El investigador del IIH-UCAB sostiene que las razones históricas, así como los antecedentes sobre límites geográficos a favor de Venezuela en la reclamación del Esequibo, constituyen sólidos argumentos que deben integrar una política de Estado coherente en la disputa territorial con Guyana
El pasado 17 de febrero se conmemoraron 60 años de la firma del Acuerdo de Ginebra, tratado tripartito que, en 1966, suscribieron Venezuela, Gran Bretaña y el Gobierno de la entonces Guayana Británica, el cual reconoce la legitimidad de la reclamación de Venezuela sobre los 159.542 km² que integran la Guayana Esequiba, una extensa área geográfica más allá de la delimitación de los estados Delta Amacuro y Bolívar, y promueve una solución satisfactoria para las partes en conflicto.
Seis décadas después, y en vísperas de la audiencia oral ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el juicio por la demanda sobre la soberanía del Esequibo que introdujo la República Cooperativa de Guyana –prevista para el 4 de mayo– el especialista en geografía histórica e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello (IIH-UCAB), Claudio Briceño, considera que «es clave ver la reclamación del Esequibo con una mirada geohistórica» para adecuar la política exterior de Venezuela.
“Tenemos razones históricas para esa reclamación y a veces eso se olvida. Los venezolanos deberíamos tener más conciencia de que no es poco territorio: son 159.500 km², 74% de lo que hoy es Guyana. No es algo sencillo, pero al ver la historia de este proceso, que nos llevó a la firma del Acuerdo para resolver la controversia entre Venezuela, Gran Bretaña y la Guayana Británica, es el elemento histórico el que le da relevancia”, explicó Briceño a El Ucabista.
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Los aportes del IIH-UCAB a la reclamación sobre el Esequibo
El Acuerdo de Ginebra representó un avance para convenir medios de solución pacífica en la disputa territorial sobre la zona en reclamación del Esequibo y reivindicar la postura de Venezuela en torno a la nulidad del Laudo de París de 1899, fallo de un tribunal de arbitraje que otorgó al Reino Unido 90% del territorio en disputa.
«El elemento histórico en el Acuerdo lleva a eliminar esa percepción que había de que el Laudo era cosa juzgada y que no se iba a discutir. Venezuela lo considera nulo, Gran Bretaña en un principio no, pero el Acuerdo establece que entonces vamos a sentarnos a discutir«, agregó Briceño.
Llegar a ese punto fue el resultado de la confluencia de diversos esfuerzos de investigación. Entre ellos figuran los realizados por dos sacerdotes jesuitas, fundadores del IIH-UCAB: los padres Pablo Ojer (oriundo de Navarra, España) y Hermann González Oropeza (caroreño).
En particular, González Oropeza logró una recopilación documental fundamental, a principios de los años 50, tras revisar en archivos y bibliotecas en Gran Bretaña, lo que le permitió cotejar fuentes, adquirir y revisar mapas, así como libros, periódicos, y consultar a diversos expertos.
El dominio sobre el tema y la sistematización del conocimiento de los dos jesuitas fueron tales que, en 1963, el entonces presidente de la República, Rómulo Betancourt, los nombró como asesores de la Cancillería venezolana en el proceso de reclamación sobre el Esequibo.
«A partir de 1963 se inician en Inglaterra unas reuniones de expertos y entre esos estaban el padre Oropeza y el padre Ojer. Fue por sus investigaciones, entre 1953 y 1954, que los buscaron: eran los que sabían del hecho histórico de esa reclamación. Es lo que hoy en día nos falta. Yo no veo que en esta reclamación tengamos verdaderos expertos que estén en nuestras comisiones. Yo llamo la atención sobre eso«, advirtió Briceño.
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La continuidad del Acuerdo de Ginebra tras la independencia de Guyana
Antes de la firma del Acuerdo de Ginebra, en 1966, los británicos contrariaban la existencia de una problemática fronteriza entre Inglaterra y Venezuela sobre los límites con la Guayana británica, acotó Briceño.
«Venezuela buscó una salida pacífica proponiendo con el Acuerdo un mecanismo de tres fases: comisiones mixtas, mediación y arbitraje internacional. Todo eso lo logró gracias a los trabajos de los padres Hermann González Oropeza y Pablo Ojer, quienes con un informe como expertos el 18 de marzo de 1965, expusieron detalladamente los títulos venezolanos en la Guayana Esequiba y el sumario de la controversia; los vicios del Laudo Arbitral de 1899 y la oposición venezolana ante dicho Laudo«, explicó el investigador.
