La profesora investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UCAB defiende la necesidad de incluir a niños, niñas y adolescentes como agentes activos en la gestión de riesgo. Destaca que la escuela debe ser el núcleo de la resiliencia comunitaria y la recuperación socioemocional, luego de una catástrofe
La participación infantil es un principio consagrado en la Doctrina de la Protección Integral. No se trata de una concesión que de manera discrecional e indulgente le otorga el mundo adulto a los niños, niñas y adolescentes (NNA).
Al menos en Venezuela, desde 1998, los NNA son considerados sujetos de derechos. En ese sentido, el derecho de las infancias a ser escuchadas y tomadas en serio constituye uno de los valores fundamentales de la Convención Sobre los Derechos del Niño y la adecuación legislativa de este tratado internacional es el origen de nuestra Ley Orgánica para la Protección de Niños Niñas y Adolescentes (LOPNNA). Esta ley, en su artículo 80, les consagra el derecho a opinar y a ser oídos, en articulación con otra serie de derechos vinculados tales como el derecho a la petición, a la asociación y a la manifestación.
Por su parte, el Comité de los Derechos del Niño, en su Observación general N° 12 [1], subraya que el derecho de los NNA a ser escuchados no pierde vigencia en situaciones de crisis o posteriores a una crisis y que, por el contrario:
“… Existe un conjunto de pruebas cada vez mayor de la contribución importante que pueden hacer los niños (…) en los procesos de reconstrucción después de las emergencias (…) se debe alentar y facilitar la participación de los niños afectados por emergencias en el análisis de su situación y sus perspectivas de futuro. La participación de los niños los ayuda a retomar el control de su vida, contribuye a la rehabilitación, fomenta las aptitudes de organización y fortalece el sentimiento de identidad. Sin embargo, es necesario tener cuidado de proteger a los niños de la exposición a situaciones en que probablemente resulten traumatizados o afectados.
(…)Por ejemplo, se puede estimular a los niños de los campamentos de refugiados a hacer una contribución a su propia seguridad y bienestar mediante el establecimiento de foros de niños. Es necesario prestar apoyo para que los niños puedan establecer esos foros, procurando a la vez que su funcionamiento sea consecuente con los intereses superiores de los niños y su derecho a la protección respecto de las experiencias que los puedan afectar”.
No se trata de una visión idealista e inalcanzable en un momento trágico del país. Todo lo contrario. Lo que se debe hacer es un llamado de atención para reconocer el protagonismo y las capacidades de los NNA quienes, para sorpresa de algunas personas, suelen trascender la visión asistencialista con la que todavía son asumidos y demostrar el potencial de empoderamiento ciudadano que encierran y evidencian tener.
En esa línea, extendemos palabras de orgullo y reconocimiento para todos los niños, niñas y adolescentes que han demostrado tanta entereza y tanto temple, en los eventos que nos ha tocado vivir desde el 24 de junio de este año.
(LEER TAMBIÉN: GUÍA JURÍDICA PARA PROTEGER A NIÑOS Y ADOLESCENTES QUE QUEDARON SOLOS TRAS LOS SISMOS)
Experiencias de participación infantil
La narrativa dominante en las catástrofes suele reducir a los NNA como víctimas pasivas. Sin embargo, la experiencia comparada demuestra que este grupo social puede ser agente activo de cambio.
En Lima, desde el 2023, se lanzó el programa «Estemos Preparados» [2], en el que más de 600.000 estudiantes y 20.000 docentes han sido capacitados para identificar riesgos, trazar rutas de evacuación y preparar mochilas de emergencia, convirtiéndose en «héroes en sus familias» al trasladar estos conocimientos a sus hogares.
En Venezuela, iniciativas como las «Brigadas Ecológicas» de World Vision [3] muestran que los NNA quieren participar. La experiencia en colegios de Delta Amacuro está demostrando que la capacidad de prevención de una comunidad comienza en el pupitre. En la actualidad se cuenta con 6 brigadas activas en gestión de riesgo, primeros auxilios y ecología.
Pero más allá de los 78 NNA capacitados, lo que realmente estamos viendo es una transformación cultural. “Cuando un estudiante de primaria domina un protocolo de autoprotección sísmica o sabe cómo reaccionar ante una emergencia, deja de ser un espectador para convertirse en un agente de cambio. No solo estamos impartiendo talleres; estamos dejando capacidad instalada”.
