Tulio Ramírez: «El maestro venezolano es de sangre democrática»

En el marco de las jornadas "El texto escolar como problema", el director del Doctorado en Educación de la UCAB señaló que los docentes del país han podido hacer frente, hasta ahora, a la política de "ideologización partidista" que adelanta el gobierno nacional a través de los libros de la Colección Bicentenario, utilizados como herramienta de formación en escuelas y liceos públicos 

Tulio Ramírez: «El maestro venezolano es de sangre democrática»

Los días 14 y 15 de noviembre, por iniciativa del Doctorado en Educación de la UCAB, se llevaron a cabo en la sede de la universidad, en Montalbán, las primeras jornadas «El texto escolar como problema», evento que reunió a 20 expertos e investigadores de distintas áreas de la educación.

La cita contó con la participación de Inés Quintero, directora de la Academia Nacional de Historia; Leonardo Carvajal y Ricardo Tavares, profesores de la UCAB; Migdalia Lezama, jefa del Departamento de Ciencias Sociales de la Escuela de Educación UCAB; Pedro Alemán  y Carmen Arteaga, profesores de la UCV y de la USB, respectivamente; el historiador Tomás Straka, también de la UCAB, y  Miguel Gómez Mendoza, investigador de la Universidad de Pereira (Colombia), entre otros.

El componente ideologizador de los libros  de la Colección Bicentenario -elaborados y distribuidos desde 2011, por el MInisterio de Educación, como material académico en escuelas y liceos públicos-  fue uno de los temas de la agenda, a la luz del impacto que han tenido en la formación de las nuevas generaciones luego de ocho años de aplicación en las instituciones educativas.

A propósito del debate, el profesor Tulio Ramírez, director del Doctorado en Educación de la UCAB y coordinador de la actividad, conversó con El Ucabista.  Doctor en Educación, profesor, sociólogo y abogado, Ramírez es una voz más que autorizada para dar su opinión sobre uno de los fenómenos que ocupa la actualidad del sector educativo venezolano y preocupa a maestros y padres.

Entre otras cosas, el especialista destacó el rol de los docentes venezolanos como muro de contención ante lo que considera  una estrategia de adoctrinamiento -a través de contenidos educativos «con sesgo partidista»- que viene intentando aplicar el Ejecutivo Nacional a través de la Colección Bicentenario,  estrategia que catalogó como «política fracasada».

Sin embargo, llamó a padres y maestros a no bajar la guardia y mantener una postura «de reserva y de vigilancia» ante este tema. Anunció que los organizadores de las jornadas esperan producir un documento que sirva para fijar posición y ofrecer recomendaciones a la comunidad.

¿Por qué el texto escolar es un problema en Venezuela?

«Es un producto humano, lleva implícita la visión del mundo de quien lo elabora. Esto no es el problema como tal, lo que indica es que todo texto de esta naturaleza contiene algún sesgo o enfoque intencional del autor. El Estado está en la obligación de supervisarlos para minimizar este tipo de elementos. En Venezuela, desde 1958, el Ministerio de Educación se encargó de esta labor para, posteriormente, autorizar la comercialización de dichos textos. Para realizar ese proceso contrataban expertos de distintas universidades que se encargaban de eliminar estos vicios ya mencionados. A partir de 1998, la oficina de supervisión de textos escolares desapareció del organigrama del Ministerio; sin embargo, es en 2011 cuando el Gobierno anuncia que el Estado va a elaborar y distribuir, gratuitamente, textos escolares para la educación primaria y secundaria, los cuales empezaron a estar impregnados de un sesgo partidista».

A propósito de esta decisión gubernamental, ¿cómo ha sido la reacción de la comunidad de expertos, profesores y padres ante esta medida?

