En la segunda edición de esta actividad, organizada por varias dependencias de la universidad, estudiantes de la Academia de Moda UCAB exhibieron piezas creadas a partir de textiles reciclados. Además, varios expertos analizaron el rol de la industria del diseño en el desarrollo sustentable

Un desfile de moda sostenible tuvo lugar, el pasado 19 de mayo, en el aula abierta de reciclaje de la UCAB, como parte de la «Pasarela Circular 2026. El derecho a vestir sostenible».

En el evento, 13 estudiantes de la Academia de Moda UCAB (ADM) presentaron piezas diseñadas y confeccionadas bajo los principios de reciclaje creativo y cero desperdicio.

La actividad, que se realizó por segundo año consecutivo, fue organizada por la ADM en colaboración de la Dirección de Sustentabilidad Ambiental, la Dirección de Egresados, las escuelas de Derecho y Economía, el Centro de Innovación y Emprendimiento (CIE) y la empresa Ama de Casa.

El desfile fue la culminación del trabajo de varias semanas de los alumnos, que tenían el reto de crear ropa y accesorios a partir de retazos de toallas y convertirlos en productos textiles de valor.

Como incentivo, un jurado de especialistas premió el mejor trabajo y otorgó dos menciones especiales. 

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Pasarela circular: moda con propósito

Según explicó la directora de la ADM UCAB, Vanessa Farina, la Pasarela Circular se enmarca en la visión pedagógica que tiene la unidad, que busca preparar a sus egresados con competencias que van más allá de las técnicas de diseño.

“En la Academia de Moda no solo queremos formar diseñadores en el arte creativo, sino que queremos formar futuros empresarios de la moda con un propósito”.

Por eso, Farina pidió a los asistentes al desfile observar los productos con mirada crítica y consciente.

“Los invito en esta pasarela a cuestionar la moda, a hacerse preguntas como de dónde viene, con qué lo hacen, cómo lo hacen, a dónde va, porque para cambiar esas respuestas, nuestra respuesta es la educación”.

Antes de mostrar sus piezas, cada alumno habló de su colección en un pitch de tres minutos, en el que explicó la inspiración detrás de su trabajo y el proceso de materialización.

Las propuestas, que destacaron por la variedad de colores y texturas, abarcaron desde chalecos, suéteres, vestidos y sobretodos, hasta complementos como bolsos y sombreros. 

Los jóvenes dijeron basarse en conceptos relacionados con sus historias personales, hobbies, vivencias y lugares de origen.

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Premiando creatividad y sostenibilidad

El jurado estuvo conformado por Tony Daza, comunicador social de la UCAB y columnista de moda; Daniela Pérez, líder de Desarrollo de Producto de Ama de Casa; Gabriel Santana, licenciado en Estudios Liberales y fundador del Taller Neo, y Franci Arias, diseñadora de moda.

La evaluación se enfocó en la narrativa, las ideas, la innovación, la conexión entre pieza y accesorio, la utilidad, entre otros aspectos. En general, los jueces elogiaron la creatividad, el cuidado del detalle y la calidad de los trabajos mostrados.

Como ganadora del «Premio Moda Circular» fue seleccionada Isabela Cuomo, quien obtuvo una beca para una formación corta en la Academia de Moda UCAB y la exposición de su pieza en los espacios de UCAB Shop.

Además se otorgaron las menciones especiales “Mente creativa”, que consiguió Abril Calabokis, y “Gestión sostenible”, concedida a Emma Marchan. Ambas jóvenes recibieron como premio kits con productos de empresas patrocinantes del evento.

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Moda circular naranja: reciclaje y cultura como propuesta de negocio

Además del desfile, la Pasarela Circular 2026 de la UCAB incluyó un foro, moderado por la directora de la Escuela de Derecho, María Lidia Álvarez, en el que varios expertos ofrecieron sus reflexiones académicas sobre el rol de la moda en el desarrollo sostenible, a través de sus implicaciones económicas, jurídicas y medioambientales.

La economista Patricia Hernández trató el tema “Moda circular naranja: De residuos a valor cultural”. La doctora en Desarrollo Territorial Sostenible hizo énfasis en el significado de la economía naranja, modelo de producción y consumo que se basa en la reducción, el reciclaje y la reutilización de recursos.

