Del “ecosocialismo” y otras hierbas

Se graduó en la UCAB como ingeniero civil en 1960. Fue presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado y ministro de Obras Públicas; es una autoridad en medio ambiente. Está contento con la cátedra de Ecología y Sustentabilidad que estrena esta casa de estudios. Es Arnoldo José Gabaldón, y su apellido es un sello de garantía

Del “ecosocialismo” y otras hierbas

La UCAB ha dado un paso absolutamente revolucionario, advierte Arnoldo José Gabaldón de entrada, al establecer una materia transversal sobre ecología y sustentabilidad. Esto es posible gracias a la prioridad que en el Plan Estratégico UCAB 20-20 se le da a la temática del desarrollo sustentable. El proyecto para esa materia fue presentado a través de la cátedra de Ecología y Economía.

Además se ha creado un diplomado para formar a los profesores que, en las distintas carreras, dictarán la nueva materia. Todo egresado de la UCAB va a ser un profesional especialmente sensible ante el concepto sustentabilidad. Y debe ser así: cualquiera sea la orientación profesional del egresado, su trabajo, en los próximos años, va a estar condicionado por los problemas del ambiente físico natural que lo rodea.

Así lo vaticina Arnoldo J. Gabaldón. La primera cohorte de profesores tiene casi 30 estudiantes, y en octubre de 2015 se abrirá el segundo diplomado.

Gabaldón se graduó en 1960 como ingeniero civil en la antigua sede de la esquina de Jesuitas. Luego estudió en Stanford (Palo Alto, California) una maestría en Ingeniería Hidráulica. Todos los estudiantes de la UCAB que fueron allá en esa época, recuerda, resultaban siempre entre los mejores. Después ha acumulado experiencias diversas en la gerencia pública. Por ejemplo, en la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (Copre), que presidió a mediados de los años ochenta y que produjo, entre otros logros, el acuerdo nacional para dar viabilidad a la elección directa de gobernadores y alcaldes.

Lamenta Gabaldón, sin embargo, que el país no tomara con mayor fundamento el conjunto de proyectos de reforma que se elaboraron por entonces. Tiene la certeza de que muchos de los padecimientos de ahora se los hubiera ahorrado esta nación estremecida.

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Sobre Gabaldón no parecen pasar los años. Se mantiene fresco y muy activo; y tiene en su cabeza dos problemas sobre los cuales mantiene una opinión particularmente estructurada: educación y políticas públicas en medio ambiente.

Sobre la educación primaria y secundaria observa la degradación que cualquier observador puede apreciar y no profundiza más. Pero la educación universitaria la mira con igual gravedad y agrega que, hasta 1998, existía en el país un sistema de universidades públicas (autónomas, experimentales) y privadas que, en conjunto, acogían una matrícula de alrededor de 600 mil estudiantes. Prosigue:

A partir del establecimiento del régimen actual se ha querido dar la impresión de una libertad absoluta; cualquiera puede inscribirse en una universidad, teóricamente; y esa libertad no puede ser obstaculizada por ningún proceso de ingreso. Eso ha dado lugar a un subsistema de educación superior con cerca de dos millones de estudiantes; para abrir cupo hubo que sacrificar normas elementales.

Había que masificar la educación y no se exigieron requisitos al profesorado; la reglamentación y las prácticas usuales en cualquier universidad se echaron a un lado. No hubo (ni hay) relación con los estándares de calidad. Gabaldón afirma que han comenzado a egresar personas que incluso son rechazadas por otros profesionales, como es el caso de los médicos integrales: porque no tienen la formación, no pueden ir a un hospital a atender de manera idónea a un paciente en peligro.

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El otro tema es la política oficial sobre lo ambiental. Alude al anunciado propósito de subsumir el Ministerio del Ambiente en el de la Vivienda:

Salió una legión de venezolanos a decirle al Gobierno que eso era un disparate porque el Ministerio de la Vivienda no tiene ninguna vocación de cumplir con las normas ambientales. Eso en la práctica significaba la eliminación del Ministerio del Ambiente. Nuestra protesta no tuvo eco. Y resulta que, después de dos meses y medio, se decide reabrir el ministerio con otro nombre, tomado de una quincallería ideológica: Ministerio de Ecosocialismo y Aguas. Creo que este ministerio está en peores condiciones de aquellas en que se encontraba el otro ministerio del ambiente, y vaya usted a saber cuál será la suerte de la gestión ambiental en Venezuela.

♦ Sebastián de la Nuez