Cuatro lecciones sobre el 23 de enero de 1958

A propósito del 61 aniversario del fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez,  Manuel Donís -individuo de número de la Academia Nacional de la Historia y profesor del Instituto de Investigaciones Históricas de la UCAB- ofrece su visión sobre el aprendizaje que este acontecimiento deja a los ciudadanos en la actualidad

Cuatro lecciones sobre el 23 de enero de 1958

Considerado como un triunfo ciudadano y popular, el 23 de enero de 1958 marcó un antes y después en la historia contemporánea de Venezuela, porque ese día se cristalizó una lucha de años y un movimiento cívico-militar logró derrocar el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez.

El general tachirense gobernaba el país -sostenido por la Fuerza Armada-  desde 1948, primero como miembro de la Junta que derrocó al presidente Rómulo Gallegos y después como presidente titular, luego de unas fraudulentas elecciones celebradas en 1952, en las que impuso el resultado a su favor pese a haber sido derrotado por Jóvito Villalba, quien fue obligado a salir al exilio. 

Los hechos del 23 de enero tienen como antecedente el 15 de diciembre de 1957, cuando se llevó a cabo un plebiscito -convocado por Pérez Jiménez- para que los ciudadanos decidieran si el general continuaba o no en el poder por un período adicional de cinco años, aunque la Constitución establecía que debían convocarse elecciones.

 

 “El dictador preparó su maniobra continuista y el 15 de diciembre de 1957 se realizó el plebiscito, en el que votaron los venezolanos mayores de 18 años y los extranjeros con más de dos años en la país. Como era de esperarse, a tan solo 24 horas de efectuados los comicios fueron anunciados los resultados que dieron como ganador al dictador. Esto desencadenó protestas aisladas denunciando el fraude, las cuales fueron sofocadas por los cuerpos de seguridad”, apunta Manuel Donís, individuo de número de la Academia Nacional de la Historia y profesor del Instituto de Investigaciones Históricas de la UCAB.

Según relata el historiador, menos de un mes después, el  1 de enero de 1958, un grupo de militares -liderado por el coronel Hugo Trejo- se alzó en Maracay con el apoyo de la fuerza aérea. La intentona fracasa, pero muestra la fractura en el sector castrense, muchos de cuyos miembros aceleraron los contactos conspirativos con grupos civiles de la resistencia para empujar las acciones de protesta y rebeldía en las calles. 

Tras  22 días de manifestaciones, paros de trabajadores y refriegas estudiantiles, en la madrugada del 23 de enero se produce un nuevo alzamiento, el alto mando militar le retira el apoyo a  Pérez Jiménez y lo obliga a abandonar el Palacio de Miraflores, luego de lo cual el general huye hacia República Dominicana a bordo del avión presidencial, conocido como “La Vaca Sagrada”. 

 

Al conocerse la noticia, miles de civiles salieron a las calles a manifestar y se produjeron reacciones varias, incluyendo el saqueo de propiedades de miembros del gobierno y el ataque a la sede de la Seguridad Nacional, organismo en el que estuvieron encarcelados miles de presos políticos durante los años de dictadura.

A pocas horas, también sería constituida la Junta Militar, presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal e integrada por varios militares y civiles, instancia que remplazará al régimen derrocado y se convertirá en Junta de Gobierno, la cual conducirá el período de transición durante 1958 y convocará a elecciones universales, directas y secretas para escoger al nuevo presidente venezolano.

Los comicios se celebrarán en diciembre de ese año y darán paso al sistema democrático, gracias a un pacto de gobernabilidad -conocido como Pacto de Puntofijo- firmado entre los líderes de los partidos AD, COPEI y URD.  

A propósito de la conmemoración del 61 aniversario de esta emblemática fecha, Donís comenta las cuatro lecciones que, sobre este acontecimiento, pueden ser aplicadas por los venezolanos en la situación actual.

“Los venezolanos deben conocer este hecho histórico, saber qué ocurrió, deben valorar lo que significa la instauración de la democracia”, afirma el investigador.

  1. La Fuerza Armada es clave 

Donís apunta que en 1958 fue determinante que el sector castrense retirara el respaldo al mismo gobernante que sostuvo durante varios años a través del uso de la fuerza y la represión. 

“El  apoyo de los militares a la causa democrática hizo posible la materialización de la libertad en el país. El descontento dentro de las fuerzas armadas permitió la unión con los civiles, agrupados en la Junta Patriótica, lo que ayudó a generar más presión a la dictadura y logró la dimisión del dictador”. 

  1. Civiles deben estar unidos

Para el historiador, el trabajo coordinado y unitario de la sociedad civil (estudiantes, obreros, sindicatos, asociaciones profesionales y el clero) fue crucial para promover distintas acciones de protesta, incluyendo la realización de la huelga general iniciada el 21 de enero; barricadas en barriadas populares y marchas destinadas a quebrar la fortaleza de la dictadura. 

“Durante los días de protestas, decenas de ciudadanos, movilizados por los partidos políticos, organizaciones estudiantiles, gremiales y sindicales, encabezaron la resistencia para ejercer presión en la calle. La participación activa de la gente fue primordial para poner fin a la dictadura”.

  1.  Necesario es resistir

Para el profesor, la persistencia en este tipo de luchas es un factor imprescindible. Señala que las acciones de protesta en pro de la democracia frente a gobiernos dictatoriales no necesariamente generan resultados inmediatos, por lo que se debe tener la mirada puesta en el objetivo mayor.  

Recordó que durante los años de dictadura perezjimenista, grupos políticos y sociales estuvieron trabajando desde la clandestinidad para socavar las bases de legitimidad y fuerza del gobierno. 

“El pueblo había madurado y luego de 22 días de protestas, el dictador Marcos Pérez Jiménez salió del país ante la presión y la falta de apoyo militar. La insistencia por parte del pueblo y la incorporación de los partidos políticos, la Iglesia y los sindicatos afianzaron la lucha por la libertad”. 

  1. La transición no es un proceso sencillo

El historiador afirma que lograr la gobernabilidad tras el fin de una dictadura no es algo sencillo y el proceso de 1958 así lo demuestra. Apunta que una de las tareas más complicadas, luego de la caída de Pérez Jiménez,  fue conciliar los intereses de los distintos factores de poder con el objetivo de garantizar la estabilidad política.

 

“Tras concluir la etapa de represión y dictadura, no fue fácil consolidar el consenso entre los distintos sectores civiles y militares de la época e instaurar un sistema democrático. Esto debido a las diferentes líneas de pensamiento que había dentro de la junta de gobierno provisional. Tres eran las alternativas históricas que se presentaban entonces: Un gobierno militar; una democracia liberal; y una transición al socialismo. Después del 23 de enero, se produjeron protestas, alzamientos y presiones de distintos grupos, pero al final la Junta de Gobierno tomó la decisión de trabajar por la instalación de la democracia liberal y convocar a elecciones democráticas, con un voto universal, secreto y directo, para escoger al presidente del país”.

(Ver también: #Video ¿Qué significa el 23 de enero? Habla la comunidad ucabista)

♦María José Rodríguez