El sacerdote jesuita y exrector de la universidad reflexiona sobre las dificultades y desafíos que rodearon los orígenes de la institución y resalta cómo la casa de estudios logró convertirse en un espacio generador de profesionales comprometidos con el país

En 1950, en Venezuela parecía imposible una universidad privada, y poco realista pensar en una universidad católica, dirigida por los jesuitas. Todavía resonaban las voces de quienes en la reciente Asamblea Constituyente reclamaban la expulsión de los jesuitas que -según algunos come curas- estaban ilegales en el país. Al mismo tiempo, el jesuita caraqueño Carlos Guillermo Plaza pensaba que los ignacianos debían brindar a Venezuela su experiencia mundial de siglos en centenares de instituciones universitarias. Su semilla educativa demostraba ser buena, pero la Iglesia venezolana y los jesuitas parecían débiles para  universitaria de calidad y fortaleza.

En medio de incertidumbres y debilidades, en octubre de 1953 nació la «Católica» con menos de 200 estudiantes universitarios en dos facultades, Ingeniería y Derecho. A los pocos meses se bautizó como Universidad Católica Andrés Bello, UCAB, con el nombre del insigne universitario caraqueño Andrés Bello. La necesidad y la fragilidad marcan el nacimiento de la “Católica” sin sede propia, sin presupuesto y con muy pocos jesuitas doctores, lo que dio plena apertura a seglares católicos, académicos de experiencia y de prestigio, como eran los dos primeros decanos: Santiago Vera Izquierdo y Manuel Reyna. El San Ignacio generosamente ofreció su sede de esquina de Jesuitas, mientras el colegio se mudaba a Chacao. Marcada por el reto de innovar y crecer, la UCAB pronto recibió apoyo de los jesuitas españoles que enviaron refuerzos tan cualificados como el P. Olaso, el P. Pernaut y otros, que se convirtieron en autoridades comprometidas con el derecho y la economía de Venezuela.

Superados los primeros años difíciles, la UCAB demostró la fuerza de sus raíces y la fortaleza expansiva. De ella nació (1962) la actual Universidad Católica del Táchira y luego, a finales del siglo XX, en Ciudad Guayana se sembró la semilla de la “Católica”, que nació y creció.

Hoy, 70 años después, cuando el país sufre las limitaciones del estatismo en la educación, la UCAB no hace promesas, sino que brinda frutos apreciados y buscados: una universidad de formación integral, vigorosa, abierta al pluralismo y a la construcción de una Venezuela con futuro; decenas de  graduados y postgraduados con desempeños sobresalientes en empresas  privadas. Hombres y mujeres de convicciones marcadas con el sello del Evangelio, sin fanatismos, sin confesión religiosa impuesta y con especial sensibilidad para captar y responder creativamente a las necesidades del país.

La UCAB nació en tiempos en que muchos veían contradicción entre la fe y la ciencia como mutuamente excluyentes. Pero la aplicación destructiva de la ciencia en guerras y otros males demuestra que la ciencia necesita de la conciencia para aplicarla solo para el bien y la vida, y que por otra parte la fe necesita potenciarse con la ciencia para multiplicar el bien y construir un país de hermanos, más humano y justo. La UCAB no aleja a los estudiantes de su país, sino que les enseña a abrir los ojos y los corazones para ir al encuentro de la sociedad herida. Investiga y forma para transformar.

En estos momentos de crisis de la educación financiada solo por el presupuesto oficial y dominada por el Estado, la UCAB es una muestra de lo mucho que puede y debe hacer la Sociedad Civil, movilizando los más variados talentos y recursos para desarrollar sus universidades y otras iniciativas educativas plurales. La Sociedad y el Estado se necesitan mutuamente.

De esa misma raíz y espíritu católico nace (1955) Fe y Alegría, porque supo manejar la clave para despertar energías ocultas en la sociedad, que puestas en pie y unidas responden a diversas necesidades educativas. No se conforman con tocar las puertas del Estado pidiendo educación, sino que ofrecen al país lo que la Sociedad Civil organizada puede brindar y la eficacia que debe inyectar a la acción estatal. La sociedad educadora no enfrenta al Estado sino que multiplica sus posibilidades y refuerza su calidad.

Celebramos estos 70 años de la UCAB como monumento a la generosidad creativa plural de la sociedad que se atreve a pasar de la denuncia y el lamento a crear respuestas sacando lo mejor de sí. El futuro nos reta.

(Caracas, 15 de noviembre de 2023)


 

Nunca visto en Catia | Por Luis Ugalde