Durante la eucaristía oficiada para honrar a los fallecidos y afectados por los recientes sismos, la máxima autoridad de la UCAB pidió a los venezolanos no rendirse ante el dolor de la tragedia y trabajar unidos para reconstruir la planta física y social del país. «Pongamos el compromiso de que nunca más se nos caiga el edificio de Venezuela«, dijo
Autoridades, profesores, estudiantes y trabajadores de la UCAB se unieron en oración durante la misa que, este 1 de julio, realizó la universidad para honrar a los fallecidos, afectados y damnificados a consecuencia de los sismos del pasado 24 de junio.
Ante las más de 600 personas que colmaron el Aula Magna del campus Montalbán y los ucabistas de la sede de Guayana conectados vía Zoom, el rector Arturo Peraza, S.J., encabezó la ceremonia religiosa, acompañado por el provincial de la Compañía de Jesús, Alfredo Infante, S.J., y otros sacerdotes que hacen vida en la casa de estudios.
Infante inició la eucaristía pidiendo a los asistentes, visiblemente conmovidos por la catástrofe natural, ponerse a disposición ante la presencia de un Dios misericordioso, aun con «el corazón herido, pero también lleno de fuerza, de fe y esperanza».
“Invocamos su amor misericordioso para renovar nuestro corazón, nuestra fe, y le pedimos perdón por tanto pecado que hay también en estos momentos en nuestro país, tanta negligencia, tanto descuido, en medio de tanta solidaridad y de tanto bien. Pero reconozcamos también el daño que el pecado ha ido haciendo en nuestro país y confiemos en esa misericordia de Dios para que nos dé la gracia y la fuerza de reconstruir nuestro país”, exhortó el sacerdote jesuita y vicecanciller de la universidad.
Además de pedir a Dios por el descanso de los fallecidos y la salud de los heridos, la ceremonia fue una oportunidad para reflexionar sobre los aprendizajes que ha dejado la tragedia.
Durante la homilía, el rector Arturo Peraza fue enfático en señalar que, tras la catástrofe natural, la meta de los venezolanos no es solo atender la emergencia, sino asumir el compromiso de “levantar la nación” y reconstruir el tejido social que “está totalmente destruido”.
El abogado y politólogo destacó que el país no puede rendirse ni paralizarse ante el dolor. Invitó a la sociedad civil, y en especial a las universidades y a la comunidad ucabista, a actuar como un «faro» que trace las líneas de un nuevo camino, uniendo voluntades sobre las bases de la justicia, la verdad y la reconciliación.
“¿Cómo reconstruir un país en donde el lobo pueda habitar con el cordero? Para lograr esa paz necesitamos un mundo en donde haya justicia y reconciliación, basado en la verdad. Necesitamos reconocernos juntos como venezolanos con un solo cometido: rehacer nuestro país, rehacer la institucionalidad, rehacer la democracia, hay que construir las bases”.
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Los sismos como parábola física: «Se nos cayó la institucionalidad»
A partir de la metáfora bíblica de los discípulos en altamar, Peraza señaló que, ante la magnitud de la reciente tragedia, puede surgir la pregunta colectiva de «¿Dónde está Dios?» cuando la tormenta arrecia y parece que Jesús está dormido en la barca.
Advirtió sobre el riesgo de que los venezolanos se dejen dominar por el miedo y que la fe se vuelva un «fantasma».
Explicó, además, que existe hoy una «sensación colectiva de que es demasiado” lo que ocurre, dado el efecto acumulativo del sufrimiento nacional. Recordó que, desde antes del terremoto, la sociedad venezolana “lleva tiempo cargando con muchísimo dolor, frustración, miedo, golpes que, si no son políticos, son económicos, son sociales. Es decir, una y otra vez la gente está tratando de levantar algo”.
Para el jesuita, el sismo es la parábola física de una quiebra institucional: “Esos edificios que se cayeron son símbolos de lo que se nos cayó hace rato en nuestro país; se nos cayó la institucionalidad, se nos cayeron las estructuras base”.
Parte de esa destrucción de los «lazos sociales» explica, a su juicio, por qué no funcionaron los sistemas para atender la emergencia o las dificultades que han tenido voluntarios y organizaciones de la sociedad civil, incluyendo la UCAB, para articular y “trenzar” esfuerzos con el Estado y sus instituciones oficiales.
No obstante, el rector Arturo Peraza comentó que esta catástrofe abre una oportunidad de enmendar el rumbo, tanto en lo arquitectónico como en lo civil.
Advirtió que La Guaira y el resto del país deben ser reconstruidos sobre la base de lo aprendido, evitando la amnesia histórica. “No podemos volver a repetir lo que ya había en 1999 como un error repetido en el año 2026, porque se vuelve a construir donde no se debe ni de la forma que se debe«, dijo tras rememorar la tragedia ocurrida en el estado Vargas, hace 27 años, a consecuencia de las lluvias, y el manejo político que se hizo entonces.
“Volvamos a reconstruir de nuevo como se debe y como se tiene que construir. Pero eso que uno tiene que reconstruir en la planta física tenemos que reconstruirlo en la planta social».
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Convertir el duelo en acción
En su mensaje, el rector celebró la solidaridad del venezolano y, en particular, de la comunidad ucabista. Reconoció las distintas iniciativas que está poniendo en marcha la universidad para atender a los afectados por el terremoto, aun en medio del dolor y la pérdida que también han golpeado directamente a profesores, estudiantes y trabajadores de la institución.
Para explicarlo, describió un episodio del que fue testigo en el centro de acopio de insumos instalado en el campus.
«Había un momento en que había que parar porque alguien se enteraba del fallecimiento de un compañero y había que parar, aunque sea un minuto, a darse un abrazo y volver a comenzar a cargar cajas, porque había que cargar cajas. Y la verdad es que creo que el dolor lo pasamos sobre la base de decir: ‘tenemos que seguir y construir lo que tenemos por delante'».
En este sentido, Peraza reivindicó el papel histórico que la universidad tiene en este momento y recordó que el país entero observa a la Academia en busca de respuestas.
“Nuestra universidad, las universidades, tenemos un rol fundamental en reconstruir el sueño de este país. Y créanme, la sociedad venezolana tiene los ojos puestos en los estudiantes y en las universidades como su campo de esperanza. Y nosotros, como universidad católica, necesitamos mirarle los ojos a Dios y preguntarle: ‘Señor, ¿por dónde va el camino? ¿Cómo hacemos para reconstruir en verdad a este país, aun cargando con el dolor que cargamos?'».
Concluyó con un llamado a tener claro el horizonte común y a que, «junto con el dolor de los nombres, las personas, las familias y las historias que vamos a poner, pongamos el compromiso de que nunca más se nos caiga el edificio de Venezuela».
♦Texto: Grace Lafontant León/Fotos: Manuel Sardá










