La UCAB continuó su ciclo de charlas sobre reconciliación, esta vez con las exposiciones del director de Identidad y Misión de la universidad, César Muziotti, S.J., y del maestro budista Densho Quintero, quienes abordaron la dimensión espiritual en los procesos de reconstrucción social. Ambos recomiendan trabajar el perdón y la sanación para poder proyectar a la comunidad las posibilidades de reunificación, pero manteniendo viva la memoria, que es lo que impide repetir los ciclos negativos
Este 16 de junio se realizó la segunda conferencia que forma parte del ciclo «¿Es posible la reconciliación en Venezuela?», iniciativa de la Dirección de Proyección y Relaciones Comunitarias de la Extensión Social de la UCAB, a cargo de Eduvigis Sánchez, que tiene previsto continuar hasta el 3 de julio, cuando le tocará el turno al rector Arturo Peraza, S.J.
En esta oportunidad, las ponencias estuvieron a cargo del párroco universitario y director de Identidad y Misión, padre César Muziotti, S.J., y del maestro misionero de la escuela Soto Zen del Japón, Densho Quintero, quien se conectó, vía Zoom, desde su natal Colombia.
Ambos abordaron la dimensión espiritual en los procesos de reconstrucción social.
Al encuentro en el Centro Cultural UCAB asistieron, además de miembros de la comunidad ucabista, representantes de la Red Educativa San Alberto Hurtado, líderes comunitarios de La Vega y seguidores en Caracas del maestro budista, con los que hubo un tiempo para las preguntas.
Durante dos horas, los expositores intercalaron sus reflexiones enmarcadas en las vivencias de los países respectivos, sometidos ambos a convulsiones sociales.
Sus argumentos resultaron muy coincidentes, especialmente en el aporte que desde la individualidad se puede y se debe hacer para allanar la ruta hacia la recuperación del tejido social fracturado.
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«Tenemos que creernos la posibilidad de la reconciliación»
El párroco de la UCAB hizo un análisis de la situación global del país y señaló que «no es solamente una crisis macroeconómica, de hiperinflación, que no mejora ni siquiera por lo que haya ocurrido en los últimos meses, ni de un colapso de los servicios públicos (…) ni siquiera una mera fractura institucional política. Es, en su raíz más profunda, una crisis antropológica y espiritual, porque en los últimos veintitantos años hemos normalizado la invisibilidad del otro».
Afirmó, sobre el tema central que los convocó, que «nadie espera que ocurra una reconciliación sin justicia, pero tenemos que creernos la posibilidad de la reconciliación, porque hay países que han tenido pasados mucho peores que el nuestro y entendieron que sin escucharse no podían dialogar y que sin dialogar no podían reconciliarse y reconstruir. Todo pasa por el reconocimiento del otro y por el uso de las palabras que pareciera que nos estamos dejando quitar».
El educador y sacerdote jesuita insistió en que «es absolutamente necesario retomar el diccionario de lo bueno en las relaciones. A medida que el oponente usa las palabras valiosas, las eliminamos de nuestro vocabulario y eso es terrible para el futuro de toda sociedad».
«Como la palabra ‘diálogo’ nos recuerda a Noruega o Cuba, entonces odiamos la palabra diálogo. Si, luego, viene la palabra ‘reconciliación’, usada también por el otro lado, entonces tampoco nos gusta la palabra reconciliación. Ahora, a principios de año, se habló de la ‘peregrinación por la paz’, que terminó hace poco, y también ahora no nos gusta la palabra paz. Entonces, nos vamos dejando robar el diccionario de lo que nos vincula, porque odiamos toda palabra que se use con fines no políticos —que sería lo positivo—, sino con fines partidistas, que es muy distinto a hacer política».
Preservar la memoria y participación ciudadana son claves
Muziotti dejó claro que para personas que han sufrido «es absolutamente válido sentir rabia, absolutamente válido sentir frustración e impotencia, estar desoladas y tristes», pero que cuando se invita a perdonar, no es para estar de acuerdo con el otro ni tampoco para olvidar lo sucedido.
«Nadie está llamando al olvido, por eso es absolutamente necesario hacer memoria de lo ocurrido. Muchas sociedades que han superado terribles momentos, luego han construido centros de memoria y recuerdo para poder formar en el vínculo, no para fortalecer las diferencias, porque eso aún nos crea un abismo mayor».
Siguiendo con el caso venezolano, el jesuita hizo un recuento rápido de algunas cosas que han estado sucediendo en el país después del 3 de enero, que implican cambios en políticas gubernamentales que apuntan hacia aperturas económicas y judiciales, de las que se informan pocos detalles a los ciudadanos, que siguen como espectadores.
