Frente al sensacionalismo, las noticias falsas y la proliferación de ‘influencers’, es vital para los periodistas contextualizar la información, practicar la empatía y guiar a la población con rigurosidad y noción de servicio público. Así lo asegura León Hernández, docente de la UCAB y comunicador social con casi 30 años de experiencia. “Creo que es momento de la sensatez y la autorregulación», dice
En medio de la tragedia colectiva que dejaron los dos terremotos, el papel de los medios de comunicación, y en particular de los profesionales del periodismo, es crucial para documentar y llevar información precisa y veraz al público, pero también para acompañar a los afectados y hacer seguimiento al después de la catástrofe.
Tal labor debe cumplirse con ética, responsabilidad y noción de servicio público.
Así lo sostiene el periodista León Hernández, profesor de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB e investigador del Instituto de Investigaciones de la Comunicación e Información (IDICI) de esta casa de estudios, además de miembro del Observatorio Venezolano de Fake News.
El experto, con casi 30 años de trayectoria, dice que, en el caso venezolano, la cobertura de la emergencia postsismos se enfrenta a condiciones demandantes adicionales, debido a las limitaciones de la censura y la autocensura, la proliferación de noticias falsas y la abundancia de productores de contenido o influencers que, no necesariamente, manejan códigos de ética en su trabajo.
Afirma que, aunque «no es la primera vez que sufrimos una tragedia de este tipo”, los comunicadores sociales no estaban preparados para su magnitud.
“Siendo un país sísmico, la prensa no estaba preparada para acudir al lugar. No nos pusimos las botas, no teníamos equipo de protección. Lo ocurrido en 1999 [la tragedia de Vargas] dejó aprendizaje para el salvamento improvisado, no necesariamente para la cobertura, y tenemos que estar preparados para traerle al ciudadano nuestra preparación, nuestro alcance, llegar a la población más vulnerable y también dar guías rectoras», es lo primero que dice.
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Cinco claves para la cobertura en circunstancias adversas
León Hernández se especializa en deontología periodística, es decir, en el estudio de la ética en el ejercicio de la profesión. Más allá de las responsabilidades y lineamientos establecidos en la «Ley de Ejercicio del Periodismo» o el «Código de Ética del Periodista Venezolano», menciona cinco pilares fundamentales para guiar la práctica profesional cuando, en un escenario de desastre, la urgencia y el dolor social marcan la pauta.
En primer lugar, destaca la importancia de contextualizar la información. Es decir, establecer siempre lugar y fecha de lo que se comparte con el público para evitar confusión, el entorpecimiento de labores de rescate y la entrega oportuna de ayudas. “A esta hora hay muchísimos problemas con contenidos que son trastocados y reencuadrados en días distintos al momento en que se registraron. En un contexto de desastre, una misma ubicación cambia de un día para otro”, apunta.
Como segunda clave, el académico llama a los comunicadores a mantener la calma y evitar la desesperación en la cobertura porque, ante las dimensiones de la tragedia o el sentimiento de las víctimas, corren el riesgo de convertirse en portadores o multiplicadores de lo que llama la «desinformación orgánica».
“Como cualquier persona en estas situaciones, los periodistas estamos sometidos a un gran estrés porque es una tragedia que nos deja en shock (…) Eso nos puede llevar a incurrir en prácticas no tan responsables a la hora de decir qué necesitan los afectados, hablar del rescate de los cuerpos de sus fallecidos o denunciar que hay vida donde probablemente ya no la hay”.
Una tercera indicación que propone es “olvidar el protagonismo, olvidar hacer juicios de valor demasiado exacerbados” para evitar “la asignación de culpables”.
En este sentido, pide recordar la importancia de contar con verdaderos especialistas y expertos como voceros o fuentes de consulta para esclarecer y complementar la información “sobre qué ocurrió, por qué ocurrió y cuáles son las causas y los próximos pasos a acometer”.
En cuarto lugar, llama a los periodistas a que contrasten la información oficial con evidencias para que la gente cuente con suficientes elementos que le permitan “crearse su propia opinión”.
Finalmente, Hernández cree imprescindible respetar la integridad de las víctimas y sus deudos. “Creo que es momento de la sensatez y la autorregulación. La autorregulación que no es autocensura”.
Sobre este punto, enfatiza que “la exacerbación emotiva en momentos de gran sensibilidad y duelo contribuye al comportamiento irracional de las masas. El periodista tiene una gran responsabilidad porque también se convierte en el catalizador de esa mediación”.
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Alejarse del sensacionalismo y las noticias falsas
El sensacionalismo y la generación de noticias falsas para atraer la atención de quienes consumen la información constituyen dos vicios muy comunes en la era de la comunicación digital pero que, en medio de situaciones catastróficas, resultan más peligrosos. “Ese tipo de manejo es innecesario. Lamentablemente no son los valores que profesores de deontología brindan”, afirma Hernández.
