Escrito por Luis Lauriño, profesor e investigador de la UCAB, «El hombre que enterró a Marx. Rómulo Betancourt: anatomía de una revolución sin fusiles (1945-1948)» se distancia de la historiografía tradicional para desentrañar la visión económica que alejó al expresidente de la República del comunismo de sus años juveniles y lo llevó a introducir en Venezuela una democracia liberal, con el petróleo, la industrialización y el consenso como motores y cementos institucionales
«Betancourt demostró que nuestra única maldición no era el crudo en el subsuelo, sino el cretinismo de no haber inventado antes la política para gobernar». Con estas palabras presentó el educador e industriólogo Luis Lauriño, profesor investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la UCAB, su más reciente investigación, publicada por el sello editorial de la universidad, abediciones.
El hombre que enterró a Marx. Rómulo Betancourt: anatomía de una revolución sin fusiles (1945-1948) es una obra que su autor quiere situar «lejos de las hagiografías que insisten en verlo como un padrecito providencial».
Durante el bautizo del texto, celebrado el 23 de abril en el marco del Día Internacional del Libro, Lauriño adelantó que su trabajo, tesis con la que obtuvo el doctorado en Historia por la UCAB, «no es una biografía complaciente» y que «estudia al personaje en su propio proceso histórico, confrontando sus hechos a sus propios propósitos».
Asimismo, quiere que los venezolanos tengan presente «lo que fuimos capaces de construir cuando dejamos de alucinar con paraísos ideológicos y nos pusimos a diseñar seriamente una república».
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Betancourt y su «terquedad de político de nación»
De acuerdo con Luis Lauriño, El hombre que enterró a Marx… presenta «las bases para la introducción, sostenimiento y fortalecimiento de un sistema liberal democrático (…) la fórmula de la teoría del poder de Betancourt, lo que él mismo llamó la revolución democrática».
Este proceso hizo que un país que era «el niño pobre del vecindario» (analfabetismo del 57,2%, 80% de población rural en condiciones de higiene deplorables, salarios de 5 centavos de dólar por hora en el sector petrolero), alcanzara para 1980 «el PIB per cápita más alto de América Latina, aproximadamente 17 mil dólares, superando a potencias como Argentina y Brasil», un índice Gini de desigualdad de los más bajos de la región y una de las monedas más fuertes del mundo por décadas.
«Betancourt se nos revela como el artesano de una normalidad improbable. No fue la suerte del ruletero afortunado, sino la terquedad de un político de nación, como lo llamara Manuel Caballero, que decidió que el petróleo debía ser cemento institucional y no sólo embriaguez rentista», expresó al público congregado en uno de los salones del edificio Cincuentenario del campus Montalbán.
Lauriño describió algunos hallazgos fundamentales de sus más de 15 años sumergido en los documentos personales de quien fuera presidente de la junta cívico militar que gobernó Venezuela entre 1945 y 1948, y primer mandatario nacional entre 1959 y 1964.
Explicó que este libro trata «de dejar en evidencia cómo el pensamiento de aquel adolescente marxista evolucionaría hasta enterrar a Marx», mediante la superación de «los dogmas ideológicos y las rigideces de esta doctrina», para desenterrar «la política con P mayúscula, creando un modelo donde el partido no era sólo el cerebro de una clase en guerra, sino que se convertía en el agente catalizador de un proyecto nacional profundamente democrático. Ahí radica su importancia y con ellos su vigencia».
«Lo que observé en aquel archivo se podía traducir en una suerte de fórmula de progresión matemática política. El consenso para la transformación de los factores de producción, para Betancourt, conducía inevitablemente al equilibrio de ese poder entre Estado, trabajo y capital. Y ello, a su vez, conducía a la estabilidad económica, lo cual, a su vez, conducía al aumento de la producción y con ello a la reducción de las desigualdades y el consecuente incremento del nivel de vida de los ciudadanos y el engrosamiento de la clase media».
Una «lectura acuciosa de la transformación venezolana»
Las palabras de presentación del libro estuvieron a cargo del exrector de la UCAB e individuo de número de la Academia Nacional de la Historia, Luis Ugalde, S.J., quien escribió el prólogo.
«El profesor Lauriño nos ofrece, más que una biografía de Rómulo Betancourt, una lectura acuciosa de esa transformación venezolana, en la que destaca Betancourt como el máximo líder de la democratización y de la expresión y conducción política a los profundos cambios económicos, sociales en la Venezuela naciente», dijo Ugalde.
Invitó a leer esta investigación porque, a su juicio, ofrece «la llave a una comprensión más ajustada de lo que es la Venezuela contemporánea».
«Quien lee el libro tiene el privilegio de asomarse al balcón donde se presencia el desfile de millones de hombres y mujeres que, provenientes de nuestro mundo rural y de muchos países del mundo, va a formar un país urbano desconocido (…) Nos agrada que sea hoy un investigador de la UCAB, y la editorial de la UCAB, quienes nos presenten este itinerario y esta extraordinaria obra de Rómulo Betancourt, que es un poderosa y bien sustentada iluminación del medio siglo donde nació una Venezuela trepidante que contrasta con la que languidecía en la década de los años 20», dijo el sacerdote.
Ugalde contó una anécdota sobre la única vez que el expresidente de Venezuela visitó la actual sede de la UCAB. Relató que Betancourt estuvo en el velorio del padre Manuel Pernaut, S.J., fallecido en 1976.
