El nuevo director del Centro de Derechos Humanos reflexiona sobre la ley de amnistía y los pasos que deberían darse en pro de una transición a la democracia. El abogado cree necesario «restablecer el protagonismo de la sociedad venezolana con todas sus distintas voces» y recalca que el CDH UCAB seguirá combinando la rigurosidad académica con «la actuación práctica en incidencia, en activismo y en educación de derechos humanos»
Desde el 2 de febrero pasado, el abogado e investigador Carlos Lusverti asumió el cargo como director encargado del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello (CDH-UCAB), que este 2026 cumple 27 años de fundado.
Su designación coincide con el desarrollo de acontecimientos políticos y sociales de gran envergadura en el país, muchos de ellos asociados a su ámbito de trabajo. Entre varios aspectos sobre el acontecer nacional, el profesor manifesta su preocupación sobre cómo la bancada del gobierno en la Asamblea Nacional inició, la primera semana de febrero, un debate para aprobar una Ley de Amnistía.
«Si queremos empezar a cambiar, tenemos que empezar por la forma, eso en democracia es clave», recalca el experto, que cuestiona que el oficialismo haya querido «dar una sorpresa» con ese proyecto.
«Lo peor que podría pasar es que esto sea, de nuevo, una propuesta que llega ya armada y cerrada por parte del gobierno, que se apruebe con el voto entubado de la aplanadora oficial en la Asamblea Nacional, sin mayor debate, discusión y transparencia. Por muy buena que sea, viene herida», advierte.
Recuerda que, en los últimos años, el tema de legislar sobre la amnistía para los privados de libertad por razones políticas ha sido abordado con proyectos de distintas organizaciones, incluyendo uno que está contenido en una publicación académica de la UCAB –Una propuesta de justicia transicional para Venezuela– editada en 2022.
El propio CDH UCAB publicó este 10 de febrero un documento con 15 recomendaciones técnicas sobre el proyecto de ley, en el que señala que el instrumento jurídico debe ser aprobado con prontitud, pero «cumpliendo con los estándares internacionales en la materia» para «surtir el efecto favorable que de este se espera en la sociedad y particularmente en favor las víctimas de violaciones a los derechos humanos«, según se lee en el texto divulgado en redes sociales y enviado a la Asamblea Nacional.
Lusverti recomienda dar visibilidad a todas esas iniciativas y abrir un proceso de debate donde todos los sectores conocedores e interesados puedan presentar sus aportes.
«La tríada democracia, desarrollo y derechos humanos tiene que ser el principio rector de cualquier iniciativa que se dispare desde la oposición. Eso implica apertura e inclusión, sin sectarismo, sin discriminación, bajo la lógica de que no existe una sola oposición verdadera. La democracia no puede ser sólo discurso», argumenta el jurista.
El profesor también tiene presente que «en situaciones anteriores, el gobierno ha logrado entrampar un poco los procesos», de allí que plantea que «debería haber la mayor amplitud y la mayor facilidad para buscar la reconciliación, si es que realmente hay interés por empezar a construir un proceso de transición en el país».
Restablecer el protagonismo de la sociedad venezolana
Carlos Lusverti deja muy claro que Venezuela sigue transitado la emergencia humanitaria compleja que se declaró en 2016 y que persiste «un mar de problemas», pero «también hay mucha gente que puede hacer y que quiere hacer, dentro y fuera de Venezuela».
«Lo que el Centro ofrece es un conjunto de potencialidades y una de ellas es ser una caja de herramientas. Uno de nuestros roles como universidad es capacitar a la gente, potenciar las capacidades de la gente para que se pueda avanzar hasta donde se pueda, pero sin detener esa marcha. Es hacer como el agua, buscar los espacios para seguir su curso. Así debe ser nuestro trabajo, incansable, sin claudicar a nuestros principios como el centro de derechos humanos de una universidad católica confiada a la Compañía de Jesús».
Consultado sobre los primeros pasos que deberían darse hacia una posible transición a la democracia, en medio de una realidad tan compleja, Lusverti echa mano de la experiencia comparada y propone tener «una visión integral e integradora».
«La tradición del Centro es pensar en la transición o en la justicia transicional como una caja de herramientas de la cual echar mano según lo que ocurra. No hay dos transiciones iguales (…) Lo que hemos aprendido de estos procesos es que uno tiene que partir de temas de consensos críticos. Hace un par de semanas reflexionábamos sobre la experiencia peruana después de la huida de Fujimori. Allí tenían una lista de más de 40 solicitudes, todas eran pertinentes y legítimas, pero las redujeron a cuatro peticiones no negociables. En Venezuela hay infinidad de cosas por hacer, pero hay que ponerse de acuerdo en puntos en los que podamos trabajar toda la sociedad venezolana».
