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Inteligencia artificial, educación y ética a la luz de «Magnifica humanitas»

Partiendo de la encíclica del papa León XIV, el rector Arturo Peraza subrayó ante miembros de la comunidad ucabista que «los educadores y las familias tenemos la responsabilidad ética de formar a la gente en el uso de la tecnología». Advirtió que es un problema creer que la IA es objetiva, cuando sus respuestas tienen sesgos algorítmicos que responden al pensamiento de una mayoría determinada

Por iniciativa del Vicerrectorado Académico y del Secretariado de Investigación y Transferencia de la UCAB, parte de la comunidad profesoral y estudiantil se reunió, el pasado 23 de junio, para abordar el tema «Ética, Inteligencia Artificial y la Encíclica del Papa León XIV: ‘Magnifica humanitas’», un primer análisis de la inquietud sobre «¿cómo guiar el progreso tecnológico sin perder de vista nuestra condición humana?».

El ponente fue el rector Arturo Peraza, S.J., quien estuvo acompañado por el vicerrector académico, José Francisco Juárez, y por el director del Secretariado, José Luis Da Silva, que añadió reflexiones propias y condujo el debate posterior durante el segmento de preguntas.

La actividad reunió a directores de centros e institutos de investigación de la universidad, directores de escuelas y de programas de postgrado, así como a profesores de ética y a docentes de las cuatro cátedras institucionales.

Además de escuchar, los asistentes formularon inquietudes sobre cómo afrontar su labor ante el acelerado desarrollo de la IA y conciliar todo eso con los postulados de la Doctrina Social de la Iglesia.

Juárez habló del interés de la UCAB por «reflexionar, profundizar y poner sobre la mesa qué es lo que tenemos que hacer nosotros como estudiantes y profesores, y cuál es el papel que tenemos en la sociedad», a la luz de las reflexiones del papa León XIV, especialmente en el uso ético de la nueva tecnología informática y algorítmica en una universidad confiada a la Compañía de Jesús.

En octubre de 2023, la UCAB aprobó un «Decreto rectoral sobre las políticas generales relacionadas con el uso de la inteligencia artificial (IA) en las funciones universitarias», que se sumó a las directrices incluidas, un mes antes, en la actualización de su Código de Ética de la Investigación.

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Dominar a la IA como se dominó el fuego

José Luis Da Silva invitó a sus colegas investigadores a imaginarse un siglo en el futuro y pensar en cómo serán recordados por el modo en que se afrontará esta coyuntura. Exhortó a «evitar dejarse vencer por el vacío o la ansiedad» ante esta tecnología.

También exhortó a tener muy presente que la tarea de los docentes «no es solamente cultivarnos, sino enseñar a otros a cultivar, y cultivar requiere tiempo».

«Se nos olvida a nosotros en el salón de clase que tenemos que demorarnos en los conceptos, demorarnos en las capacidades, demorarnos en los ejemplos No todo es comida rápida de diez minutos, no todo es nivel de eficiencia, porque a veces, cuando un chico va a la inteligencia artificial para tener una respuesta, es porque va a una velocidad que le imprime la asignatura (…) La causa común es aprender a demorarse y para usar las tecnologías en discursos adecuados hay que formarse».

Da Silva destacó que el ser humano ha sido creador de tecnología desde las primeras etapas de su evolución y es lo que le ha permitido sobrevivir a catástrofes, de modo que la labor de los educadores es enseñar a entender la IA como una herramienta y a conocer sus límites, beneficios y perjuicios.

Insistió en que no se trata de competir con la tecnología actual, «como no competimos con el telescopio, la locomotora o la televisión» cuando se inventaron, sino que se trata de centrarnos en el uso que se le da a la IA, como en su momento se dominó el uso del fuego.

«Es tecnología, todo esto no es más que para seguir vivos en un mundo en el que nosotros no tenemos las ventajas que tienen otros animales para sobrevivir. Lo vivimos en la pandemia, somos muy frágiles, y lo que nos sacó de la pandemia fue la tecnología».

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Cultura del poder o la cultura del amor

Para ubicarse mejor en el contexto del tema a analizar, el rector Arturo Peraza elaboró su presentación con el asistente de investigación inteligente Notebook, creado por Google, que preparó para él láminas, un video y un podcast sobre el contenido de la encíclica analizada, que compartió con el público.

En su exposición, recalcó que la clave de la lectura de la encíclica «Magnifica humanitas» es la dignidad humana y la tecnología es el campo donde se da el problema, que es el paradigma según el cual el ser humano es una mera función y su cuerpo sobra -porque su mente puede redirigirse al universo de datos-, mientras que para el cristianismo el cuerpo humano es un sistema único que juega un papel fundamental en la creación.

«Tú estás en función de… y, por tanto, en la medida que seas eficiente, vales, te quieren, pero en el momento que dejas de ser eficiente, te apartan», reflexionó el conferencista.

«Obviamente, en el paradigma cristiano eso no es posible, porque el valor es absolutamente infinito. Desde el más anciano hasta el más niño, todo el mundo vale bajo el principio de que eres criatura de Dios», abundó.

Alertó que uno de los problemas que enfrenta la sociedad actual es creer que la IA es objetiva, cuando en realidad sus respuestas son algorítmicas, con sesgos cognitivos, que responden al pensamiento de una mayoría determinada y que no puede resolver dilemas morales porque no confronta.

