Experto mundial en DD.HH.: «No puede haber una reconciliación política que excluya a la sociedad»
Comunicaciones UCAB
La Dirección de Proyección y Relaciones Comunitarias de Extensión Social UCAB inició un ciclo de charlas sobre la reconciliación en Venezuela. El primer invitado fue Carlos Martín Beristain, uno de los expertos más reconocidos en la investigación de violaciones de derechos humanos y especialista en reparación psicosocial de víctimas de guerras y conflictos
Venezuela está viviendo, justo ahora, un proceso político y social que se mueve entre «la confusión, la perplejidad, el malestar, el dolor y el odio», y los venezolanos tienen que encontrar un camino, con la participación de toda la sociedad organizada, a nivel nacional y local, que debe ir preparando desde ya sus demandas para empujar, desde abajo, que se abran las puertas al reconocimiento de la verdad, la dignidad y los derechos de todas las víctimas por igual, sean del sector que sean.
Esta es una de las reflexiones principales que compartió Carlos Martín Beristain (Bilbao, 1959) como aporte a la inquietud de los venezolanos.
«Antes de llegar a un acuerdo hay que hacer ese trabajo que ponga qué van a discutir allá. En Venezuela eso tiene que pasar por la sociedad (…) El peor escenario es quedarse esperando a ver qué pasa. Si están esperando que haya condiciones, nunca las va a haber. En mi experiencia, las cosas las hemos hecho cuando no se podían hacer».
Médico y doctor en Psicología, Martín participó el 9 de junio en la conferencia que abrió el ciclo «¿Es posible la reconciliación en Venezuela?», organizado por la Dirección de Proyección y Relaciones Comunitarias (DPRC) de la Extensión Social UCAB, que se extenderá hasta el 3 de julio con una charla semanal.
Adle Hernández, directora de Extensión Social, y Eduvigis Sánchez, de la DPRC, dieron la bienvenida al encuentro e invitaron a los dirigentes comunitarios presentes en el auditorio Francisco José Virtuoso, en el Centro Cultural UCAB, a aprovechar el conocimiento del visitante.
«El intento de olvido impuesto tiene efectos retraumatizantes»
Martín Beristain, catedrático en la Universidad de Deusto (País Vasco), es considerado uno de los mayores expertos mundiales en la investigación de violaciones de derechos humanos, especialista en reparación psicosocial de víctimas de guerras y conflictos, y consultor para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Ha asesorado, participado u observado procesos en América Latina (Guatemala, Perú, Paraguay, Ecuador, Colombia, El Salvador y México), África (Kenia, Congo y Sáhara Occidental) y España (víctimas de ETA y del Grupo Antiterrorista de Liberación, entre otros).
Durante dos horas compartió sus experiencias con el público y respondió preguntas de los asistentes, entre ellas, la del provincial de la Compañía de Jesús, Alfredo Infante, S.J. y la de Eduardo Soto Parra, S.J., exdirector del Servicio Jesuita a Refugiados de Venezuela.
Advirtió el invitado sobre la tentación de poner sobre las espaldas de las víctimas el peso de la reconciliación, cuando ese peso debe caer sobre los perpetradores que tienen que admitir sus responsabilidades.
«El intento de olvido impuesto tiene efectos retraumatizantes psicológicamente y el perdón impuesto se convierte en un nuevo impacto. Ese no es el camino», alertó.
Insistió en que es fundamental que haya atención a las víctimas, justicia, reparación y garantías de no repetición para que «la palabra reconciliación no se convierta en fetiche, en una retórica que trate de ocultar otras cosas».
Se refirió a los casos en los que la memoria histórica «está atada por el miedo a hablar» y, por eso, deben abrirse «espacios de confianza para poder rescatar los testimonios de las víctimas como un elemento de la reconstrucción».
También señaló que, con frecuencia, las demandas de las víctimas suelen verse como un estorbo.
No se puede imponer reconciliación sobre la base de un control político
El conferencista dejó claro, al empezar su exposición, que hablaría de sus experiencias en otros países. En el caso venezolano no ve todavía que exista una transición política ni tampoco cómo se producirá, pues el país está presentando «características especiales».
Sí adelantó que debe producirse un acuerdo político entre los partidos existentes, pues, «sin eso es muy difícil, pero no puede haber una reconciliación política que excluya a la sociedad, tiene que haber una reconciliación política que ponga las bases para estos procesos (…) No se puede imponer un proceso de reconciliación sobre la base de un control político».
