Durante el conversatorio «Aspectos éticos del uso de la IA en las profesiones», expertos en Derecho, Psicología y Economía coincidieron que la IA ha transformado el mercado laboral, lo que exige ser más creativos y estratégicos. «El problema de fondo es el consumo que está desbocando a unos cuantos. La IA es conveniente en cuanto es un recolector de información», dijo el profesor Gustavo Peña
Ante el avance de herramientas tecnológicas como la IA, capaces de generar discursos y procesar grandes volúmenes de datos, su uso responsable se posiciona en el centro de la discusión académica y profesional.
Sobre este tema se desarrolló, el pasado 15 de octubre de 2026, el conversatorio «Aspectos éticos del uso de la IA en las profesiones», como parte del Tercer Ciclo de Actualización Profesional: Inteligencia Artificial y el Futuro de las Profesiones, organizado por el Centro de Investigación, Innovación y Desarrollo Académico (CIIDEA) de la UCAB, el cual se enfocó en las carreras de Derecho, Psicología, Administración y Contaduría.
El encuentro reunió a Gustavo Peña, profesor y exdirector de la Escuela de Psicología; Ronald Balza, economista y decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES); y Diego Castagnino, doctor en Derecho y director legal sénior global de PepsiCo.
Los expertos abordaron las fronteras del uso de estas herramientas tecnológicas en la formación universitaria y en praxis profesional, el rol insustituible del discernimiento humano y los desafíos que afronta la educación universitaria ante la automatización.
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Entre el consumo desbordado y la indelegable función humana
El profesor de la Escuela de Psicología, Gustavo Peña, advirtió que la inteligencia artificial se basa en procesos informáticos y distinguió entre los modelos predictivos y los generativos, enfatizando que el riesgo ético principal radica en el consumo indiscriminado de esta tecnología.
«El problema de fondo es el consumo que está desbocando a unos cuantos. La IA es conveniente en cuanto es un recolector de información», sostuvo Peña.
Desde la perspectiva jurídica, el abogado y docente Diego Castagnino recalcó que la inteligencia artificial llegó para quedarse, pero enfatizó que la facultad decisoria de jueces y árbitros no puede ser transferida a un algoritmo.
«Un juez puede apoyarse en inteligencia artificial para, por ejemplo, organizar documentación, para resumir. Pero lo que no va a poder nunca es delegarle a la IA esa posibilidad de decidir. Una buena respuesta de la inteligencia artificial siempre va a comenzar con una buena pregunta humana», afirmó vía telemática.
Castagnino instó a los estudiantes a verificar siempre la jurisprudencia en fuentes primarias ante las posibles «alucinaciones» de los modelos de IA y a asumir la autoría de sus trabajos con absoluta responsabilidad y transparencia.
Por su parte, el decano de FACES, Ronald Balza, complementó el debate advirtiendo sobre el peligro de que la autonomía tecnológica diluya la responsabilidad ética individual, especialmente en decisiones de alto impacto.
«El Papa hace mención al hecho de que la inteligencia artificial permite tener máquinas con autonomía para armas, tomar la decisión, y eso hace que la responsabilidad individual se diluya. El poder busca desatarse de cualquier norma ética», planteó.
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Transformación del mercado laboral exige reestructurar modelos académico
El decano de FACES, Ronald Balza, analizó la aceleración que imprime la tecnología en la reconversión de los puestos de trabajo y la necesidad de sostener garantías sociales.
Señaló que la irrupción de la inteligencia artificial acelera la obsolescencia de conocimientos y plantea serios desafíos de «flexiseguridad» para proteger el empleo sin frenar el avance técnico.
«Con la IA los procesos pueden ser más rápidos y las necesidades de aprender nuevas habilidades puede ser más apremiante. En este caso, plantear la relación entre la libertad y la seguridad que implica saber algo que te va a servir para toda la vida es un problema», explicó Balza.
Balza además planteó que la interacción con la inteligencia artificial debe ser crítica y participativa, previniendo que los sesgos de la información digitalizada sustituyan el diálogo, el análisis y el pensamiento propio.
El economista agregó que las instituciones universitarias están llamadas a reestructurar sus modelos para la educación continua, preservando la centralidad del ser humano y la dimensión ética ante las tensiones del mercado laboral.
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Entrenamiento de competencias y retos de la universidad
Al abordar la formación dentro del campus, los ponentes coincidieron en que la inteligencia artificial debe asumirse como un asistente para el entrenamiento intelectual y el debate de los estudiantes.
Gustavo Peña sugirió como estrategia para los docentes utilizar las plataformas tecnológicas para formular ejercicios retadores y cuestionar respuestas, superando la tentación de sustituir el proceso personal de aprendizaje.
«Tener a alguien que a uno le dice ‘okey, pregúntame, ponme ejercicios’ . Esa oportunidad de entrenamiento yo no veo que la gente la esté utilizando, pero me parece que es una oportunidad muy buena», expuso.
Desde la Escuela de Derecho, Diego Castagnino instó a la comunidad estudiantil a ejercitar la formulación de preguntas precisas y a «ser muy transparentes cuando corresponda y asumir cuándo y en qué procesos se usó la IA».
A modo de cierre, la decana de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCAB, Luisa Angelucci, rescató que los esfuerzos que viene haciendo la universidad, a través del CIIDEA, para mantener a los futuros profesionales conectados con los retos de su entorno.
«El verdadero peligro no es la automatización por parte de una IA, el peligro real es ser desplazado por un profesional que sí la domina. Nos vamos con certeza que la IA no viene a desplazarnos, sino a desafiarnos a ser más creativos y más estratégicos», enfatizó la decana.
♦Texto: Jéssica Borges/Fotos: Valeska Pérez
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