Para María Rodríguez Toro, investigadora del Instituto de Estudios en Humanidades de la UCAB, mientras más temprano se exponga a los infantes al ejercicio de la reflexión, mas probabilidad tienen de desarrollar de adultos una ciudadanía crítica. «Los niños no necesitan grandes explicaciones para intentar filosofar», recalcó

Hace casi seis décadas, la Organización de Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (UNESCO) planteó la necesidad de una enseñanza temprana de la filosofía, con el fin de promover el desarrollo del pensamiento crítico desde los primeros años y visibilizar que esta disciplina no pertenece exclusivamente a los recintos universitarios.

A pesar de esas recomendaciones, la presencia de la filosofía en la educación inicial y básica sigue siendo poca. Aunque los niños muestran una disposición innata para el asombro, el sistema suele priorizar el conocimiento práctico sobre el filosófico. 

Así lo considera la profesora María Rodríguez Toro, doctora en Educación, magíster en Filosofía e investigadora del Instituto de Estudios en Humanidades de la UCAB, para quien la ausencia de la filosofía en los primeros años educativos limita las oportunidades para que los infantes descubran la amplitud de sus propias ideas y alcancen una mejor comprensión de su entorno y del mundo.

«La auténtica filosofía con niños es un diálogo orientado, que hace match entre las ideas de los filósofos y su realidad cotidiana. Por supuesto, el facilitador tiene la responsabilidad de guiar el diálogo hacia los niveles de abstracción necesaria, con la seguridad de que los niños no necesitan grandes explicaciones para comenzar a filosofar. Es emocionante presenciar cómo asumen ese rol sin necesitar argumentos que los convenzan», comentó.

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Lectura como punto de partida

En el año 2016, la UNESCO en conjunto con la Universidad de Nantes (Francia), formalizó la cátedra «Pratiques de la Philosophie avec les Enfants», que resaltó la necesidad de educar a los futuros ciudadanos desde una edad temprana en «el pensamiento crítico, los valores humanistas, la igualdad de género, la necesidad de un diálogo pacífico y respetuoso entre todas las culturas y la lucha contra toda forma de dogmatismo», según se lee en la página oficial de la cátedra. 

Esta iniciativa académica de carácter internacional, de la cual Rodríguez Toro es investigadora asociada, busca capacitar a maestros y educadores en técnicas que puedan integrar la filosofía en la vida de los niños, no como una asignatura teórica sino como una práctica esencial para su desarrollo intelectual.

De acuerdo con la profesora, quien también es miembro del Consejo Internacional de Investigación Filosófica con Niños (ICPIC por sus siglas en inglés), el concepto de «enseñanza temprana» abarca la formación impartida desde los dos años, momento en el cual los niños comienzan a interpelar la realidad con sus primeros «¿por qué?».

La docente recalcó que es importante estimular la herramienta de la indagación, que se cultiva con la práctica constante y un entorno estimulante. Para que eso sea posible, dijo que la lectura debe ser el «punto de partida».

«Que los niños comiencen a aprender filosofía cuando ya saben leer y escribir permite, por una parte, que se propongan actividades de reflexión individual y por otra, que el diálogo de una comunidad de indagación adopte como punto de partida la lectura de un texto. Esto enriquece significativamente la reflexión y permite alcanzar los niveles de generalización y abstracción propios de todo pensamiento filosófico», afirmó.

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Desmitificar la filosofía y sensibilizar a los docentes

Recientemente, Rodríguez Toro protagonizó uno de los episodios del podcast Cybelesdel IEH UCAB, en el que compartió sus orientaciones sobre la importancia de incorporar la filosofía en el mundo infantil y algunas herramientas para conseguirlo.

A propósito de esto,  la investigadora mencionó dos claves fundamentales para incorporar con éxito la filosofía en el mundo infantil.

La primera de ellas tiene que ver con la sensibilización de docentes y académicos del mundo filosófico, con el fin de «desafiar el prejuicio de que la filosofía es un territorio reservado únicamente para profesionales certificados o eruditos».

Sobre este particular, apuntó que es necesario reivindicar la práctica de esta disciplina en todas las edades y fomentar el derecho de los más pequeños a participar en el ejercicio del pensamiento.

La segunda clave para la experta es contar con un docente o facilitador que no solo posea conocimiento en filosofía, sino que tenga claro que no puede asumirse como fuente de «la verdad absoluta», sino como un puente para «construir el espacio didáctico filosófico adecuado para examinar determinada idea o realidad».

«No se trata de enseñar, por ejemplo, la teoría de las ideas de Platón, con todos sus detalles y peculiaridades, sino de reflexionar y dialogar sobre lo que cada niño puede entender sobre sus propias ´cavernas de creencias´ y de qué manera superar algunas limitaciones personales y colectivas, caminando filosóficamente hacia una realidad de diferencia de pensamientos», afirmó. 

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Filosofía para formar ciudadanos

Como se lee en la página oficial de la UNESCO, la práctica filosófica desde la infancia es y debe ser vista como una herramienta para fomentar una ciudadanía activa. En este orden de ideas, Naciones Unidas apunta que las instituciones educativas tienen la responsabilidad de formar ciudadanos capaces de discernir por sí mismos.

De acuerdo con Rodrríguez Toro, la filosofía incorporada a la educación infantil  puede convertirse en el puente que hace posible el tránsito desde una ética dictada por normas externas hacia una verdadera autonomía que permita desarrollar la capacidad de actuar correctamente por convicción propia».

La docente universitaria subrayó que esta conciencia autónoma resulta imprescindible en un tiempo como el contemporáneo, en el que las nuevas tecnologías atraviesan la vida cotidiana de niños y adolescentes, sin la presencia constante de una figura adulta.

«No podemos vigilar a los niños las 24 horas del día, pero sí formarlos con los criterios necesarios para decidir de qué manera actuar en cada circunstancia, aunque nadie los esté viendo. Es de vital importancia que los niños también sean capaces de pensar por sí mismos y decidir cómo actuar de manera correcta», indicó la experta.

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Desde su perspectiva, la filosofía con niños se convierte en una herramienta privilegiada para formar co-legisladores democráticos, capaces de orientar su propia libertad y decidir cómo actuar correctamente.

Por ello, dijo estar convencida de que el pensamiento filosófico debe permear todos los contextos socioeducativos y contribuir a responder a los problemas fundamentales de la convivencia y del desarrollo humano.

«La propuesta de una filosofía con niños para Venezuela, aspira a contribuir a la formación de una nueva generación de ciudadanos, con la sabiduría necesaria para guiar su libertad y tratar de hacer lo correcto en cada circunstancia», destacó.

Los interesados en escuchar las reflexiones de la profesora María Rodríguez Toro sobre este tema pueden hacer clic en este enlace:

♦Texto: Mariana Pérez Guerra /Fotos: Manuel Sardá


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