Citó el caso de España, donde las víctimas de la dictadura de Francisco Franco «se quedaron en la cuneta de la historia» tras los Pactos de la Moncloa en 1977, «y, 30 años después, todavía siguen reclamando eso».
Afirmó que el modo cómo se dé el proceso de transición en Venezuela marcará el resto del desarrollo, tal y como ha sucedido en los casos conocidos por él. También insistió en la construcción de un lenguaje que permita hablar en un sentido constructivo.
Comentó similitudes y diferencias entre países que dependen de la duración del ciclo de violencia o del régimen autoritario, qué tanto ha penetrado la polarización en los diferentes niveles de la sociedad, cómo eran las relaciones entre los nacionales de esos países antes de que se iniciara el problema y si los procesos de reconstrucción y reconciliación vinieron de arriba hacia abajo o viceversa.
Mencionó que en Guatemala, cuatro años antes de que terminara la guerra, grupos sociales se organizaron en la Asamblea de Sectores Civiles que empezó a preparar la agenda, de modo que al final se hablara de lo que la sociedad quería que se hablase.
«Cuando se termina un conflicto o está en procesos de terminarse un conflicto, como es el caso de Colombia, hay que lograr un nuevo consenso político, pero las conflictividades no se acaban. Que haya un proceso de reconciliación o de reconstrucción del tejido social no quiere decir que las conflictividades se acaben, lo que hay que acabar es la manera cómo se ha enfrentado la conflictividad social, la violencia, la represión, la violación de los derechos humanos en un régimen autoritario o una guerra. Eso tiene que cambiar».
«Para que haya futuro posible es fundamental reconstruir las relaciones fragmentadas»
Carlos Martín Beristain recalcó que la reconciliación —(re)conciliación, como pone en sus láminas— «no se trata de volver a una cosa que fue, se trata de construir unas nuevas bases para la convivencia». Pero para que «haya futuro posible es fundamental reconstruir las relaciones fragmentadas», dijo.
También aclaró el experto que el término reconciliación no significa lo mismo para todos los involucrados.
«¿Qué es para las víctimas la reconciliación? Cuando hablamos de reconciliación es muy importante no quedarnos en los tópicos. Para mí hay un sentido clave de la reconciliación y le apuesto a eso: reconstruir las relaciones sociales fracturadas».
Otro aspecto clave que mencionó Martín es «cómo se quiebra la polarización social». Previno sobre la dificultad que encuentran quienes quieren tener una opinión independiente, «cuando la visión de la realidad termina siendo en dos extremos irreconciliables entre sí, blanco o negro, no hay matices, o te apuntas allá o te apuntas acá».
El experto comentó que cuando la violencia social penetra más el tejido social —como fue el caso de los indígenas en Guatemala que se convirtieron al paramilitarismo y atacaron a sus propias comunidades— las relaciones se fracturan más, lo que genera enormes dificultades para reconstruir la convivencia después.
Luchar contra el «no se puede hacer nada»
Para el experto español también forma parte de la ecuación de cualquier proceso de reconciliación «la conversión moral» que, según el experto, cuando ha sucedido es en los sectores más bajos de la sociedad.
«Eso va a pasar, pero no es el modelo. Sucede en un 1%, probablemente».
Recordó el caso de Guatemala, donde muchos miembros de las defensas civiles organizadas por el ejército acudieron a la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) «motivados por la culpa, venían casi a confesarse, a tratar de reconciliarse consigo mismos. Ahí había un proceso de conversión moral, pero la mayoría jamás se sintió culpable».
Sobre la reparación a las víctimas, afirmó que «hay cosas irreparables, como una vida», pero es fundamental que se diseñe una política en ese sentido.
El psicólogo llamó a luchar contra la impotencia y la idea de que «no se puede hacer nada».
«La impotencia es la peor enfermedad. Pensar que los malos son muy malos y que no hay nada que hacer es lo peor. Hay que apostarle a una transformación de eso y hay que sostener esa esperanza. Yo les estoy contando procesos que no son fáciles, que son tremendamente dolorosos, que han sido brutales y, sin embargo, son sociedades que están tratando de salir de eso. Hay que buscar un lenguaje que nos permita hablar de manera constructiva».