Por iniciativa de la Unidad de Psicología de Extensión Social UCAB, la psicóloga Edith Shiro ofreció recomendaciones para atender los diferentes momentos que viven los afectados por los terremotos del 24 de junio. Explicó que, en estos primeros días, las personas se encuentran en la etapa de «pérdida ambigua» porque, en muchos casos, ni siquiera se ha hallado un cuerpo al que despedir

La Unidad de Psicología Padre Luis Azagra (UPLA) de la Extensión Social UCAB convocó a profesionales de las áreas de salud, psicosocial y comunitarias, así como a estudiantes de carreras vinculadas, al seminario virtual «Del trauma colectivo a la sanación y el crecimiento».

Como invitada participó Edith Shiro, psicóloga clínica egresada de la UCAB, especialista en trauma y crecimiento postraumático, autora del libro «El inesperado regalo del trauma».

El director de la UPLA, el psicólogo Juan Carlos Romero, hizo la introducción y destacó que Shiro es una especialista curtida en este tema y para eso «es necesario una condición humana generosa y compasiva».

Orientación basada en 25 años de experiencia en trauma

La especialista, radicada en Estados Unidos, ofreció una guía para diferenciar las etapas del proceso en marcha. También dio consejos a los cuidadores para que se preserven a sí mismos y reconozcan si no están en condiciones de contener apropiadamente las emociones de otros.

Insistió en no forzar a los afectados a compartir sus historias.

Edith Shiro alertó sobre tener mucho cuidado con las palabras que se empleen durante las intervenciones psicológicas y habló de los beneficios de mover el cuerpo, pues «es más importante de lo que se pueden imaginar».

«Cuando queda el shock del temblor, a veces lo que ayuda es completar el ciclo. Les pido a los pacientes que empiecen a sacudirse, a correr, a dar golpes en el aire. Eso ayuda a que el trauma no se guarde en el cuerpo».

Durante hora y media, Shiro compartió consejos «de lo que sí se puede hacer y lo que no», producto de su propia vivencia personal y la experiencia acumulada en la atención de personas afectadas en situaciones como los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, víctimas de la guerra en Gaza y el colapso del edificio Champlain Towers en Florida, entre otros eventos.

Abordó detalles como, por ejemplo, los disparadores cotidianos del trauma (sonidos, olores, personas, memorias, etcétera) y recomendó minimizar la sobreestimulación con pequeñas medidas, entre ellas, silenciar las alarmas de los teléfonos.

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El trauma es relacional, pero la sanación también

Edith Shiro afirmó que «el trauma es relacional, pero la sanación es relacional también (…) los procesos pueden ser individuales, pero se requiere de la colectividad para sanar (…) Hay circunstancias y emociones que nos unen y eso nos ayuda a sanar colectivamente».

Explicó que un trauma colectivo puede visualizarse como círculos concéntricos, donde las personas involucradas van desde quienes intervienen directamente en la atención en la zona cero, hasta los más alejados, por ejemplo, la diáspora venezolana. Pero todos están afectados, aunque en diferentes grados, aseguró.

 

Al final de su exposición, Edith Shiro llamó a todos los profesionales que están interviniendo directamente en la atención de la situación del terremoto en Venezuela «a que la narrativa sea de esperanza, de cómo de aquí salimos creando y generando construcción, reconstrucción, renacimiento, recrecimiento y reconciliación».

Sobre cómo atender a los niños, comentó que son «mucho más vulnerables e impresionables», pero, al mismo tiempo «tienen una permeabilidad y plasticidad cerebral que en poco tiempo se pueden recuperar».

Recomendó con ellos «usar la imaginación y la creatividad: pintar, saltar, correr, bailar, tocar instrumentos, todo eso ayuda a darles sensación de seguridad y confianza».

 

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Los sismos: otra capa adicional al trauma nacional

«El trauma colectivo tiene que ver con las repercusiones que van a nivel de comunidades, sistemas y es resultado de eventos que afectan a grandes grupos de personas», dijo la psicóloga.

Al margen de si los eventos son grandes –como terremotos o guerras– o no, precisó que «todo lo que te sacude y te rompe tus valores, creencias y expectativas de cómo funciona la vida» es traumático. Describió el trauma como «subjetivo, relacional y contagioso».

Sobre el contexto venezolano en particular, destacó que es muy importante que los profesionales que se abocan a atender a las personas perjudicadas tengan presente que el país hace mucho tiempo está padeciendo traumas colectivos y que el terremoto del 24 de junio sólo añade «otra capa más» a eventos climáticos, pérdidas difíciles y crisis humanitarias.

