Carlos Rodríguez: el ucabista que llegó a Arabia Saudita

Gracias a sus altas calificaciones y a un convenio académico de la UCAB, este graduando de la Escuela de Ingeniería Civil realiza una pasantía en la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá (KAUST), institución que le otorgó una beca para cursar una maestría y un doctorado

Carlos Rodríguez: el ucabista que llegó a Arabia Saudita

Las oportunidades no eluden a quienes trabajan duro. Esta es la enseñanza que le quedó en los últimos meses a Carlos Rodríguez, estudiante del décimo semestre de Ingeniería Civil en la UCAB, quien se encuentra en Arabia Saudita haciendo una pasantía académica en la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá (KAUST, por sus siglas en inglés), una de las 50 más importantes del área de ingeniería y petróleo a nivel mundial, según el ranking QS.

El suyo es un caso representativo de que el esfuerzo y la perseverancia son causas meritorias del éxito. En julio de 2019 se hizo acreedor de una Beca Magis para cursar cualquier postgrado en la UCAB, por ser el mejor graduando de su promoción, la número 88.

También por sus calificaciones y gracias a un convenio académico institucional de la universidad, el joven de 25 años fue postulado por el profesor Heriberto Echezuría, docente de la Facultad de Ingeniería y tutor de su tesis, como candidato para optar a una estancia breve en la KAUST, a través de la cual podría afrontar el reto de desarrollar la fase experimental de su proyecto de grado, en compañía de un equipo de esa casa de estudios.

Tras ser aceptado, Rodríguez llegó en enero a Arabia Saudita y de inmediato comenzó a trabajar. Bajo asesoría del argentino Carlos Santamarina, profesor de Recursos Energéticos e Ingeniería de Petróleo en la KAUST, el ucabista materializó el «estudio sobre la fracturación de los granos de arena y sus implicaciones en los cambios en la conductividad hidráulica», el cual comenzó en Venezuela como requisito para graduarse.

Luego de concluir el trabajo experimental en KAUST, hace unas semanas Carlos defendió, a distancia, su proyecto de tesis ante el jurado de la Escuela de Ingeniería Civil de la UCAB, que lo reconoció con la máxima calificación y la mención publicación.

Además, su excepcional rendimiento durante la pasantía en la universidad saudí lo hizo acreedor de una beca completa para cursar una maestría y un doctorado en esa institución.

Para Carlos, todos estos logros se deben a la dedicación y la motivación que lo impulsaron a sobreponerse a cada obstáculo que encontró en el camino, además de la formación y oportunidades brindadas por su alma mater. Desde su residencia en el campus de KAUST, ofreció esta entrevista en la que comparte su historia de sacrificio, éxito y orgullo ucabista.

¿En que consistió tu trabajo de grado?

«Es sobre el estudio de la fracturación de los granos de arena y sus implicaciones en los cambios en la conductividad hidráulica. Pudieras asociarlo con la permeabilidad, aunque no es necesariamente lo mismo. La mejor forma de entender algo así es entendiendo el objetivo del trabajo, particularmente, este estudio es importante porque se aplica en muchas industrias. En la actualidad, enfocando la industria petrolera, antes de dar inicio a la exploración, primero se ve el sitio y se determina si existen buenas condiciones para extraer hidrocarburos, pero, en Venezuela pasa mucho que el petróleo es un recurso que está a mucha profundidad y el esfuerzo para encontrarlo es muy alto, por lo que el material que uno encuentra es rocoso. Es complicado meter una tubería a 1.000 metros de profundidad y sacar los hidrocarburos; entonces, lo que se puede hacer es inyectar una combinación especial de arenas para fracturar las rocas que impiden el paso del petróleo de forma ideal a través de la tubería».

¿Qué otras aplicaciones tiene este estudio?

«Uno puede fundamentar este estudio en la industria petrolera, con el objetivo de mejorar las tasas de recuperación de hidrocarburos. Sin embargo, no es solo eso, también se puede aplicar para el abastecimiento de aguas subterráneas. El mismo principio de inyectar arenas para crear una fractura puede contribuir para sacar el agua. Adicionalmente, para reducir el impacto ambiental que supone la generación de dióxido de carbono, existe una actividad que se llama ‘captura y disposición de carbono en formaciones geológicas’, que consiste en retener el dióxido de carbono, que se produce al realizar cierta actividad, en un contenedor, para luego inyectarlo al suelo, en lugar de liberarlo a la atmósfera. Como verás, se puede aplicar el mismo principio como una buena manera de contribuir al cuidado de nuestro planeta».

