A 20 años de la entrada en vigencia de Ley de Servicio Comunitario del Estudiante de Educación Superior, el director de la unidad responsable de esta materia en la universidad afirma que, desde el principio, la aplicación de esta normativa «fue completamente natural, porque ya teníamos los servicios de la Clínica Jurídica y de Psicología Escolar». Actualmente, la UCAB implementa el uso de la inteligencia artificial en las inducciones a los 800 estudiantes que, cada año, ponen en práctica sus conocimientos y competencias para beneficiar a las comunidades
El próximo mes de septiembre se cumplirán 20 años desde que comenzó a aplicarse la Ley de Servicio Comunitario del Estudiante de Educación Superior, aprobada un año antes por la Asamblea Nacional.
La norma establece la obligatoriedad de que los alumnos de pregrado de las universidades del país cumplan 120 horas de trabajo comunitario, repartidas en un lapso de tres meses a dos años a partir de la mitad de su formación, como requisito para obtener su título.
Los programas, proyectos o servicios en los que se involucren debe apuntar a la solución de problemas reales, respondiendo a su perfil académico y profesional.
«En 2005, cuando se aprobó la ley, nosotros ya hacíamos servicio comunitario», afirma Francisco Coello, director de Servicio Comunitario de la UCAB, quien prepara un libro, junto con la coordinadora de la dirección, Yaneth Manoche, donde se recopilan las dos décadas de labor social ucabista tras la entrada en vigencia del instrumento jurídico.
«Si uno ve los estatutos de la UCAB, dice que esta universidad tiene que ser agente de cambio social. La idea de la responsabilidad social ya había sido interiorizada desde nuestra fundación. Para nosotros, la exigencia de la ley fue completamente natural porque ya teníamos los servicios de la Clínica Jurídica y de Psicología Escolar, ambas materias promovidas por dos personas emblemáticas en la UCAB: el padre Luis María Olaso y el padre Luis Azagra», indica el sociólogo.
Recuerda Coello que, de la mano del jesuita José María Vélaz y voluntarios ucabistas, en 1955 se fundó la primera escuela de Fe y Alegría, «el proyecto educativo más revolucionario de Hispanoamérica» y la «transnacional más importante de Venezuela».
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800 estudiantes en servicio comunitario cada año
La Dirección de Servicio Comunitario, adscrita al Vicerrectorado de Identidad, Desarrollo Estudiantil y Extensión Social, coordina sus actividades con la Dirección de Extensión Social, que se encarga de que los ucabistas en formación desplieguen, desde el Parque Social «Manuel Aguirre, S.J.», sus conocimientos en las comunidades populares aledañas a los campus de Caracas y Guayana.
Sin embargo, la potencialidad del servicio comunitario de la UCAB va más allá y se expande a la atención de necesidades e iniciativas del sector privado, ONG, instituciones y fundaciones, entre otras organizaciones que solicitan el conocimiento y dedicación de los ucabistas.
Los estudiantes también pueden presentar sus propias ideas de responsabilidad social, siempre y cuando cubran las exigencias de la ley, entre otras, que no impliquen proselitismo político ni religioso y pongan en práctica los conocimientos y competencias de sus carreras.
En los últimos años, después de la pandemia, en promedio son unos 800 estudiantes los que cumplen este servicio en los dos semestres académicos de cada año, precisa Yaneth Manoche.
Cada escuela de la UCAB tiene, en su plataforma, un banco de proyectos y programas al que pueden acceder los alumnos una vez se les habilita tras la inducción que reciben.
Del mismo modo, desde la Dirección de Servicio Comunitario buscan en las fundaciones e instituciones necesidades que puedan ser atendidas. «También hay algunos que andan detrás de nosotros», añade Manoche.
Soluciones concretas a problemas reales
En dos décadas, son muchísimas las soluciones que los ucabistas han dado a problemas concretos a través del servicio comunitario. Coello y Manoche mencionan algunas que, a su juicio, han tenido gran impacto social.
Además de iniciativas permanentes como el servicio de Clínica Jurídica de la Escuela de Derecho o los programas de robótica educativa y de reforzamiento escolar del Centro de Innovación Educativa (CIED) de la Extensión Social, los profesores rememoran el Proyecto Especial Amazonía de la UCAB Guayana y el programa Comuni-MOIT de la Escuela de Ciencias Sociales, modelo de la OIT que acercó a los estudiantes de bachillerato conocimientos sobre el mundo de los derechos del trabajo. También han existido varios planes en la Escuela de Administración y Contaduría, entre ellos el de Finanzas Plateadas.