«Todo eso está funcionando, pero falta una pata: el pueblo. ¿Dónde está la ciudadanía participando allí? Nosotros todavía no estamos, públicamente, diciendo lo que pensamos. Todavía no hay mesas de trabajo que uno diga: ‘Mira, la gente se está reuniendo y puede decir al aire libre lo que piensa para reconstruir’. Y no digo que sea para criticar, sino para reconstruir o para sentirnos partícipes de algo», reflexionó-
Sobre el papel que tiene la UCAB en el acontecer nacional, Muziotti se distanció de afirmaciones que hablar de que la Universidad Católica Andrés Bello «es una burbuja» respecto de la realidad.
«Nosotros no hemos dejado de existir en el compromiso que tenemos con tantas comunidades y con tantos ámbitos de extensión social y de justicia en nuestro país. La universidad no puede ser una burbuja porque no es un lugar donde unos pocos privilegiados se refugian, mientras el país se desmorona afuera. La universidad ha sido, por el contrario, un laboratorio donde se diseña el país que soñamos y nos vinculamos a tantas comunidades que tienen su expresión aquí mismo, en este lugar. Los que somos adultos, jóvenes o líderes sociales aquí presentes, hoy somos el puente de esa realidad que no es una burbuja».
Perdonar no implica validar la acción nociva
El maestro misionero de la escuela Soto Zen destacó la importancia de trabajar en una espiritualidad donde reconozcamos nuestra interconexión con todo. Mencionó cuatro claves para lograrlo: la generosidad, la palabra amorosa, la acción bondadosa y el reconocimiento del otro, que es fundamental para trabajar juntos.
Entre otras recomendaciones, Densho Quintero compartió una oración que apunta a desarrollar el amor benevolente, así como habló de la importancia de «trabajar sobre nosotros mismos para sanar la aflicción que deja la violencia y, desde esa transformación interior, proyectar nuestras acciones para participar activamente en la reconstrucción de una sociedad de paz, justa y compasiva».
Quiso dejar claro que las enseñanzas budistas no implican, al invitar a perdonar, que se busque «estar de acuerdo con lo que la otra persona hizo, no implica validar la acción nociva de alguien ni justificarla. Lo que hacemos desde la perspectiva del perdón es desvincularnos, no permitir que lo sucedido nos siga afectando».
Insistió en «quitarle poder a la emoción» y a entender que el dolor emocional causa males físicos y enfermedades que pueden hacerse muy graves. «El Buda no sólo habló de las causas internas del sufrimiento, también reconoció causas externas como la pobreza, la desigualdad, la injusticia, el terrorismo y los desastres naturales».
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Combatir el odio en uno mismo y conectarse con el otro
Explicó enseñanzas de Buda para combatir el odio en uno mismo, puesto que darle cabida a ese sentimiento «es como tratar de coger un carbón encendido para tirárselo a la otra persona o es como tomar veneno y esperar que le haga daño a los demás».
Quintero, además, exhortó a «cambiar el ojo que ve el mundo» ante la imposibilidad de cambiar al mundo mismo.
«Es muy importante ver cómo nos relacionamos, qué producimos y cómo podemos transformarnos para no seguir repitiendo los mismos esquemas (…) Es muy importante que reconozcamos el daño que hemos producido en nosotros y en otros seres y que no olvidemos. Y esto tiene que ver también con la memoria de la historia de un país, de una sociedad. No podemos repetir los mismos esquemas, porque tenemos el riesgo de quedarnos girando en una rueda, como el hámster, por eso no podemos olvidar. No se trata de aferrarnos a lo que hicimos como víctimas o tratar de estarnos castigando por lo que hicimos, porque esto tampoco tiene sentido; pero sí estar atentos a no reproducir los mismos esquemas».
Quintero habló del peligro de las «ideas fundamentalistas» por las que muchos han estado dispuestos a matarse y pidió probar, para poder comunicarnos con otros, «abrirnos a otras posibilidades».
«Por muy buenas que sean nuestras ideas, por maravillosas que nos parezcan, siempre habrá alguien en el mundo que piense completamente diferente y también tiene la razón, porque cada uno de nosotros ha construido su propia realidad a través de sus experiencias, sus sensaciones. Entonces, cada ser es absolutamente un universo individual, único, irrepetible. Y, sin embargo, todos, todos estamos interconectados».
♦Texto: Elvia Gómez/ Fotos: Elvia Gómez (apertura) y Estefanía Rodríguez (internas)
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