Es interesante saber cómo surgió esta idea. ¿Nació a partir de la identificación de una necesidad en alguna de las industrias que mencionaste o fue concebida con el simple propósito de innovar?

«Esta idea surgió de una conversación con mi tutor, el profesor Heriberto Echezuría, en la UCAB. Francamente, no puedo acreditarme la concepción de la idea de este proyecto, porque todo fue gracias a que él tuvo esa idea y que luego la fuimos desarrollando en el camino. En un principio, estuvo enfocada en la industria petrolera, pero, a medida en que fuimos avanzando, nos dimos cuenta de otras aplicaciones. Siempre se inicia con base en la existencia de un relativo problema y la necesidad resolverlo, por lo cual se realizan estudios. En nuestro caso, el enfoque iba dirigido hacia el estudio del petróleo que se encuentra en arenas, pero luego se movió hacia la fracturación hidráulica».

¿Cómo te enteraste de la oportunidad de desarrollar este proyecto en la KAUST?

«Nunca en mi vida esperé llegar hasta aquí. Al principio, mi proyecto no era el que acabo de describir, se trataba del estudio de las propiedades mecánicas de unas arenas limosas, investigación que era del interés de cierta empresa, para hacer unas fundaciones. En abril de 2019 fui a presentarle esta idea al profesor Echezuría, pero se encontraba ausente, así me informó su asistente. Por distintas razones, fue a último momento que me pude comunicar con él. Lo único que me dijo fue que tenía un nuevo proyecto para mí y que me iría a Arabia Saudita. Días después, me contó todo. Resulta que el profesor Carlos Santamarina, de la KAUST, le pidió al profesor Echezuría ponerse en contacto con algunos estudiantes que quisieran optar por desarrollar sus proyectos acá en Arabia Saudita, así empezó todo».

¿Cuándo caíste en cuenta de que esta oportunidad era real?

«Al principio todo era intentarlo, que él me avalara no implicaba que la universidad me aceptaría y el tiempo de espera por la respuesta supuso los meses más largos de mi vida. Estaba dispuesto a que, si no se daban las cosas, se atrasara mi acto de grado por un semestre y que no me graduaría con mis mejores amigos. Normalmente, uno vería hoy para atrás y no entendería cómo sería uno capaz de dudar en aquel momento, porque, por supuesto, dudé. Me aceptaron en noviembre».

Pero, al final, esa espera y ese esfuerzo rindieron sus frutos. ¿Qué reconocimientos has recibido por tu trabajo?

«El jurado de la UCAB convino en que mi tesis fue más allá de los estándares que habían anticipado, saqué la nota máxima y mención publicación. Adicionalmente, me gané la oportunidad de seguir estudiando en la KAUST una maestría y un doctorado, siendo, por ahora, el único estudiante venezolano de la universidad».

¿El lenguaje ha sido una barrera durante esta experiencia?

«A pesar de que estemos en Arabia Saudita, el lenguaje que se maneja dentro del campus es única y exclusivamente el inglés. Por supuesto, de vez en cuando te encuentras a ciertos saudíes que hablan en árabe y a latinos que te hablan en español, pero el inglés es el lenguaje predominante y por eso no tuve que aprender árabe».

Para conseguir esta oportunidad, entiendo que la suficiencia de inglés fue un requisito primordial, ¿lo dominas?

«En mi caso, como estudiante de visita, no pedían un certificado que avalara mi nivel de inglés, pero sí me hicieron varias entrevistas para evaluar mi desenvolvimiento al hablar este lenguaje. Adicionalmente, cada vez que uno aplica como estudiante formal, empiezan a exigir ciertos resultados en el Test of English as a Foreign Language (TOEFL) como requisito para ser admitido. En el colegio pude tener apenas dos o tres profesores de inglés, aprendí viendo vídeos de Youtube y luego reforcé estos conocimientos en Boston, Estados Unidos, ya que estudié nueve meses en aquella ciudad».

¿La mayoría de los estudiantes de la KAUST son extranjeros?

«Si, pese a que el Gobierno empuja a la institución a tener un 40% de representación saudí en el estudiantado, el resto son personas de todo el mundo. Particularmente, en nuestro equipo de trabajo no hay ningún saudí, para que te hagas una idea. Hay bastantes, pero no me relaciono mucho con ellos».

Un caso como el tuyo no se ve todos los días, quizás porque otros no han trascendido más allá de obtener una beca, mientras que tú has cosechado estos méritos. ¿Sientes o has sentido alguna presión por representar al ingeniero venezolano o al ingeniero ucabista en el extranjero?