Con la Escuela de Ingeniería Industrial hubo una intervención en la parroquia San Agustín del Sur (Caracas), que incorporó a estudiantes de Educación y Comunicación Social. Diagnosticaron algunos problemas, entre ellos, el manejo de desechos sólidos. Diseñaron unos «ecocarritos» y un plan para incentivar la clasificación de los desechos para su reciclaje y generar dinero para la comunidad. Esto abarcó también asesoría sobre cómo combatir la imagen negativa de la zona y atraer visitantes a sus espacios culturales.
Por su parte, la Escuela de Economía ha desarrollado una experiencia sobre economía para niños, mientras que el Centro de Innovación y Emprendimiento ha incorporado en sus diversas iniciativas, a lo largo de los años, a estudiantes que cumplen su servicio comunitario.
Otro proyecto que escaló, hasta convertirse en programa, fue uno de la Escuela de Comunicación Social para aprovechar el tiempo de espera de los pacientes que acuden al Centro de Salud Santa Inés (CSSI) de la UCAB y proyectarles en las pantallas videos con información especializada sobre salud y bienestar.
También en el Centro de Salud Santa Inés se puso en práctica un plan muy exitoso, con la Escuela de Ingeniería Informática, para recibir y asignar las citas médicas a través de mensajería telefónica. Esto ha sido solicitado para ser será replicado por el Hospital San Juan de Dios.
Más recientemente, Fundahígado, una ONG que se ocupa de ofrecer atención para enfermedades hepáticas, solicitó el apoyo de la UCAB. Estudiantes de Comunicación Social, Informática y Telecomunicaciones, partieron de cero y ahora les manejan sus redes sociales y les ayudan a sistematizar el control de las donaciones de órganos.
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Una ley flexible que incorporó a todos
El profesor Coello recuerda que la Ley de Servicio Comunitario desarrolló un principio incorporado en la Constitución de 1999. Junto con el actual vicerrector de Identidad, Desarrollo Estudiantil y Extensión Social, Néstor Luis Luengo, se abocó con un equipo muy pequeño a estudiar la aplicación de lo que era entonces una novedad.
La ley tuvo la virtud –dice– de que se consultó con todos los sectores involucrados y que permitió que cada universidad hiciera su propio reglamento.
«La ley fue lo suficientemente flexible para que nadie quedara por fuera. Había el temor de que nos pusiéramos una camisa de fuerza o que fuera un reglamento tan laxo que no regulara nada. Nosotros consultamos el borrador de nuestro reglamento con todo el mundo: directores, facultades, movimiento estudiantil, Centro de Salud Santa Inés, empleados, etc. Todo el que tenía algo que ver con la responsabilidad social de la UCAB fue consultado. Todo se fue incorporando progresivamente, hasta que el reglamento pasó de los Consejos de facultades hasta el Consejo Universitario. Fue una experiencia muy ucabista, porque todo el mundo estuvo involucrado. Y eso se llevó al Ministerio de Educación para su aprobación».
Después vinieron los ajustes organizacionales y la designación de un coordinador responsable por cada escuela. Más adelante, se aprobó el Reglamento de la Extensión Social Universitaria donde se insertó (capítulo V) lo relativo al Servicio Comunitario.
«Así como no queríamos una camisa de fuerza para las universidades, tampoco para nosotros. El reglamento era lo suficientemente flexible como para que cada escuela se sintiera ahí adaptada y esa flexibilidad ha permitido que no haya habido cambios significativos», dijo Coello.
Cuando entró en vigencia la ley, los ucabistas que se estrenaron con la normativa mostraron algo de resistencia —relata el director del Servicio Comunitario— porque el término «comunitario» estaba estigmatizado políticamente y algunos creyeron que era una forma encubierta de adoctrinamiento.
Aclarados los propósitos, los estudiantes de la UCAB tuvieron «un incentivo de conveniencia», dice Coello.
«El servicio comunitario es una experiencia de pasantía profesional, sólo que la hacen en una comunidad o en una institución social; pero se hace con las mismas características y el mismo profesionalismo. Es como hacer dos pasantías y en términos de enseñanza/aprendizaje es valioso; pero también está el atractivo de que en muchos países, sobre todo en los anglosajones, el servicio comunitario es muy valorado y eso le da al currículo un valor adicional».
