La mamá de todos los psicólogos

La mamá de todos los psicólogos

“Me siento mamá de todos en la Escuela”, es una frase que describe el sentimiento de aprecio hacia los alumnos, profesores y compañeros de trabajo de Aleida Trómpiz, de 49 años de edad, quien ha servido con mucho esfuerzo y dedicación a la Escuela de Psicología desde hace diez años, como secretaria. Su trabajo lo obtuvo gracias a un anuncio en el periódico, llamó y al día siguiente vino; para el tercer día, ya era oficialmente parte de la comunidad ucabista. Durante su faena laboral ayuda tanto a profesores, quienes le solicitan desde pruebas, listas y parciales, como a los alumnos, quienes la consideran una mamá a quien pedirle consejos y acudir a ella en momentos de angustia o difíciles, todo esto junto a su compañero de trabajo y amigo Nacho, quien, reconoce, le ha enseñado mucho.

Trómpiz nació en la parroquia de La Pastora, a los 12 años fue a visitar a su familia paterna en Cabimas, estado Zulia. Decidió quedarse a estudiar y trabajar y al cumplir los 18 años volvió a su natal Caracas. Desde entonces, durante las vacaciones va a visitarlos. Además, al volver, se reencontró con sus tres hermanas, quienes la llevaban a los parques y a las plazas, hasta que, azares del destino, una de sus hermanas murió. Ella reside desde hace veinticuatro años en Gato Negro junto a sus dos hijos, el mayor de 24 años, actualmente chef, y la menor de 17 años. Cada vez que sale de su casa dice: “Si Dios conmigo, quién contra mí”.

Aleida se considera una persona muy alegre, católica, consejera, a quien le gusta hacer bailoterapia en las canchas del campus junto a sus compañeros, alumnos y profesores de la Escuela. Además, como dato adicional, le encanta hacer manualidades, trabajar con la madera, realizar arreglos, así como pintar y decorar. Por otro lado, le fascina cantar junto a Nacho lo cual le da buena vibra a su ambiente de trabajo.

Por otro lado, destaca que lo único malo de su vida ha sido ser madre soltera y tener que sacar adelante a sus hijos, pero que lo bueno ha sido sentir la satisfacción de que están haciendo cosas buenas. “Verlos bien es mi alegría más grande”. No cabe duda de que la máxima expresión de felicidad para Aleida son sus hijos y su trabajo.

♦ LEM