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«La vocación del director de escuela ha permanecido en este momento más cruel»

diplomado en gerencia educativa

Eduardo Cantera, director del Centro de Innovación Educativa de la UCAB, celebra que el Diplomado en Gerencia Educativa y Comunitaria, programa que coordina esa instancia con patrocinio de Fundación Empresas Polar, egresará próximamente a su décima cohorte y sumará más de 900 docentes con cargos directivos formados desde 2014

El próximo mes de marzo, el esfuerzo iniciado hace 12 años por la alianza entre la Universidad Católica Andrés Bello y la Fundación Empresas Polar (FEP) llegará a 900 educadores egresados del Diplomado en Gerencia Educativa y Comunitaria, que arriba a su décima cohorte.

Lo que comenzó como una iniciativa localizada en el estado Miranda para los coordinadores zonales y regionales de los planteles públicos administrados por esa gobernación, después de 2017 se condujo a otras zonas del Área Metropolitana de Caracas, con la incorporación de equipos directivos de escuelas de Fe y Alegría y de institutos afiliados a la Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC), lo que ha animado la participación de docentes del interior del país.

El grupo más reciente, que inició clases en 2025, lo integran 170 docentes de 70 instituciones que ocupan cargos como directores, subdirectores o coordinadores en ejercicio, niveles administrativos para los que fue concebida esta formación gratuita.

El diplomado consta de 180 horas académicas, distribuidas en ocho módulos, con preparación en línea y clases sabatinas en el campus de Montalbán.

Más de 50.000 escolares beneficiados

Por la UCAB, la coordinación está a cargo del Centro de Innovación Educativa (CIED) —adscrito a la Dirección General de Extensión Social— y cuenta con el apoyo del Centro Internacional de Actualización Profesional (CIAP-UCAB), que aporta su plataforma de educación a distancia.

Es la Fundación Empresas Polar, como patrocinante, la que hace las convocatorias a través de las Direcciones de Educación de todas las alcaldías del Área Metropolitana y las organizaciones vinculadas con el sector educativo, que replican la información.

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Tras más de una década de trabajo, el diplomado ha beneficiado, de forma indirecta, a unos 50.000 escolares de 200 centros educativos, en un promedio de 5.000 niños por cada cohorte, calcula Eduardo Cantera, director del CIED UCAB y uno de los profesores del programa.

«Son las mismas organizaciones aliadas las que nos han ido dando el aval para decir que esto ha tenido un resultado para ellos», explica el profesor.

Uno de los objetivos del diplomado es que los participantes visualicen la toma de decisiones en sus escuelas de forma colegiada y generen espacios de transformación de líderes.

«A veces, les decíamos a los participantes: ‘piensen que están aquí por todos y cada uno de los niñitos que van a recibir luego’. Ellos les trasladaban ese mensaje y recibíamos de parte de los niñitos el agradecimiento, porque veían el cambio significativo de los maestros, que se estaban acercando a ser mediadores pedagógicos, a ser más cercanos a sus estudiantes».

Un diplomado para resolver los problemas del día a día

Eduardo Cantera precisa que, en 2013, el equipo de la UCAB hizo el diagnóstico inicial, con un levantamiento de las necesidades más urgentes de los cuerpos directivos escolares, para hacer la propuesta del contenido del programa.

«Fundación Empresas Polar, preocupada por la situación de la crisis educativa en el país, quería ir generando el cambio educativo y llegar a cada uno de los niños. Consideramos que tocar a los gerentes de la escuela era imprescindible para que las instituciones fueran sumando en ese cambio a toda la comunidad. Así diseñamos la posibilidad de intervenir la escuela», cuenta Cantera.

Recuerda que para 2014, momento de echar a andar el diplomado, ya existía por mandato legal el Proyecto Educativo Integral Comunitario (PEIC), una herramienta para la toma de decisiones que las escuelas tenían que desarrollar con la comunidad, los obreros, personal administrativo, docentes y estudiantes.

También les solicitaban poner en marcha un manual de convivencia de sus planteles, basado en las exigencias de la Ley Orgánica de Educación (LOE) y de la Ley para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA).