Para evitar estas tentaciones, recomienda a los comunicadores estar atentos a la humanidad de las víctimas, empatizar con ellas y respetar su dignidad, pues “ya las personas que vivieron esta gran tragedia tiene suficiente sufrimiento como para incrementarlo. A estas horas recién se levantan del shock”.
“Lo primero es ponerse en el lugar de la persona que está allí, de los familiares. Saber utilizar ese recurso como parte de la narración: identificar si el testimonio o lo que se muestra realmente está contribuyendo a informar o si solo ayuda a vender contenido. Si es lo segundo, omítalo, ignórelo. Haga el menor daño posible”, subraya.
Hernández considera fundamental y oportuno dar a conocer cifras y opiniones “con la crudeza del caso a través de la narración, no con la sobreexposición de imágenes o videos».
«Permita que la gente conozca cifras y opiniones sin que estas impliquen la exacerbación del lenguaje de odio, agresividad, rabia, resentimiento y el desquijamiento del tejido social”, exhorta el docente.
Respecto a las fake news, invita a poner en práctica el principio básico de la verificación previa, antes de compartir datos a través de portales informativos o redes sociales, incluso si el periodista lo hace en redes personales. “Hay mucho contenido creado con inteligencia artificial (…) temas que buscan politizar la tragedia y rumores que contribuyen a la narrativa del Estado y a la de los opositores”, indica.
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Periodismo vs. influencers: cuidar la forma y el fondo
El profesor recuerda que hay que defender y diferenciar el trabajo periodístico frente a los llamados influencers, creadores de contenido con gran número de seguidores en redes sociales.
Dice que, aun con buenas intenciones, los influenciadores muchas veces no cuentan con la rigurosidad, ética o las herramientas de un profesional de la comunicación, lo que los puede conducir a errores o malas prácticas que terminan inundando las redes sociales con productos basura de consumo masivo y viral. “Al estar emitiendo sus juicios, contaminan la construcción de opinión pública y en lugar de ayudar, estorban”, critica.
Aunque rescata el oportuno registro de “algún atropello, violaciones de derechos humanos, irregularidades evidentes en el trato de las autoridades, respecto a los insumos”, advierte que la ciudadanía está sobresaturada “de contenidos periodísticos, infociudadanos y de denuncia unipersonal” , por lo que los comunicadores deben ser cautelosos a la hora de difundir su contenido.
“No debemos seguir saturando de información no verificada, curada o poco experta en el tema porque nos estamos llenando de muchos mitos. (…) Hay tergiversadores de oficio y otros que, intentando ayudar, lo hacen mal”.
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No permitir que gane el olvido: lo que falta por hacer
León Hernández sabe que, al igual que la reconstrucción de las zonas afectadas, la cobertura informativa postsismos es una carrera de largo aliento y que a los periodistas les queda mucho trabajo por hacer.
Entre otros temas, menciona la necesidad de acercarse a zonas que no han sido abordadas mediáticamente, como Falcón y Carabobo; hacer seguimiento a la situación de derechos humanos y condiciones de los damnificados en refugios; verificar la realidad de los heridos, de los desaparecidos, así como validar el destino de la ayuda humanitaria.
“ Que esa información se replique más allá de lo obvio es importante. Esto debe seguir marcando la pauta (…) Hay que velar por que regresar a las rutinas no permita el olvido”, recalca.
Enfatiza que la prensa tiene que cumplir su rol de orientador y “servir de guía” de la población en materia educativa y de gestión de riesgos. “Tenemos que, de cara a nuevas situaciones, tomar en cuenta la prevención y estar muy atentos al comportamiento de los cuerpos de salvamento y rescate”.
A propósito de lo anterior, cree propicio publicar y difundir manuales o códigos de cobertura “para que el acceso sea oportuno y llegue la información de manera rápida cuando la verdad es más útil. Es decir, cuando las personas afectadas todavía están con vida”, asegura.
También insiste en el cuidado físico de los periodistas en estas circunstancias. “Deben estar bien dotados, cumplir con los códigos de vestimenta y llevar equipos de protección (mascarillas, botas, guantes, cascos)”.
Finalmente, espera que este episodio de la historia nacional sirva como “una gran lección” colectiva. “Hubo algunas cosas que fallaron, en general, en las primeras dos horas después del terremoto. Definitivamente faltó esa línea comunicacional rectora”, reflexiona.
♦Texto: Grace Lafontant León/ Fotos: OCHA y UNICEF (situacionales) y Manuel Sardá (retratos León Hernández)
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