“La economía circular es la utilización de los residuos para generar nuevos productos, pero va más allá, debemos pensar en el diseño del producto que efectivamente reduzca los desperdicios. Lo que pretende este modelo de negocio circular y naranja en la industria textil es preservar el ambiente y desde el punto de vista económico, generar oportunidades de negocio sustentable, subrayó.

La también exdirectora de la Escuela de Economía de la UCAB sostuvo que, más allá de los materiales con que se confeccionan las prendas, la moda circular y naranja implica incorporar otros criterios de preservación cultural. «No es solo utilizar material de reciclaje, es incorporar la identificación del territorio, la cultura, los saberes ancestrales, porque hay que darle un valor agregado a la propuesta de negocio. Que esa prenda tenga un componente histórico y patrimonial, y que los consumidores esten dispuestos a pagar por él», dijo.

Alertó sobre la necesidad de cambiar los hábitos de consumo en torno a la moda. Citó estadísticas según las cuales la población usa un producto durante un tiempo 36% menor al que lo utilizaba anteriormente. «Esto significa que una prenda normal que podía utilizarse durante un año, ahora se desecha antes. Esto tiene implicaciones en términos de impacto ambiental».

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La «ley francesa» y los acuerdos por la moda sostenible

Desde la óptica jurídica, la profesora Ninoska Rodríguez, directora del Postgrado de la Facultad de Derecho de la UCAB, conversó sobre “Moda, propiedad intelectual y la noción de apropiación”.

Explicó que la industria del diseño está vinculada con los derechos fundamentales, entre ellos el derecho a la cultura, al trabajo y el derecho a la propiedad intelectual de sus creadores.

Coincidió con la economista Patricia Hernández en que se requieren acuerdos multisectoriales para hacer posible una moda sostenible. Refirió el caso de Francia, país que, en 2025, aprobó la primera ley «anti fast-fashion» o contra la moda desechable.

Entre otras medidas, la norma establece un sistema de puntuación ecológica que mide emisiones, uso de recursos y reciclabilidad de las prendas que se fabriquen o vendan en esa nación, y penaliza con multas, impuestos y prohibiciones de comercialización a quienes no cumplan los estándares.

«Necesitamos protocolos entre la moda y la economía, entre la moda y las comunidades, entre las comunidades y la industrias, y esos acuerdos son los que van a hacer posible replicar esa Ley Francesa, que propone menos destrucción y más reciclaje, para que una prenda pueda convertirse en esa pieza que pasa de generación en generación, que recircula como mercancía, para evitar los daños que sabemos que esta industria (la moda) puede ocasionar».

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Detener el daño ecológico de la moda

Finalmente, Joaquín Benítez, director de Sustentabilidad Ambiental de la UCAB, se enfocó en “El poder del diseño: la hoja de ruta da sustentabilidad”.

En sus palabras, aseguró que “la industria de la moda tiene un altísimo potencial de trabajar sus problemas ambientales desde el diseño” y precisó que se debe poner el foco en los materiales que están ocasionado daños ecológicos.

“La consecuencias de que haya microplásticos en el ambiente se están conociendo y una de las fuentes de microplásticos son tejidos hechos con poliéster, que se van desgastando y los van generando».

El ingeniero e investigador se refirió a la vida útil de las prendas de ropa y la responsabilidad que tienen los diseñadores y productores  de crear para la longevidad y la circularidad.

«Actualmente estamos en el mundo del fast fashion (moda rápida), entonces la vida útil de las prendas también juega un papel importante en términos de sostenibilidad. Se estima que 80% de la ropa termina incinerada en vertederos y su vida útil no es muy larga”, puntualizó Benítez.

En este sentido, el profesor compartió algunas recomendaciones para que creativos de la moda trabajen con base en el desarrollo sostenible.

«Hay que alargar la vida útil de los materiales y las prendas, hacer selección consciente de materiales, trabajar con sellos y certificaciones que garanticen características sostenibles en los tejidos y trabajar con optimización del patronaje, con herramientas del diseño apoyadas en informática que generan menos desperdicios», insistió.

♦Texto: María Alejandra Fernández/Fotos: María Fernanda González 


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