Explicó que Pernaut «fue en los años 60, quizás, el economista que, con más elocuencia y pedagogía, guio en los medios de comunicación social en la comprensión y justificación de las duras medidas» que debió tomar Betancourt durante el turbulento período presidencial que condujo tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
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Del marxismo teórico al pragmatismo económico liberal
En 2020, la editorial abediciones publicó una primera investigación de Lauriño, titulada Rómulo Betancourt. El diseño de una república. La configuración de las bases socioeconómicas y políticas para el desarrollo de la democracia social en Venezuela 1928-1945, donde presentó a un hombre mundialmente pionero en la comprensión moderna de las relaciones industriales.
En este nuevo volumen, el autor vuelve a poner el foco en el tema económico como centro del análisis del legado de Betancourt. En el ensayo introductorio del libro, el profesor advierte que un análisis de la obra integral del expresidente de la República solo puede completarse «cuando se reconoce, entre otros, su rol como diseñador económico, como ideólogo de la industrialización y como artífice de la estructura social moderna«.
«Su verdadera dedicación y su desvelo se encontraban en los temas de la producción, el desarrollo industrial y la diversificación económica de Venezuela, como aspectos subsidiarios y condicionantes del desarrollo democrático del país. El Betancourt que emerge de este análisis ,más que un político dogmático, se revela como un economista pragmático y un visionario de la arquitectura social y democrática de la Nación», escribe.
Durante la presentación en la UCAB, Lauriño usó la fotografía de la portada de su nueva obra para ilustrar al público la idea de cómo concibió los períodos analizados:
En la primera parte del texto aborda el recorrido ideológico de Betancourt, que se mueve (en la foto) de izquierda a derecha, es decir, desde el marxismo teórico de sus años estudiantiles y militante comunista (en las décadas del veinte y treinta) hacia el liberalismo democrático y económico de su vida política posterior.
«Antes de 1928 no existía la política, existía la guerra o el silencio», dijo Lauriño, quien atribuye a Betancourt y a la generación de venezolanos que lucharon contra el gomecismo el logro de «bajar del caballo de las montoneras y mudar la lucha de los cuarteles a las calles de la ciudad».
«El orden gomecista creó la estructura y Betancourt y los suyos se encargaron de darle alma de nación», creando un partido de oposición que el industriólogo definió como «una criatura extraña: un partido con disciplina leninista, pero sin doctrina marxista».
En la segunda parte de la obra, Lauriño se enfoca el trienio 1945-1948, período que surgió del derrocamiento del presidente Isaías Medina Angarita y que unió en gobierno a civiles y militares, y que constituyó la primera experiencia de poder de Betancourt.
«El trienio y su herencia son la prueba de que el éxito de los países no es un designio de los dioses ni una fatalidad geográfica, sino el resultado de haber bajado a Venezuela del caballo para sentarla, por fin, a la mesa de la negociación colectiva y el consenso», dijo el autor.
Para el investigador, los tres años de la Junta Revolucionaria de Gobierno que condujo Betancourt serían el «ensayo» de lo que, una década después, pondría en marcha al frente de la Presidencia de la República, como «el hombre que viene de enterrar a Marx» vestido de levita en su toma de posesión, en 1959.
«Este es el retrato de quien sabe que puede retomar el proyecto nacional ensayado en el trienio» y de ponerlo en práctica «corregido y mejorado», reflexionó el profesor aludiendo nuevamente a la fotografía de portada de su libro.
La «ingeniería del cambio» para «dar el salto a la modernidad»
Según Lauriño, la evolución del expresidente de Venezuela ofrece dos opciones al observador: o es «un demente extraviado» o es «un genio político capaz de inventar una realidad donde otros sólo veían un destino fatal».
Explicó que lo que ejecutó Betancourt fue una ingeniería del cambio para dar «el salto a la modernidad (que) no sería un azar del destino petrolero, sino un diseño de ingeniería política y económica, puesto en marcha en el laboratorio del trienio».
Para eso, afirmó, el dirigente político adeco se basó en cuatro pilares: el Estado como motor productivo, la defensa del capital humano, un proyecto nacional consensuado y la reinterpretación de la siembra del petróleo.
«Betancourt alejó la idea de que la riqueza sólo venía de la tierra (…), aquella visión estrictamente fisiocrática de Adriani y Uslar Pietri, utilizando el crudo para financiar, simultáneamente, la electrificación, la infraestructura, la manufactura y el campo, pero también la educación, la vivienda y la salud», enfatizó.
Remarcó que el legado del expresidente «no es una leyenda para el mármol de los panteones, sino una brújula para los vivos», y que la experiencia de su vida deja la certeza de que «la democracia sólo es irreversible cuando el conflicto deja de ser una guerra civil de cuartel para convertirse en un contrato social inclusivo».
Más de 600 páginas y seis grandes capítulos de investigación
El libro El hombre que enterró a Marx. Rómulo Betancourt: anatomía de una revolución sin fusiles (1945-1948) está constituido por 619 páginas y un total de seis grandes capítulos, en los cuales el autor desarrolla su tesis.
Además de la revisión y el análisis de documentos, el volumen incluye un glosario básico de términos, así como algunas referencias teóricas que ayudan al lector a comprender la mirada que ofrece Luis Lauriño.
La obra, que forma parte de la colección «Letra viva» de abediciones, ya está disponible en librerías de Caracas y otras ciudades del país.
♦Texto: Elvia Gómez / Fotos: Manuel Sardá
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