«La UCAB primero evaluó si las escuelas tenían el PEIC, pero no todas lo sentían como una herramienta válida, lo veían como otra carga burocrática. Algunos docentes decían que habían llegado al cargo directivo por carambolas o porque no había nadie más. Llegaban más como una carga que como un cargo y no todos habían hecho una trayectoria que les diera las competencias necesarias», agrega el director del CIED.

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La propuesta de la FEP a la UCAB apuntaba a diseñar un programa que, más allá de talleres o cursos, involucrara a los docentes «con algo que les llevara a que en su cotidianidad pudieran resolver problemas del día a día», precisa el educador. Así, la actualización tecnológica se identificó como una primera necesidad.

Al principio sólo se convocaba a los directores de las escuelas, pero luego de recibir la formación «les resultaba difícil liderar equipos que no entendían la nomenclatura, el lenguaje y la toma de decisiones que se tenían que ir gestando de una forma más transformacional». Por eso se incorporó al resto de los cuerpos directivos.

Poco a poco, las alcaldías que enviaban a su personal entendieron que podían rotar a esos directivos ya formados para ir haciendo esa gestación del cambio, indica Cantera.

En los intercambios con sus pares, los educadores muchas veces resolvían sus problemas solamente identificándolos: «si eran de presupuesto, de ejecución, de personal o si era asunto de toda la comunidad».

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Resiliencia educativa: de las necesidades a los aprendizajes

El profesor Cantera destaca que, a lo largo de los más de 10 años del diplomado en Gerencia Educativa y Comunitaria, ha podido comprobar la disposición de los docentes a liderar transformaciones positivas en las escuelas que dirigen e ir más allá de la burocracia que muchas veces «se los come».

También resalta la resiliencia de la comunidad educativa para construir soluciones en medio de la crisis y hacer de las escuelas «un lugar seguro» y de desarrollo para los alumnos.

—¿Algunos de esos 700 directivos egresados antes de 2025 han sido afectados por la diáspora?

Hicimos un levantamiento de información fuera del diplomado y un 30% de los docentes han sido afectados (…), pero sabemos que los cuerpos directivos, en menor medida, no se han ido a la diáspora. La vocación del director, o de quien ha tenido que tomar decisiones en la escuela, ha permanecido en la educación en este momento más cruel.

—Desde su diseño original, ¿qué ajustes han tenido que hacer al programa?

—Los principales ajustes han tomado en consideración las normas de convivencia y las situaciones inconvenientes que han tenido que afrontar. Lo que más nos han pedido, al principio: planificación, evaluación, acompañamiento docente, incorporación de tecnología en la educación. Pero cuando se van sumando situaciones inconvenientes, ellos quedan cautivos cuando hay alguien que les puede dar protocolos claros de qué hacer.

Con las profesoras del diplomado (trabajadoras sociales, abogadas, sociólogas, psicólogas) revisamos lo que ocurre en la escuela a nivel de comportamiento. Pero todos los años incorporamos herramientas, basados en el informe que los participantes nos ofrecen. En esta última cohorte hicimos una mejora en la comunicación para que aprendan a proyectar la mejor imagen de sí a la institución.

También hemos trabajado con buenas prácticas en gerencia. Creo que ya podría ser un momento importante para hacer un congreso en buenas prácticas en gerencia educativa, el sueño de la profesora Catherine Arocha, que ha estado durante ocho años coordinando el programa.

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¿Cuál es la problemática más común?

—En un año fue el bullying, en otro fue la deserción escolar, otro año nos reportaron que no tenían el número de inscritos hasta bien entrado el año. Cuando lograron normalizar lo elemental, la problemática fue la alimentación, la vestimenta, hasta los útiles escolares. Pero después, ya fueron ciertas normas y protocolos, «en la escuela para qué estamos», que no se sientan que el aprendizaje es algo adicional, sino que es lo sustancial del ser humano.

Pero las escuelas han sido lo suficientemente resilientes para ir incorporando en sus proyectos a organizaciones que les brindan el apoyo en donde más necesitan. Cuando llega el momento en que el Programa de Alimentación Escolar (PAE) está ausente, ellos van cubriendo esas necesidades con mamás de la zona, con representantes, con organizaciones que pueden cubrirles las necesidades básicas de los muchachitos.