Recordó que la filosofía detrás del Decreto Rectoral ucabista de 2023 «tiene claro que la IA es una oportunidad y es un instrumento con el que hay que trabajar, pero, al mismo tiempo, tiene unos límites que los académicos tenemos que entender, comprender y trabajar».

Habló del «sistema de corresponsabilidad en el ecosistema», que involucra a los desarrolladores y las empresas que deben tener una ética desde el mismo diseño de la IA. «Habría que entender para qué, cómo, por qué, qué puede hacer esa máquina». Pero, al mismo tiempo, «los educadores y las familias tenemos la responsabilidad ética de formar a la gente en el uso de la tecnología. No en si vamos a usarla o no, sino cómo usarla».

También se refirió el sacerdote jesuita a las obligaciones de los Estados y a la gobernanza de la tecnología, que incluso pueden excederlos.

«¿Qué tipo de normas están creadas para regular y dirigir la base de datos, la tecnología, la IA y cómo los ciudadanos tenemos acceso y transparencia frente a ese universo? (…) Y, por último, la Iglesia se ve discerniendo esta realidad y aprendiendo que ella también tiene una obligación ética en este juego».

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Otra encíclica para un cambio epocal

El rector de la UCAB recordó al papa Pío IX y su «Syllabus errorum» en la que el pontífice criticó, en 1884, ideas contemporáneas que consideró peligrosas para el cristianismo.

«El papa (Pío IX) decidió que, como la modernidad tenía un conjunto de conceptos filosóficos inaceptables para el tema de la fe, lo mejor que se podía hacer era condenar todo lo que viniera de la modernidad (…) En esa lista de condena aparecen la electricidad, el tranvía y el universo entero».

En contraposición, el padre Peraza destacó que el papa León XIV, en su encíclica de mayo pasado, «nos pone delante de ese juego ambivalente de un instrumento como la IA (…) Uno puede estar más o menos de acuerdo con las posiciones del papa sobre la ambivalencia de la inteligencia artificial, pero esto (Magnifica humanitas) no es eso (Syllabus) y creo que hay que decirlo».

«Estas observaciones y advertencias que el papa hace se pueden leer con la mentalidad de condena del Syllabus o de otra manera», argumentó Peraza, cuando recordó que el actual pontífice sucedió en número a León XIII, un papa que también vivió un cambio de época (1878-1903) y que decidió tener una posición propia que conocemos como Doctrina Social de la Iglesia, «con la que logra salvaguardar algo que es fundamental: la persona humana», a la que se han ido anexando otras ideas como el desarrollo de los pueblos, el tema de derechos humanos, hasta el más reciente tema medioambiental, dijo Peraza.

«León XIII fue un hombre del siglo XIX que hace que la Iglesia, por primera vez, le dé el frente al tema del cambio de época. Estaban saliendo de ese mundo semiagrícola, feudal, y aparece algo que es fundamental: la máquina (…) Aparece la máquina de vapor, los trenes, las hilanderas, etcétera, sistemas de máquinas que progresivamente sustituyen al ser humano y generan un conjunto de condiciones laborales y sociales muy explosivas que van a ser abordados ideológicamente por dos tendencias muy fuertes: el capitalismo y el marxismo».

El rector explicó que la Iglesia católica, en cada época, busca una posición propia entre dos extremos. Así lo hizo León XIII, y ahora León XIV ante «la eclosión de la tecnología como modo de producción y concretamente de la inteligencia artificial».

«Hay que reconocer que la explosión de la IA ha significado un salto cuántico en términos de la tecnología digital, y supone un nuevo modo de relación con la producción, con el trabajo entre los seres humanos, como en su momento lo fue la máquina», reflexionó Peraza, para quien León XIV ve la analogía con la experiencia de León XIII, aunque con un tema distinto: la Torre de Babel versus Jerusalén.

El ponente puso de relieve que Robert Francis Prevost, el actual papa, es un sacerdote formado en la Orden de San Agustín, y que este santo filósofo escribió en el siglo V «La ciudad de Dios», cuando también hubo un cambio epocal: la caída del Imperio Romano y el surgimiento de la Edad Media. De allí que estima que «para entender al papa León XIV hay que leer ese libro (…) es bueno entender que eso está detrás (…) ese conflicto entre dos mundos y la necesidad de elegir en qué lado del mundo estás».

«En la medida en que la IA pueda ayudar a curar, a conectar, a educar, a cuidar la casa común, se transforma en lo que entenderíamos como el mundo de Jerusalén. Obviamente, es un instrumento único para lograr sanaciones que antes eran imposibles, que logra comprensiones de realidades que antes nos hubieran costado siglos poder llegar a ellos», comentó.

Sí recalcó el rector que debe quedar claro que León XIV no formula en su encíclica un ataque a la tecnología. «El problema no es tecnología sí, tecnología no, sino dentro de la tecnología cómo vamos a funcionar».

En su larga exposición, Peraza citó varios criterios que sirven de contexto al análisis del documento papal para entender la idea del valor del ser humano, tales como el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la solidaridad.

«En el paradigma tecnocrático sucede que los datos que damos los ciudadanos, los recursos naturales y la innovación algorítmica pasan por un embudo de una lógica meramente de eficiencia y de lucro. El problema no es ni los datos ni la inteligencia, el problema es la lógica de embudo que busca exclusivamente la eficiencia y el lucro».

Por último, sintetizó el debate: «Al final, volvemos a lo mismo, la cultura del poder o la cultura de la civilización del amor. En el fondo es Ciudad de Dios o la Ciudad de los hombres».

♦Texto: Elvia Gómez/ Fotos: Manuel Sardá


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