Menciona el profesor que ya la sociedad civil hizo un primer ejercicio, que se publicó en enero de este año en forma de decálogo, «con puntos clave que pueden desencadenar otra serie de cambios», como la libertad plena para los presos políticos y la derogatoria de varios instrumentos, entre ellos la ley que impide el trabajo de la sociedad civil, el decreto de Estado de Conmoción Exterior, la Ley Simón Bolívar, la Ley Contra el Odio, etcétera.
«Es clave que las autoridades hablen de derechos humanos, que asuman una postura que facilite estos procesos. También es clave que desde la sociedad civil se puedan tener espacios de articulación y comunicación, pero tienen que ser espacios respetuosos. La sociedad en general no puede ser instrumentalizada por el Estado ni por el gobierno de la presidenta encargada, ni por las acciones del gobierno de los EE.UU. El esfuerzo tiene que ser por restablecer el protagonismo de la sociedad venezolana en todo su conjunto, con todas sus distintas voces», sostiene.
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Justicia, verdad, reparación y garantía de no repetición: claves de la transición
Lusverti también insiste en que en un proceso de transición a la democracia se debe respetar la disidencia y trabajar para lograr acuerdos abiertos y transparentes, no imposiciones.
«Uno de los grandes perjuicios de estos años ha sido la satanización de los diálogos, diálogos condenados al fracaso porque no han venido mediados por la buena fe y por el reconocimiento de interlocutores válidos con iguales condiciones (…) Hay puntos que no son negociables, como los crímenes de lesa humanidad, las desapariciones forzadas, torturas, las ejecuciones extrajudiciales, pero hay otras cosas en las que podemos llegar a algunos acuerdos».
Recuerda que ya Venezuela ha transitado por algunos procesos de este tipo y «la tendencia ha sido a tratar de tapar, de olvidar, y el olvido lo que termina por generar es que las heridas no sanan, no se curan, no se superan y siguen abiertas o sangran de cuando en cuando».
Por eso, el investigador remarca que el abordaje debe ser integral: justicia, verdad, reparación y garantía de no repetición. Se trata —explica— de desarrollar «reparaciones transformadoras», un proceso de largo aliento para cambiar las estructuras jurídicas, políticas, sociales que permitieron las detenciones arbitrarias.
«Lo que nos dice la literatura comparada, la teoría, la experiencia, lo que hemos aprendido de discutir con colegas de otras latitudes, es que los procesos de transición tienen que tomar en consideración esos elementos clave, lo que no necesariamente se traduce en procesos judiciales o en encarcelamiento para los perpetradores, porque estos son procesos largos».
Trae a colación que en Argentina, más de 40 años después del fin de la dictadura militar, todavía hay juicios abiertos.
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No repetir el error de cambiar prosperidad por democracia
Sobre el peligro de que la sociedad venezolana se conforme con mejoras económicas, sin cambios democráticos, el experto admite que ese «es un riesgo gravísimo que ya hemos visto».
«Durante los años de la riqueza petrolera, finales de los años 2000, había cantidad de recursos en la calle, pero no había transparencia. Ya en ese momento teníamos importantes déficits en materia de derechos humanos y democracia, la cantidad de informes locales e internacionales dan cuenta de eso. Ese error no se debe repetir. Teníamos alertas de esas fallas, pero como había prosperidad miramos a otro lado. Cuando dejamos de tener prosperidad nos dimos cuenta de que teníamos un panorama terrible. Empezamos a protestar socialmente porque ya no había prosperidad –teníamos anaqueles vacíos, sueldos que no alcanzaban, la gente empezó a migrar– y ese déficit democrático, que veníamos arrastrando, se profundizó. Ese error, esa visión meramente centrada en sólo un pedacito de la foto, termina por pasar factura».
Recuerda Lusverti que el ser humano es un sujeto con un conjunto de dimensiones y su desarrollo tiene que ser integral.
«De nada nos sirve tener un nivel de ingreso altísimo per cápita si esa persona no tiene el derecho de decir lo que quiere, a participar en elecciones libres, a viajar, a recibir educación, salud o a organizar un sindicato».
Desde el punto de vista pragmático, el abogado también destaca que el desarrollo económico necesita de desarrollo político y democrático, es decir, de Estado de derecho, «que son las reglas del juego claras para todos: independencia judicial, elecciones libres, transparencia y rendición de cuentas».
