tres años y 700 horas académicas, sus tópicos de atención incluyen familia funcional y disfuncional; terapia transgeneracional y genogramas familiares; actualización en psicopatología y psicofarmacología y factores comunes de la psicoterapia. 

El problema no está el individuo, sino en sus relaciones

De acuerdo con el experto, la base de la terapia familiar sistémica es entender que cuando hay un problema en un miembro de la familia, la causa no está necesariamente en él sino en las relaciones o dinámicas grupales y que, por ende, las soluciones están en la intervención sobre dichas relaciones.

“Al momento de tratar sea cual sea la afección, también se trabaja con los núcleos familiares. Por ejemplo, una adicción es una manifestación de algo que está pasando en la familia, y son ellos mismos quienes forman parte del proceso de recuperación”, dijo.

Por eso, ve en el abordaje completo de la familia una posibilidad de que la realidad cambie y que el paciente identificado pueda salir de su problemática. “No podemos señalar al individuo como único responsable de lo que está pasando, sino a toda la familia y es con toda la familia que se trabaja para apuntar a un cambio”.

 

La familia venezolana: matriarcal e impactada por la pobreza

El psicólogo europeo fue cauteloso al hablar sobre problemas comunes en los núcleos familiares de distintas partes del mundo, así como al proponer fórmulas para aproximarse terapéuticamente a ellos.

Reconoció que hay dificultades que trascienden fronteras, como el desempleo, las adicciones, la depresión o los divorcios, pero sostiene que los conflictos que una persona puede vivir están muy relacionados con el contexto en que se desenvuelve. «Hay aspectos como la pobreza que dejan una marca en distintas poblaciones y que, a su vez, atraviesan a todo el núcleo”, comentó en alusión al impacto de la crisis social, económica y política en Venezuela.

Precisamente para conocer más de cerca la realidad psicológica de la población venezolana, Gil puso los pies y la mirada en la parroquia popular Petare, ubicada al este de Caracas, donde condujo una sesión de trabajo con familias del sector, con apoyo de INVEDIN, asociación civil sin fines de lucro dedicada a la atención de niños y jóvenes con discapacidades de desarrollo. Durante la jornada, el psicólogo detectó matices y diferencias en cuanto a las conformaciones de núcleos familiares y estilos de crianza.

“Algo que he descubierto de la familia venezolana, a diferencia de las familias en Canarias y otros sectores que he tenido la oportunidad de revisar, es que las abuelas tienen una fuerza muy importante en la educación. En Venezuela, las abuelas hablan de sus nietos como si fuesen sus hijos, y eso tiene un sentido, y hay que revisarlo”, compartió.

No mirar a otro lado

Más allá de las particularidades, el psicólogo llamó la atención sobre la tarea que tienen los miembros de una familia cuando detectan señales de alarma en un miembro del núcleo. Evitar la negación y buscar ayuda es prioritario.

«Si hay un problema en la familia, ya sea de adicción, de desarrollo, alguna tristeza profunda, no le quitemos la importancia que amerita. Pongámosle palabras, pongámosle voz. Acto seguido, pidamos ayuda a un profesional. No miremos para otro lado: usualmente miramos para otro lado porque es demasiado doloroso. El dolor, tanto como el amor, es parte de la vida en familia». 

El especialista también señaló la urgencia de poner en marcha políticas públicas que ayuden a las personas y su entorno inmediato a enfrentar problemas en esta materia. Advirtió que la ausencia de acciones tendrá consecuencias a mediano y largo plazo, por lo que -dijo- hay que empezar a actuar, desde las bases, para construir soluciones que le pongan un alto a la «bola de nieve» de la crisis de salud mental, «que seguirá creciendo cada vez más», si no se atiende.

«La salud mental es un asunto que está absolutamente abandonado. Los problemas de hoy serán grandes problemas de mañana, y quizás lo que hay que hacer es un trabajo desde la psicología comunitaria, como se está haciendo en las comunidades humildes de Caracas, a través de dinámicas que combinen elementos psicosociales y básicos en cuanto a alimentación, a educación, para hacer un abordaje integral», finalizó.

♦Texto: Daniel De Alba Suárez/Fotos: Christian Lazo

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