Inducciones al servicio comunitario con la IA
Cuentan Coello y Manoche que recientemente han atendido invitaciones de la Universidad Central de Venezuela y del Instituto Pedagógico de Caracas para que la UCAB les comparta sus buenas prácticas en la gerencia de este tema y, sobre todo, en el uso eficiente de los recursos.
«Creo que nuestro éxito proviene de que cada quien tiene una función, y dentro de cada rol damos lo mejor para que el servicio funcione con calidad. En otras universidades están tan dispersos que no saben cómo caminar y quieren que nosotros seamos su guía. Nosotros hicimos una presentación hace poco en la UCV y vimos que lo que nos ha distinguido, nuestra ventaja, es que ya teníamos camino andado y mucho de lo que hemos logrado se lo debemos al apoyo de los aliados», sostiene Manoche.
Otro asunto en el que la universidad destaca es en la automatización de procesos, con el fin de recabar indicadores y estadísticas.
En 2023, la UCAB aprobó su «Decreto Rectoral sobre las políticas generales relacionadas con el uso de la inteligencia artificial (IA) en las funciones universitarias» que establece las acciones estratégicas para aprovechar esta tecnología en los procesos pedagógicos, labores, de investigación y proyectos de extensión universitaria.
Alineada con el mandato rectoral, la Dirección de Servicio Comunitario está incorporando la IA en el entrenamiento de los estudiantes. En esto, el Centro de Investigación, Innovación y Desarrollo Académico (CIIDEA) es un acicate.
«Estamos presentando una propuesta de llevar las inducciones a la realidad virtual, porque ya en los tres años anteriores hemos estado redimensionando el curso para los estudiantes en todo lo que surge en materia de estrategias pedagógicas innovadoras. La automatización de los cursos de inducción ha sido laboriosa, un esfuerzo titánico. Ahora, queremos automatizar la gestión del servicio comunitario. Eso tiene de ventajoso que se les ha reducido mucho la carga a los coordinadores de Responsabilidad Social Universitaria de cada escuela, que son quienes coordinan pasantías y tesis», relata Coello.
Yaneth Manoche es la que conduce las inducciones que se dan al principio de cada semestre, paso previo para que los estudiantes inicien el proceso, luego de que se les aprueba su proyecto.
La docente es una entusiasta del uso de esta tecnología y pronto espera que quienes empiezan con la experiencia conozcan lo vivido por otros ucabistas, y que ese relato les llegue con videos generados con IA.
«Queremos que cuenten su experiencia y que eso sea referencia, motivación y guía para los que toman la inducción (…) Ahora, con la IA y la realidad virtual, queremos que los estudiantes se pongan unos lentes y visualicen el escenario que encontrarán en las comunidades y los muchachos comenten cómo ha sido su experiencia y sus retos en el servicio comunitario. Además, que los profesores les indiquen cuáles son los pasos que deben seguir cuando se haga un proceso de intervención en una comunidad y que el estudiante, desde el aula, se pueda sumergir en esa realidad», explica.
La coordinadora agrega que, gracias a la automatización, la Dirección también está elevando la calidad de la información que maneja, pues puede filtrar si de verdad los programas y proyectos se ajustan a los objetivos de la ley y si se cumplen las competencias de la carrera en ese servicio comunitario.
«Nosotros venimos de un proceso donde el coordinador del servicio comunitario de las escuelas nos enviaba una lista de estudiantes y nosotros vaciábamos eso en un archivo Excel y con eso nos íbamos al aula. Ahora tenemos un sistema amplio automatizado donde los estudiantes ingresan y se inscriben a través de Zona U. A nosotros nos aparece la información en un sistema que combina tres plataformas: Ellucian, Banner y el reporte Argo». Ahora, yo, en el mismo sistema Workflow, les confirmo la asistencia, les asigno la encuesta, ellos ingresan por Secretaría y el sistema les carga la aprobación de su servicio comunitario».
Con el foco puesto en el futuro cercano, Francisco Coello tiene expectativas positivas sobre los requerimientos que podría recibir la UCAB para sus estudiantes, pues cree que si se reactiva el flujo de recursos para la atención de la emergencia humanitaria compleja que vive Venezuela, eso podría implicar mayor demanda de acompañamiento de Cáritas y de organizaciones de la Iglesia católica coordinadas en la RASI.
Los interesados en postular a su organización para trabajar con el servicio comunitario ucabista pueden escribir al correo electrónico [email protected] o llamar al número de teléfono 0212-407-4578.
♦Texto: Elvia Gómez / Fotos: Manuel Sardá
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