«Desde el año 2012, cuando salió la primera edición de estos textos, se empezaron a hacer los análisis correspondientes, y se reveló que son groseramente partidistas y que son creados con un objetivo de adoctrinamiento explícito. Al principio se empezó a ver en los textos sociales pues, debido al tema, eran más evidentes. Luego, las investigaciones descubrieron que también estaba presente en textos de matemática, ciencias naturales, entre otras áreas. Esta ha sido, particularmente, la reacción de los investigadores; por consiguiente, en espacios como este (la UCAB) se está vislumbrando la posibilidad de discutirlo e intercambiar información sobre esto, para producir un documento más amplio que pueda ser accesible para la opinión pública».

¿Qué tanto afecta el uso de estos textos a las nuevas generaciones?

«Nosotros estamos apostando, a partir de una investigación de 2015, a que el texto escolar de la Colección Bicentenario está surtiendo, afortunadamente, poco impacto en la juventud venezolana por dos razones. Primero, porque debido a que los maestros se han hecho eje de estas denuncias, se han abstenido de utilizarlos; por otro lado, los padres y representantes tomaron conciencia de que esos textos son sumamente perversos por su intención ideologizante. No es que no se usan, sino que no se usan en la proporción que hubiera deseado el gobierno, porque muchos docentes prefieren las bibliografías alternativas. El maestro venezolano es de sangre democrática, por eso se niega a utilizar estos textos, pero hay sectores muy politizados a favor del oficialismo que lo asumen como bibliografía; por lo tanto, este tema no puede ser ignorado, porque estos productos aún se encuentran en las escuelas».

¿Qué deben hacer las universidades, las escuelas y los padres para contrarrestar esta política ideologizadora?

«Primero hay que tomar consciencia. El texto de la Colección Bicentenaria no es un texto neutro, no es naturalmente bueno, tiene una intención declarada de adoctrinamiento. Al hacer esto, la acción de los padres y los maestros debe ser otra. Deben tomar posturas de reserva y de vigilancia. Entendemos que nuestra cultura occidental está apegada al texto escolar, es decir, todos los niños que van a la escuela están en contacto con estos. Estos niños están en proceso de maduración a los 10 u 11 años, por lo que cualquiera de estos mensajes pueden anclarse en su subconsciente y prestarse para hacer interpretaciones erradas de los contenidos del texto».

Usted afirma que esta es una política que ha fracasado. ¿Cree que es por acción de los mismos centros educativos?

«Muchos maestros evitan utilizar estos textos, los estudiantes también. Entendemos que los libros escolares son caros y, además, hay muchas editoriales se han ido del país, entonces la alternativa de escogencia es reducida. Por estas razones, los maestros se han limitado a recomendar la bibliografía necesaria para su materia, en vez de exigir el uso de una en específico. Tenemos el recurso del internet y de las páginas científicas, lo que hace que los jóvenes interactúen más con este tipo de recursos virtuales, en detrimento del uso de los recursos físicos».

¿Qué tanto ha trabajado la UCAB para hacerle frente a esta problemática?

«La UCAB ha sido de las instituciones que más se ha preocupado por el tema. Recuerdo que, en el 2014, la Escuela organizó una jornada de discusión sobre la Colección Bicentenario. Yo no era profesor de la universidad en aquel momento, pero fui invitado a participar como ponente. Ahora, en el Doctorado en Educación, se creó la línea del texto escolar como objeto de investigación, lo que quiere decir que, académicamente, la universidad no solo se ha preocupado, sino que se ha ocupado del tema. También damos un seminario sobre discursos y textos escolares, en el cual se creó la semilla para organizar el evento que nos congrega. La UCAB no solo cede sus espacios, sino que, de manera curricular, ha creado discusiones entre los expertos de la materia».

Con respecto a la erradicación de este fenómeno, ¿es usted optimista?

«Mi optimismo va en escala. La primera buena noticia es que el texto escolar de la Colección Bicentenario no se usa tanto como el Gobierno ha querido. Para erradicar totalmente este mal se tendría que cambiar la política pública. Se deberían revisar esos textos para rescatar lo bueno y desechar lo malo. No se trata de tirar 12 millones de libros a la basura, sería irracional desde un punto de vista económico».

♦Texto: Diego Salgado/Fotos: Manuel Sardá