«Sí, he llegado a sentirme muy nervioso, tanto que mi mamá lo ha notado. Esto es un sitio recóndito para mí, pues uno nunca se imagina cómo es el Medio Oriente hasta que lo visita, y, además, soy el único venezolano estudiando acá, ahora a nivel de maestría y doctorado. En consecuencia, siempre quiero demostrar lo que valgo, pero más bien pienso que sería importante que las autoridades de la KAUST piensen que, así como yo, pueden venir otros más. Esta entrevista la percibo como una manera de dar a conocer que estas cosas existen. Uno puede entrar en la página de la UCAB y ver los beneficios que ofrecen programas como éste y pensar que es mentira, que algo así no es alcanzable para estudiantes como nosotros. Pero sí existen y muchos estudiantes de Latinoamérica están tomando ventaja de eso. Me gustaría que muchas personas en Venezuela me vieran y supieran que algo como esto es alcanzable».

Con logros como los tuyos es normal crear cierta “fama”. ¿Sientes que tus relaciones con amigos, con familiares o con compañeros de la UCAB ha cambiado a raíz de todo esto?

«Esta oportunidad ha cambiado mis relaciones de forma positiva. Muchas veces la gente no ve los esfuerzos, sino los resultados, no ve las horas dedicadas a algo. Esta vez noté que mis personas cercanas demostraron estar orgullosos de mí más abiertamente. Fue muy bonito, pero esto genera un deber moral relacionado a no traicionar la confianza y el apoyo que me dieron haciendo un mal trabajo. Mis amigos siempre me apoyaron, su actitud nunca cambió cuando me ofrecieron la oportunidad ni cuando me la dieron, me han apoyado como pueden, por medio de mensajes y videollamadas, realmente, me han apoyado muchísimo».

¿Qué dificultades se le presentaron a tu equipo de trabajo a causa de la pandemia en el desarrollo del proyecto?

«Inicialmente, teníamos planeado hacer ensayos en el laboratorio, lo cual estaba fuera de mi área de experticia, pues en Venezuela no tenemos los equipos que aquí están disponibles. También pasó que, en el equipo, cada quien tuvo su pequeño proyecto, por lo tanto, a veces se sintió cierto individualismo. Particularmente, la primera dificultad a la que me enfrenté fue desarrollar las condiciones para realizar los ensayos, tener que crear una propia celda experimental es algo que nunca había hecho y requirió de mucha originalidad e ingenio. Por otro lado, cuando se presentó el apremio por la pandemia, se vio que los ensayos serían imposibles, así que el profesor Santamarina decidió que estos se harían mediante simulaciones por computadora. Nunca había usado el software que tuve que utilizar, entonces tuve que hacer el esfuerzo por aprender a hacerlo».

Pese a las dificultades, ¿crees que el proyecto se dio como debía o, de haberlo desarrollado en condiciones normales, hubiese resultado un mejor producto final?

«Independientemente de la incidencia del virus, el proyecto quedó mucho mejor de lo que hubiesen podido imaginar. Hacer tanto en tan poco tiempo fue muy valioso. No podría decir que se hubiera podido hacer un mejor trabajo de una u otra manera, pues de cualquier forma hubiesen surgido  problemas. Estoy feliz por haber encontrado soluciones y por haber aprendido cosas nuevas que, de otra manera, no hubiera podido. Esta pandemia en algún momento va a terminar y podremos hacer los ensayos, pero creo que el proyecto hubiese quedado igual, solo que con una metodología distinta. Tuve la gran suerte de contar con recursos que me permitieron verle el lado positivo a esta dificultad».

¿Siempre tuviste claro que querías estudiar ingeniería civil?

«No es algo que siempre supe. Lo único en lo que nunca dudé fue en estudiar en la UCAB. Cuando analicé las carreras que ofrecían quedé fascinado con lo amplia que es la práctica de la ingeniería civil; quizás, alguien puede pensar que se ciñe únicamente a la construcción, pero yo no estoy aquí trabajando en una construcción, hay muchos campos que abarcar, como la geotecnia o la hidráulica, por ejemplo. Soy muy curioso, quería aprender distintas cosas para, a lo largo de la carrera, decidir la rama en la que me gustaría especializarme, que, hoy en día, es la geotecnia».

¿Por qué la UCAB siempre fue tu primera opción?

«Una vez vinieron unos chicos de la UCAB al colegio en el que estudiaba, nos repartieron panfletos y nos hablaron sobre la universidad. A mi papá siempre le encantó la Universidad Metropolitana (UNIMET), pero, entre todas las universidades que visité, nunca sentí lo que sentía por la UCAB, estando en ella me siento en casa, tranquilo y totalmente integrado. Hace unos años tuve la oportunidad de irme a seguir mis estudios fuera del país, pero no me arrepiento de haberme quedado en la UCAB. Aparte de venir para acá, estudiar en la UCAB fue la mejor decisión que he tomado en mi vida».