«Se puede tener mucho desarrollo económico con un Estado completamente opaco fiscalmente. Eso también lo hemos visto (…) Un buen ejemplo es la forma como se planteó la Reforma a la Ley de Hidrocarburos, los déficit democráticos siguen estando allí. Apareció de la nada, tuvo un proceso de consulta chucuto. ¿Qué va a pasar con esos recursos? ¿Dónde va a estar la contraloría social? ¿Dónde va a estar la rendición de cuentas por estos contratos de asociación productiva que se inventaron? Este es un problema histórico de transparencia, que es un prerrequisito para la participación, uno de los principales antídotos contra la corrupción».
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Las virtudes venezolanas
Carlos Lusverti también reflexionó sobre el ánimo que existe en la sociedad venezolana, de acuerdo a las informaciones que el CDH-UCAB recaba de la vasta red de ONG con las que coopera, así como de los resultados de la encuesta PsicoData que levanta la Escuela de Psicología de esta universidad.
Por eso, no duda en afirmar que «este es un país profundamente esperanzado».
«Si yo tuviese que elegir dos virtudes de la venezolanidad, yo rescataría esta vocación por la esperanza, pero también la solidaridad de la gente. Situaciones como las que hemos transitado en estos veintitantos años ponen a prueba eso, y la sociedad lo ha venido superando. Después del 28 de julio de 2024, la sociedad sufrió un shock, un trauma colectivo que se tradujo en un retraimiento por prudencia, por seguridad, por miedo. Sin embargo, la desconfianza que pudo haber derivado de eso no se convirtió en un elemento que neutralizó esa vocación por la esperanza y la solidaridad. Lo que sí generó es que los círculos se hicieron más restringidos, porque el aparato autoritario que generó esa situación sigue en funcionamiento».
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El trabajo colaborativo seguirá siendo el norte del CDH-UCAB
Egresado como abogado de la UCAB en el año 2001, Carlos Lusverti tiene un diploma de estudios avanzados en Derechos Humanos, además de una especialización en Derecho del Trabajo y una maestría en Filosofía.
Con una larga trayectoria docente y de investigación en la universidad, se ha desempeñado como jefe de la línea de Educación en DD.HH. del CDH, como coordinador de los programas de Postgrado de la Facultad de Derecho en la misma área y como coordinador en Venezuela del Programa Regional Interuniversitario de DD.HH. que llevan adelante la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL) y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Este programa es responsable de un diplomado que se ha dictado de forma ininterrumpida desde hace más de 20 años.
A la luz de su experiencia, el investigador pone de relieve que el CDH-UCAB es el primer Centro de DDHH «que combina la rigurosidad de la investigación académica para la actuación práctica en incidencia, en activismo y en educación de derechos humanos» y que su plan de trabajo es «seguir reforzando este trabajo histórico que ha permitido que el Centro sea un referente».
Recuerda que, además de asuntos como migración y refugio, esclavitud moderna, sistema de protección internacional, educación en derechos humanos, libertad de expresión y participación ciudadana, el Centro tiene una línea de investigación sobre justicia transicional «que aunque es una de las líneas más jóvenes, en este contexto va a ser de especial importancia en los meses por venir».
Entre otros desafíos que identifica para el CDH, Lusverti identifica los derivados de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, que al mismo tiempo que plantean retos éticos, también son medios para facilitar la educación, la participación ciudadana y el acceso a la investigación con grandes cantidades de datos.
Apunta que el Centro también atiende temas «que nos aproximan a las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús y nos alinean con la encícilica del papa Francisco en materia medioambiental».
«Como jefe de la línea de Educación en DDHH ya habíamos empezado a hacer trabajo colaborativo con otras unidades de la UCAB con actividades de extensión, capacitación, formación, tanto puertas adentro como hacia nuestra acción de la Extensión Social, con actividades en el Parque Social y Santa Inés con las comunidades que son atendidas por la UCAB aquí en Caracas como en la sede de la UCAB en Puerto Ordaz», precisa.
Finalmente, Lusverti destaca que el Centro de Derechos Humanos de la UCAB seguirá siendo parte de distintas redes académicas y de la sociedad civil, tanto venezolanas como internacionales, con el fin de seguir cumpliendo los objetivos con los que nació en 1999.
«Se trata de favorecer ese trabajo y que el Centro pueda contribuir a dar herramientas a colegas de sociedad civil y comunidades para organizarse, reclamar y ejercer sus derechos en plena ciudadanía. Esto implica trabajo colaborativo con las comunidades tradicionales de la universidad, pero también con otras universidades internamente e internacionalmente».
♦Texto: Elvia Gómez/Fotos: Mafer González y Manuel Sardá
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