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Estudiantes mexicanos visitaron Venezuela como parte del Voluntariado Latinoamericano Ignaciano Universitario

Dos alumnos del ITESO compartieron con docentes y estudiantes de la UCAB, en Caracas,  y permanecieron varias semanas en El Nula, estado Apure, como parte de la fase piloto de un programa de intercambio gracias al cual jóvenes de la AUSJAL participarán en actividades comunitarias en distintos países de la región

La Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL), red que agrupa a 30 instituciones jesuitas de educación superior y de la cual forma parte la UCAB, comenzó este año el programa “Voluntariado Latinoamericano Ignaciano Universitario”.

Este proyecto, gestado desde la Red de Homólogos de Pastoral Universitaria de la AUSJAL (de la cual es coordinador el padre César Muziotti, director de Identidad y Misión de la UCAB), consiste en enviar a otro país a dos estudiantes de las universidades pertenecientes a la asociación para que realicen actividades de valor comunitario en alguna de las obras de la Compañía de Jesús, con el acompañamiento de la universidad anfitriona. 

Actualmente, el programa de intercambio incluye a cuatro instituciones de igual número de países: la Universidad Rafael Landívar (Guatemala), la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia), la Universidad Jesuita de Guadalajara ITESO (México) y la UCAB de Venezuela.

Como parte de la fase piloto, entre mayo y julio de este año estuvieron en Venezuela Ricardo Corona y Camila Bernal, dos alumnos del ITESO.

Entender y aprender de realidades vulnerables

Camila y Ricardo fueron los jóvenes seleccionados por el ITESO para inaugurar el «Voluntariado Latinoamericano Ignaciano Universitario». Durante casi tres meses, los jóvenes conocieron y compartieron el trabajo comunitario que realizan profesores y alumnos de la UCAB, en Caracas, y permanecieron varias semanas en la localidad de El Nula, en el estado Apure, donde la Compañía de Jesús mantiene obras sociales importantes.

«Una de las cosas que más me movió de El Nula fue la cantidad de realidades coexisten en un mismo espacio. El hecho de que sea frontera es clave», dijo Camila, quien tiene 22 años y estudia dos carreras: Filosofía y Psicología.

La joven oriunda de Guanajuato trabajó en el acompañamiento de niños neurodivergentes, así como también colaboró con el levantamiento de informes clínicos, entrevistas y procesos de revisión sobre el desarrollo psicosocial de la comunidad. Además, apoyó a la organización Cáritas con un censo migratorio.

«Una de las cosas que más me movía era ver los impactos de la migración directa en la comunidad: las familias que ven a sus hijos y a sus esposos irse, los pocos jóvenes que hay en la comunidad… así como el impacto con el tema económico, donde los ciudadanos no se manejan con la moneda nacional, sino la colombiana», destacó.

Ricardo, de 22 años y cursante de Gestión Cultural, tuvo oportunidad de involucrarse, de la mano de Fe y Alegría, en la recuperación de la infraestructura de bibliotecas de la zona y en la promoción de la lectura entre niños y adolescentes. Apoyar en el desarrollo de habilidades como la empatía y en labores de reconstrucción del tejido social de la comunidad fueron dos metas que se propuso durante su estadía. 

«El Nula tiene una serie de problemáticas que también se comparten con el resto de América Latina. Solo que acá están agudizadas. Cuando uno está fuera de esta realidad, es más fácil percibirlas. Uno puede asumir que así son las cosas, pero cuando vas indagando y profundizando, te das cuenta que es una realidad que se te escapa de las manos», aseveró.

Ambos estudiantes coincidieron en que la experiencia de voluntariado en El Nula les ayudó a reflexionar sobre realidades sociales y culturales diferentes a las que están acostumbrados y, a partir de allí, identificar posibilidades para la transformación.

Enriquecimiento ignaciano

César Muziotti, S.J., director de Identidad y Misión de la UCAB y actual coordinador de la Red de Homólogos de Pastoral Universitaria de la AUSJAL, explicó que este proyecto surgió en una reunión celebrada en Cali en la que se evaluó la puesta en marcha de mecanismos que sirvieran para enlazar el quehacer de las casas de estudio, a partir del valor compartido de la espiritualidad ignaciana.

«El voluntariado es una oportunidad para que jóvenes universitarios, con ganas de ofrecer un tiempo de su vida en el servicio a otros, puedan ampliar horizontes y conocer a otros jóvenes universitarios de otras realidades, mientras que al mismo tiempo puedan aportar su tiempo y conocimiento para beneficiar a comunidades que normalmente no tendrían fácil acceso a este tipo de apoyo”, afirmó el sacerdote jesuita.

Muziotti mencionó que, en los próximos meses, la UCAB enviará a dos estudiantes a Guadalajara, para que vivan una experiencia similar a la de Camila y Ricardo: en este caso, se trata de Celimar Albornoz, cursante de Comunicación Social, y Daniel Rodríguez, alumno de Ingeniería Industrial.

En ese sentido, el director de Identidad y Misión afirmó que uno de los propósitos del voluntariado -que espera se expanda en participación y alcance- es que los jóvenes amplíen sus horizontes y se conviertan en ciudadanos globales.

«En general, lo que nos interesa a todas las universidades de AUSJAL es el sentido de enriquecimiento. A los jóvenes se les muestra otra realidad que a lo mejor no es la que tienen en el corazón todos los días, porque viven en la capital y no conocen mucho más allá lo que pasa. Este tipo de encuentros y experiencias les amplía su visión del mundo y de proyección de la vida», concluyó.

♦Texto: Daniel De Alba Suárez/Fotos: Fabián Giampaoletti y Cortesía Dirección de Identidad y Mision UCAB


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