—¿Esa manera de resolver lo aprenden en el diplomado o es paralelo?

Es un plus, es paralelo. Ahora ellos reportan que pueden tener protocolos más claros. Al final del diplomado dicen: «lo que antes era simplemente un ven y ayúdame, ahora lo puedo organizar, estipularlo y proponerlo de una manera más organizada, sabiendo el para qué, diferenciando lo que es lo académico del resto».

—Desde su vivencia personal, ¿cuál ha sido su principal aprendizaje?

Nosotros, como organización, hemos aprendido que la escuela es un organismo vivo. Además, que la escuela es un lugar seguro. Hemos visto cómo cada uno de los docentes que están dirigiendo esas instituciones intentan hacer de ellas un lugar de convivencia segura. Pero, muchas veces, se les escapan las situaciones de las manos. Hemos aprendido también que en algunos lugares la burocracia se los come, que tienen que sistematizar muy bien esas experiencias para que no sea simplemente estar o gastar tiempo con el muchacho, sino hacer de ese tiempo vida importante.

Algunas instituciones son geniales cuando relatan lo que tienen que atravesar sus niñitos para llegar, porque hay un basurero cerca o unas cloacas del otro lado, pero nos dicen: «aquí están, cada uno de los muchachos, haciendo vida dentro de la institución, porque encuentran que ahí aprenden, resuelven su cotidianidad y comparten sabiduría con sus compañeros».

Replicar en otras regiones

De acuerdo con el director del CIED UCAB, la intención de la Fundación Empresas Polar y de la universidad es avanzar en la ampliación del alcance del diplomado, con el fin de beneficiar a más profesores y estudiantes.

«La Fundación Empresas Polar está clara en que quiere llegar a todos y cada uno de los lugares del país. Ellos tienen una red de distribución impresionante y allá donde tienen sus plantas sería para ellos crucial replicar el programa. Lo intentamos en pandemia, poniéndolo en formato virtual. Ya está virtualizado y se hizo una experiencia piloto, pero no fue posible llegar de la manera que quisiéramos por las dificultades de conectividad y porque el aprendizaje en línea no siempre es la mejor forma de aprender. Estamos ideando con la FEP la posibilidad de formar multiplicadores y hacer esta formación en cascada».

—¿Cómo ha sido el perfil de los participantes? ¿Hay desniveles entre ellos?

Nuestros perfiles han sido muy variopintos y hemos intentado homogeneizar las secciones, pero también que haya la suficiente necesidad de compartir las experiencias. Hemos tenido participantes de 80 años que ven esto como un premio a su labor docente y poder certificar lo que ha sido su toma de decisiones. También hemos tenido de perfiles con acceso mínimo a la tecnología, con debilidades en acceder a un mouse y a la coordinación óculo-motriz. Hemos tenido participantes que estaban en condiciones paupérrimas y decían «yo no sé mañana qué voy a poder ofrecerles de bienestar a mis niños»; como también hemos tenido participantes de colegios privados que tienen un cuerpo directivo amplio, suficiente, con todo lo que serían las necesidades de la institución, pero que necesitan renovarse.

Los participantes más jóvenes se ven muy inquietos en formalizar cambios en sus instituciones, pero con los más antiguos entienden que los cambios se tienen que ir gestando en el tiempo justo. Algo así como el refrán que dice: «Si los viejos pudieran y los jóvenes supieran», pues se podría dar una alianza superestratégica entre ellos, para tener la prudencia de la veteranía y la audacia necesaria.

—¿Cómo asumen los participantes en el diplomado el tiempo que dedican a esta formación?

Como un servicio público, lo entienden desde ahí. Ellos han reportado sus situaciones con la humanidad del caso, ellos no quieren perder ni uno solo de sus muchachitos. Una directora, cuando le preguntábamos los sueños que tiene en su institución, con la voz quebrada nos dijo: «Yo lo que quisiera es que los muchachos de sexto grado salieran vivos del colegio y que las muchachitas de sexto grado pudieran salir libres de embarazo». Como diciendo, el reto mío como docente y como gerente es que todos salgan ilesos.

♦Texto: Elvia Gómez/ Fotos: Manuel Sardá y Fundación Empresas Polar


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