Invitó a visualizar las capas del trauma nacional, a saber: «individuales, intergeneracionales, históricas, sistémicas, que se van uniendo a esto que pasa ahora».

 

«Cuando existe una sacudida, un dolor, una pérdida (…) se va hilando con traumas anteriores, que tal vez no han tenido un proceso de sanación» y los acontecimientos recientes actúan como disparadores que hacen que las heridas se vuelvan a abrir, explicó Shiro.

Por eso, una mascota muerta en el terremoto se conecta con el fallecimiento de un familiar ocurrido años atrás.

«Cuando suceden estas rupturas, sacudidas, dolores, el sistema psíquico-nervioso-emocional se pone en alerta y entra en programación de supervivencia», lo que activa las respuestas conocidas por los especialistas: luchar, huir, congelarse o complacer/ceder.

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La primera etapa: entender la «pérdida ambigua»

A dos semanas del evento sísmico en Venezuela, Shiro dijo que «recién ahora estamos empezando a ver cómo se ve esa pérdida, ese dolor, ese duelo» y citó a la autora Pauline Boss, que hace 50 acuñó el término «pérdida ambigua», porque, en muchos casos, todavía ni siquiera se ha hallado un cuerpo al que despedir.

«No podemos hablar de duelo ni de pérdida si no se ha terminado de cerrar ese ciclo», recomendó la experta a quienes acudan para acompañar a los afectados. Desaconsejó que, en esta etapa, se intente hacer terapia.

El primer paso es proveer al afectado un espacio seguro, procurar que se calme y cubrir necesidades básicas como agua, comida, abrigo y techo. Alertó sobre lo inconveniente de cualquier intento de contacto físico porque puede disparar procesos retraumatizantes.

En todo caso, si se estima necesario, siempre hay que pedir permiso antes («¿te puedo tomar de la manoۚ?»).  Estos no son momentos para dar consejos, sino de escucha activa, dijo la especialista.

El segundo paso para la atención del trauma es «decirle con mucha claridad: estoy aquí para ti».

«No darle noticias, no exponerla a ruidos, no tratar de arreglarla, no prometer cosas que no existen, no decir que todo va a estar bien. Mantenerse en el momento presente, no hablar de lo que pasó ayer ni de lo que va a suceder mañana», apuntó.

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Normalizar la rutina en ruta a la sanación

Uno de los puntos en los que hizo énfasis la especialista fue en propiciar que los damnificados tengan la oportunidad de tomar sus pequeñas decisiones (qué beber, qué ropa ponerse), especialmente quienes estuvieron bajo los escombros sin poder moverse ni ver la luz.

Tras las primeras semanas después del evento, sugirió buscar normalizar la rutina en ruta a la sanación, empezando por lo simple: comer, dormir, bañarse, caminar.

Shiro también destacó que «cada trauma tiene su validez» y que, por pequeño que parezca en comparación con el sufrido por otros, para el afectado se siente igual de grande.

Por eso, recalcó tener cuidado de no juzgar, criticar o evaluar cuál trauma es más pequeño.

«Antes de seis meses no se da diagnóstico de estrés postraumático, en este período todas las conductas de supervivencia son normales. Lo que hay que procurar es que esas conductas no se queden por más meses. Ese no es momento de terapia, sino de primeros auxilios».

Cuando se avance a la siguiente etapa, destacó que son de gran ayuda los rituales colectivos.

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Trabajar en el «crecimiento postraumático»

Basada en la experiencia que ha acumulado por 25 años en diversas zonas del mundo, Edith Shiro señaló que el trauma colectivo por los terremotos podría llevar a tres situaciones en la población.

La primera es el estancamiento, lo que supone seguir el camino del estrés postraumático, arrastrar los traumas colectivos y «entrar en desesperanza total».

La segunda es la recuperación, que implica transitar el proceso de los terremotos, aplicar las herramientas de resiliencia aprendidas para resolver los problemas y «volver a construir donde estábamos».

Pero la psicóloga llamó a visualizar una tercera, que definió como una oportunidad «posible, real y absolutamente disponible»:

«Que se abra en estas grietas, dentro de tanta destrucción, la posibilidad de reconstrucción, de transformación, de trascendencia a algo completamente distinto, mucho más elevado, más consciente, con mucha más capacidad para crecer. Eso está ahí, es esa transformación del crecimiento postraumático, es un trampolín que nos lleva no a donde estábamos antes, sino a algo diferente y mejor, con más conciencia, intención, con más sentido de pertenencia. Pero tenemos que empezar visualizándolo todos, y eso lo podemos hacer en nuestro trabajo, uno a uno con los que estamos tratando».

♦Texto: Elvia Gómez/Fotos: Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (apertura) y capturas de pantalla (internas)


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