El desarrollo sostenible como elemento del currículo universitario se abordó en III Jornadas del CIDI

La directora del Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería de la UCAB, María Isabel López, señaló que debe insistirse en el modelaje académico completo de los estudiantes, para que la sustentabilidad ambiental no se vea como algo aislado de otras áreas del ejercicio profesional

El desarrollo sostenible como elemento del currículo universitario se abordó en III Jornadas del CIDI

El pasado 10 de julio, el Centro de Investigación  y Desarrollo de Ingeniería (CIDI), adscrito a la Facultad de Ingeniería de la UCAB, realizó sus III Jornadas Innovación y Desarrollo Sustentable, bajo el formato de conferencia telemática a través de Zoom.

Por casi cuatro horas, los expertos panelistas hicieron presentaciones y comentarios sobre educación para el desarrollo sostenible, tecnologías apropiadas, ecodiseño, producción sostenible y análisis sustentable de contaminantes ambientales con miras a la ingeniería sostenible, destacó la directora del CIDI, doctora María Isabel López.

López insistió en que los docentes y gestores académicos deben tomar conciencia de la necesidad de un modelaje completo de los nuevos egresados de la ingeniería, porque hasta el momento los estudiantes siguen viendo el área de sustentabilidad ambiental como aislada o independiente de otras áreas, necesarias para el ejercicio profesional de la ingeniería.

 

La profesora López recordó que ella tuvo responsabilidad en la renovación curricular y por eso insiste en que esa formación en sustentabilidad ambiental tiene que ser transversal.

“Si no lo trabajamos desde la profesión se sigue viendo como algo anecdótico. Hay una resistencia enorme a romper el ámbito disciplinario en las universidades, hay que abrirse al mundo de la intedisciplina desde tu cátedra y luego hacer eso transversalizable y comunicable. Nuestro deber es apuntar al desarrollo sostenible como un elemento curricular, por eso hablamos de la sostenibilidad curricular, entendiendo que el currículo son todas las oportunidades de aprendizaje que la institución nos ofrece, no solo los diseños de las materias, sino actividades extracurriculares y todo lo que tiene que ver con ejemplo, el modelaje, la manera como se consume y se produce en la universidad”.

La doctora en Educación mostró preocupación porque, aunque la sustentabilidad ambiental cada vez más forma parte del lenguaje y en la UCAB es una cátedra pionera, los nuevos ingenieros no terminan de hacer de ese discurso parte de la manera de cómo hacen las cosas cuando forman parte de las industrias. Recordó que la UNESCO declaró que, a partir del pasado 4 de marzo, cada año en esa fecha será el Día Mundial de la Ingeniería para el Desarrollo Sostenible, porque persigue que haya una verdadera sensibilización.

La ingeniero Johana Delgado habló sobre «Ecodiseño: un paso más hacia la ingeniería sostenible», que, explicó, es una manera de ampliar los mercados y hacer una marca atractiva a los clientes y consumidores para quienes el respeto por el medio ambiente es importante, al tiempo que se respetan las regulaciones.

En el mismo sentido de la preocupación de la profesora López, Johana Delgado señaló que el concepto de ecodiseño es nuevo; aunque empezó a hablarse de él desde la década de los 90, las empresas no lo ven todavía como que va de la mano con la rentabilidad económica y ecológica.

Dijo que de lo que se trata es de que lo conceptualicen menos como gasto y más como inversión, porque el ecodiseño contribuye a mitigar los impactos en el gasto de recursos y la contaminación ambiental y eso, a la larga, a las empresas les reporta ahorros y beneficios, sobre todo porque las fuentes de recursos naturales se agotan.

La doctora Gloria Aponte ofreció una charla sobre «Tendencias en la producción de etanol a partir de residuos orgánicos municipales mediante el análisis de la información publicada». Como conclusión de su estudio, recomendó a los investigadores que, antes de decidirse a iniciar un trabajo, primero hagan una evaluación detallada de la literatura publicada en el área, así como las patentes existentes, porque se corre el riesgo de que haya descenso en el interés industrial u obsolescencia tecnológica que haga inútil el esfuerzo.

En el caso concreto de la producción de etanol con los residuos sólidos municipales, tras una rigurosa investigación en bases de datos mundiales específicas, encontró que las principales patentes están registradas en Estados Unidos, China, Canadá y la India.

El mayor crecimiento en el registro de patentes se produjo en 2014, pero para 2020 ha caído, lo que “indica que nadie está haciendo investigación en el área y si es un área obsoleta y nadie investiga significa que no tiene sentido que invirtamos dinero en eso”. No obstante, la doctora Aponte animó a los investigadores a indagar en las abundantes bases de datos sobre distintos temas para tomarlas como inspiración.

“Es importantísimo que les transmitamos a los estudiantes que para innovar no tienen que crear la última tecnología, podemos hacer mejoras incrementales y hacer así tecnologías sostenibles. Así ocurre en el mundo, son mejoras incrementales y para eso hay que usar la información disponible, saber cómo usarla y sacarle ventaja. Gran parte de las cosas ya están escritas, no partamos de cero”.

Para cerrar el ciclo de charlas, la doctora Beatriz Soledad, investigadora del CIDI, habló sobre «Una propuesta para el análisis sustentable de contaminantes ambientales con polímeros de impronta molecular». Explicó los procesos tradicionales que se aplican en la ingeniería química para detectar contaminantes (fármacos, colorantes, metales, pesticidas y herbicidas) en suelos y agua, pero mencionó que esos análisis se hacen con productos que son, a su vez, contaminantes.

Conscientes del problema, explicó Soledad, hacia la década de 1990 comenzó a hablarse de “química verde o sostenible”, que evita la contaminación, mejora el medio ambiente y mejora la calidad de vida, y que está orientada al diseño y uso eficiente de la materia prima y la energía.

“El análisis de contaminantes ambientales, empleando polímeros de impronta molecular combinados con el proceso de extracción en fase sólida, permite emplear cantidades reducidas de disolventes, haciendo un uso eficiente de materiales y evitar de esta forma la contaminación”.

La investigadora del CIDI comentó que estos polímeros de impronta molecular son bastante nuevos, requieren fabricación en laboratorio con procesos ajustados a cada molécula que se pretende detectar. Sin embargo, cree que habrá en el futuro polímeros comerciales que están en fase de desarrollo.

♦Texto: Elvia Gómez/ Fotos: Manuel Sardá (apertura) y Elvia Gómez (capturas)