La escuela como núcleo de prevención
La clave del éxito en países que han vivido emergencias (como sismos) ha sido utilizar la escuela como el núcleo central de la preparación. Para Venezuela, esto implica un cambio de paradigma.
No se trata solo de reparar la infraestructura escolar afectada, desde los casos más leves hasta los más graves, sino convertir las escuelas, en la medida de las posibilidades, en centros de prevención comunitaria, en un sentido integral.
Entre las buenas prácticas conocidas se pueden mencionar: programas de formación docente, para capacitarlos en primeros auxilios psicológicos y en metodologías lúdicas para la gestión de riesgos; creación de plataformas digitales con contenido interactivo para que los NNA, tanto en sus casas como en las aulas aprendan sobre preparación ante desastres y planes de emergencia familiares, promoviendo que los niños los elaboren junto con sus familias, uniendo así el conocimiento escolar con el ámbito doméstico.
(LEER TAMBIÉN: BRIGADISTAS DE LA UCAB ORIENTAN A COMUNIDADES SOBRE ACTUACIÓN EN EMERGENCIAS)
Herramientas terapéuticas y corresponsabilidad en la reconstrucción social
El trauma infantil es una de las secuelas más invisibles y duraderas de un desastre. La experiencia de UNICEF a nivel mundial es valiosa promoviendo los llamados «espacios amigables para la infancia«, los cuales son fundamentales porque ayudan a procesar el dolor a través del juego y el dibujo, recuperando de manera progresiva la capacidad de soñar con un futuro.
En estos espacios, la participación infantil no es solo un derecho sino una forma de terapia. Con distintas estrategias lúdicas los NNA no solo expresan sus deseos y su duelo, sino que se convierten en actores de su propia recuperación socio-emocional. En otras palabras, la participación infantil en la reconstrucción post emergencias debe ser entendida como un derecho exigible y una estrategia de salud pública, que amerita una política institucional.
Con base en el principio de la corresponsabilidad, Estado, familias y sociedad, se deben propiciar espacios formales y distintos mecanismos para que acompañemos y orientemos a los NNA, sumarlos en función de su edad, madurez y capacidades al mapeo de daños, la identificación de zonas seguras y el diseño de planes de protección comunitaria a futuro.
Las organizaciones humanitarias (nacionales e internacionales) también deben contribuir a co-crear con los NNA un modelo de reconstrucción donde su voz sea vinculante. La evidencia internacional muestra que cuando los niños participan, toda la comunidad se vuelve más resiliente y preparada para el futuro, porque se acelera la recuperación y se fortalece el tejido social.
(LEER TAMBIÉN: EVALUACIÓN POSTSÍSMICA ES FUNDAMENTAL PARA REINGRESO A VIVIENDAS AFECTADAS, SEÑALA EXPERTO DE LA UCAB)
Prevención de riesgo sistemática y sin dudas
Tal y como se ha evidenciado, la primera respuesta al doblete sísmico en Venezuela ha provenido de las mismas comunidades afectadas, de las cuales los NNA son miembros muy importantes. Por eso, la ciudadanía es el actor más importante a capacitar, sin distinción de edad, sexo, ni ninguna otra variable.
Se debe fortalecer la cultura de prevención del riesgo como una actividad formativa sistemática y sin dudas, con prioridad absoluta, los niños, niñas y adolescentes deben ser los primeros. La formación y promoción de la participación infantil debe darse con base en metodologías adaptadas, amigables y seguras, sobre lo cual abunda literatura especializada.
*Carla Serrano es socióloga y se desempeña como profesora-investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UCAB, en el área de Derechos Humanos de niños, niñas y adolescentes
**Fotos: Gemini IA
[1] Comité de los Derechos del Niño, Observación General Nº 12 (2009): El derecho del niño a ser escuchado, párrafos 125 y 126.
[2] “Estemos Preparados”: https://www.estemospreparadosperu.com/
[3] Brigadas Ecológicas de World Vision: https://es.linkedin.com/pulse/brigadas-ecol%C3%B3gicas-agentes-de-cambio-world-vision-venezuela-dr0ae