Sólo tres meses después de la suscripción del convenio, el 26 de mayo de 1966, Gran Bretaña reconoció la independencia de Guyana. Venezuela no se opuso, pero no desistió del reclamo territorial.
«Desde 1962 Venezuela lleva a la ONU el problema de la reclamación. El representante de Venezuela en la ONU, que era Carlos Sosa Rodríguez, es quien lleva en febrero del 62 este reclamo y (cuatro años después) dice que Venezuela no está en desacuerdo con la independencia de Guyana, pero que tiene una reclamación territorial histórica que se debe resolver de manera amistosa y equitativa. Ya desde entonces la posición venezolana era la de resolver la disputa de manera pacífica y equitativa para ambos países«, recordó Briceño.
La necesidad de una política de reclamación coherente
En un pronunciamiento del pasado 17 de febrero, el Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (Covri), centro de pensamiento sobre las principales dinámicas y debates internacionales, apuntó que, luego de seis décadas, la aplicación por etapas del Acuerdo de Ginebra para resolver la controversia por el Esequibo –compuesto por ocho artículos– denota que «la diplomacia improvisada del Poder Ejecutivo fue vencida por la diplomacia guyanesa, la cual logró persuadir a dos secretarios de la ONU para que remitieran la controversia a la Corte Internacional de Justicia».
A modo de balance histórico, el profesor Claudio Briceño considera que en Venezuela «no hemos tenido una coherencia real en la política de reclamación territorial».
«Tuvimos un primer momento galopante, digamos, a partir del 66. En los primeros años de la comisión mixta del Acuerdo, Venezuela tuvo una política exterior, tanto en el gobierno de Betancourt como de Leoni, que fue agresiva en torno a la reclamación. Pero Venezuela no ha tenido una coherente política de Estado con la reclamación territorial desde la década de los 80. Eso no puede ser. Tiene que haber una política coherente. Guyana tiene una política exterior coherente«, agregó.
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«No ir a la Corte Internacional de Justicia sería un error»
A propósito de la conmemoración del 60 aniversario de la firma del Acuerdo de Ginebra, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, afirmó en un pronunciamiento que el país sólo reconoce este convenio como instrumento para resolver la disputa del Esequibo y que jamás renunciará a sus derechos y títulos históricos sobre este territorio que, dijo, «es y será parte de la integridad territorial de Venezuela».
«El único camino posible para la solución de la controversia territorial es establecer definitivamente una negociación de buena fe, para hacer efectivo el arreglo práctico, aceptable y satisfactorio para ambas partes al que se comprometieron en el Acuerdo de Ginebra”, sostuvo Rodríguez, que, en agosto de 2025, siendo vicepresidenta, señaló que Venezuela no aceptaba la jurisdicción de la CIJ como espacio para resolver el diferendo.
Para el historiador Briceño, «no ir a la Corte Internacional de Justicia sería un error«, aunque insistió en la vigencia del Acuerdo de Ginebra. Remarcó la necesidad de despojar la lucha territorial por el Esequibo de cualquier tinte ideológico.
«Es fundamental tener conciencia de la historia territorial del país. Hay una correlación importante, desde el punto de vista geográfico e histórico, que la estipulaba el padre González Oropeza: la interrelación de las cuencas hidrográficas del Orinoco y del Esequibo, ríos que pertenecían a Venezuela. Ya desde la Gran Colombia, de 1819 a 1830, se establecía que su límite era el Esequibo», precisó el investigador de geografía histórica.
Varios internacionalistas han dicho que la reclamación del Esequibo es el tema más delicado de la política exterior venezolana en la era contemporánea, una situación que plantea interrogantes cuyas respuestas, aseguró Briceño, serán determinantes a partir del 4 de mayo, en el proceso que se retome en la CIJ.
«Este es un conflicto que tiene una percepción geohistórica. Es fundamental saber cuál es la estrategia que se va a aplicar en este tiempo. Guyana introdujo una demanda en la Corte. ¿A quién va a mandar Venezuela y cuál va a ser la estrategia? Es importante que los venezolanos sepamos eso«, insistió Briceño.
♦Texto: Jesús Abreu Mena/Fotos: Manuel Sardá
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