¿Te ves como un modelo a seguir para aquellos que aspiran a sobresalir?

«No me considero como tal, pero me gustaría que los estudiantes me vean como alguien cercano que logró llegar hasta aquí, como una prueba de que esto realmente existe, teniendo en cuenta de que pueden conseguir algo similar siguiendo rutas totalmente distintas. Cada quien tiene su forma de hacer las cosas, simplemente, quiero que se den cuenta de que uno no necesita cierta cantidad de dinero para recibir una educación superior, de la mejor calidad del mundo y en un país extranjero. Primero, deben saber que esto existe y, segundo, deben tener bastante dedicación y motivación y mucho apoyo de personas que te estimen. Siempre conté con el apoyo de mi mamá, de mi papá y de mis amigos más cercanos, siento que gracias a ellos pude encontrar en mi las cualidades necesarias para hacer un buen trabajo y seguir haciéndolo».

¿Crees poder señalar la que ha sido tu clave del éxito?

«He pensado mucho en eso, recientemente. El éxito es algo subjetivo, depende de la perspectiva de cada quien, pero estar aquí es mucho más de lo que yo hubiera esperado alguna vez. La razón por la cual pude mejorar mis expectativas iniciales fue que logré encontrar la motivación para mejorar lo que fui el día anterior. Mi motivación no es nada del otro mundo, me hace feliz percibir las expresiones de orgullo de mi familia y amigos. La motivación ayuda a que uno vaya más allá de las expectativas que se posan sobre ti. Algo que diferencia al humano de cualquier otro animal es el potencial infinito de superación que todos tenemos».

¿Cómo ves tu futuro luego de graduarte?

«Por ahora, termino de estudiar para seguir estudiando. Voy a sacar una maestría y luego un doctorado. Luego de eso, lo veo un poco nublado, ya que no sé si me gustaría trabajar en una industria energética, como lo pudiera ser la petrolera, o como profesor, que lo considero un trabajo muy noble, pero es pronto para decidir. Antes de recibir esta oportunidad, solo pensaba en graduarme para trabajar y poder pagarme un postgrado en la UCAB, que era lo más accesible».

¿Qué mensaje le darías a la comunidad ucabista, para que consiga esa motivación necesaria para alcanzar el éxito en sus estudios?

«A pesar de que estudiar en Venezuela pueda resultar frustrante a veces, viendo a personas que no ejercen profesionalmente y ganan más dinero que un egresado universitario, la perseverancia es clave, porque, al final del día, uno siempre debe poder ver hacia atrás y estar orgulloso del trabajo realizado. Siempre van a surgir muy buenas oportunidades, pese a creer que el mundo está en contra de tu progreso. Si tú trabajas duro, te aseguro que siempre alguien va a estar viendo y te va a llegar una oportunidad como la que me llegó a mi. En mi caso, trabajé muy duro y también pensé que estaba desperdiciando mi esfuerzo para no ganar nada al final, pero la vida siempre te da sorpresas, eso le puede pasar a cualquiera».

 


Aplausos y orgullo desde su Alma Mater

La directora de la Escuela de Ingeniería Civil, Patricia Pereira, valoró los logros alcanzados por este gran exponente surgido entre sus aulas y celebró su ejemplo como una muestra de las oportunidades que reciben los estudiantes de la UCAB que se destacan académicamente.

«Para la Escuela, más allá del orgullo que nos genera que un egresado logre tan buenos resultados, consideramos que la historia de Carlos hay que contarla para motivar a más alumnos. A veces creemos que lo que sabemos no es suficiente, pero no es así. Un estudiante como Carlos, que llevó a otra parte los valores de su casa y lo que aprendió en la UCAB, pudo sobresalir en una universidad extranjera», expresó Pereira.

La profesora indicó que en las próximas semanas le harán llegar a Carlos la certificación de culminación de estudios, que le permitirá a este ucabista continuar sus estudios de cuarto nivel en la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá.

Rodríguez aspira regresar a Venezuela para celebrar con su familia y amigos y participar en el acto académico en el que le otorgarán formalmente el título de ingeniero civil. También espera volver a recorrer los pasillos de la universidad que lo formó y agradecerle por las oportunidades recibidas. Ya lo dijo él mismo: «estudiar en la UCAB fue la mejor decisión que he tomado en mi vida».

♦Texto: Diego Salgado/ Fotos:  cortesía de Carlos Rodríguez y https://www.kaust.edu.sa (vistas campus)