En el marco del Año Ignaciano, el rector de la UCAB sostuvo una conversación con la periodista María Isabel Párraga en la que habló sobre su vida antes de ingresar a la Compañía de Jesús, reflexionó sobre el país y compartió lo que lo motiva a seguir cumpliendo su misión como sacerdote, académico y ciudadano

Que sus amigos lo llaman “Joseíto” fue uno de los primeros secretos referidos por el padre Francisco José Virtuoso en la intimidad del auditorio Gustavo Sucre del campus Montalbán de la UCAB, el pasado 14 de julio, durante «Academia Jesuita», un encuentro realizado en el marco de las actividades culturales y de reflexión organizadas por la Dirección de Identidad y Misión de la universidad por el Año Ignaciano.

Recientemente ratificado para un cuarto ciclo de conducción de la casa de estudios -donde empezó labores como rector en el año 2010- el politólogo e historiador de 62 años sostuvo una entrevista de «confesión» con la periodista María Isabel Párraga.

En el espacio dispuesto para la conversación destacaba la pintura «Muerte de San Francisco Javier», óleo de autor anónimo en honor al misionero jesuita español fallecido en China en el siglo XVI. Con ese simbólico fondo y ante un público integrado por alumnos, profesores y otros miembros de la comunidad ucabista, Virtuoso develó parte de su mundo interno, con confesiones respecto a los tiempos complejos que corren y reflexiones personales más allá del ámbito universitario.

Volverse jesuita: una idea que «no salió tan mal»

Las narraciones de Virtuoso sobre sus inicios intelectuales y vocacionales fueron el punto de partida del diálogo: “Nací en la parroquia La Pastora y mi infancia la pasé fundamentalmente en Catia. Mi nombre es Francisco, porque mi mamá tenía una promesa que pagar cuando yo nací. Pensó en ofrecerle este muchacho a Francisco de Asís. Sin embargo, mis amigos y seres queridos me llaman José o Joseíto”.

Pese a formar parte de lo que él refiere como una “mezcla rara” -de padre italiano y madre andina-, es un caraqueño “de pura cepa” cuyos conocimientos iniciales son producto de la educación pública venezolana “de calidad, muy propia de los años 60 y 70”. En esos años, la curiosidad eclesiástica lo invadió tras conocer a un sacerdote, en su parroquia, “que se encargaba de inventar iniciativas y congregar jóvenes”. Aunque el bachiller Virtuoso se interesaba por estudiar Química en la universidad, empezó a integrarse a profundidad en las experiencias de servicio religioso.

«Allí fue cuando me dije a mi mismo: ‘¿por qué yo no puedo ser como él, si me interesa y me gusta todo lo que hace?’. Luego de tomar esa decisión, el problema era pensar en mis padres. Un día me armé de valentía y se los dije: que quería ser cura, y que quería entrar a ser jesuita».

Religioso de la Compañía de Jesús desde 1977 y ordenado como sacerdote en 1990, comentó su orgullo por la decisión tomada hace 45 años. “No me salió tan mal la idea”, esbozó entre risas. Su hoja de vida fuera de la filosofía ignaciana también es digna de mención: se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad Rafael Urdaneta (1986); recibió el doctorado en Historia por la UCAB (2003); y dirigió el Centro Gumilla en dos periodos (1996-2002 y 2007-2010), lo que fue “una gran escuela” a su criterio. Profesor de estudios superiores en cátedras que van de la filosofía a la sociología, también ha sido responsable de iniciativas orientadas al desarrollo y liderazgo comunitario, así como ha sido autor y coordinador de textos y volúmenes especializados.

Conducir en un mundo cambiante y bordeando precipicios

Como jesuita, Francisco José Virtuoso es consciente de la polémica que a lo largo de la historia ha rodeado a los miembros de esta congregación religiosa. Sin embargo, y a pesar de los casos en que varios de ellos han terminado siendo “víctimas y mártires” de sus críticas al poder político, social y económico, considera que en sus hermanos “debe prevalecer el compromiso con la fe y la justicia, y una búsqueda siempre compleja de un pensamiento honesto y razonable con la realidad, junto con posiciones individuales nada acomodaticias”.

Pese a su vinculación permanente con la cuestión política nacional, el rector fue enfático al rechazar cualquier tipo de aspiración en este ámbito. “Yo soy politólogo, no he tenido nunca esa tentación. Y suscribo las palabras de un amigo mío: los jesuitas no se meten en política, los jesuitas hacemos política. Es un tema que hay que tomarse en serio, ya sea como ciudadano, como estudioso o como aspirante”. Aseveró que los cambios de coyuntura social y política que requiere el país son muy grandes para pensar que todo se resuelve con un “simple cambio de líder o mandato”. A la vez afirmó que lo que Venezuela necesita es un gran compromiso de cada venezolano.

 

“Ante la crisis, requerimos el aporte fundamental de cada uno. Creemos que todo depende de un cambio de poder y, realmente, este país lo que necesita es un cambio de cultura y de convivencia ciudadana muy grande, desde las cosas más pequeñas. Si no asumimos a Venezuela como una tarea en la que cada quien apoya en su área, y con una visión de conjunto, no hay cambio. No hay salida política sin un cambio cultural”.

Sobre sus 12 años como rector de la UCAB, agradeció haber tenido la gran oportunidad de ser partícipe en todo tipo de iniciativas, cónsonas con los intereses del estudiantado y los docentes, y con las demandas en el campo educativo, investigativo y empresarial. “La universidad es un mundo de posibilidades. Te encuentras con todos los grupos, intelectuales y operativos, que forman parte de la sociedad. Y si algo me ha hecho feliz en los últimos años es que hay para detenerse y seleccionar los intereses. Nos hemos dedicado a abrir este mundo exterior, para aportar al país interior”.

“Llamar fracaso o amenaza a una coyuntura particular depende mucho de cómo este es manejado”, comentó Virtuoso ante la interrogante sobre si su en sus años de gestión -en una década compleja y paradójica para la sociedad venezolana, especialmente los jóvenes- se ha topado con desaciertos o retos.

“Siento que las universidades en Venezuela han enfrentado su peor época en los años pasados. Hemos vivido una crisis terrible, especialmente los casos de las universidades nacionales, y nosotros como institución privada no hemos estado exentos de ello. Hemos tenido que caminar al borde de precipicios, pero afortunadamente hemos sabido conducirnos sin pasos en falso”.

UCAB: 70 años soñando un futuro posible

Tras su ratificación para cuatro años más como máxima autoridad, en 2023 el padre Virtuoso será el encargado de conmemorar el septuagésimo aniversario de existencia de la UCAB, fundada el 23 de octubre de 1953. “Nosotros queremos celebrar este aniversario, soñando y vislumbrando ese futuro. El mundo, allá afuera, permanece en un proceso de transición muy importante. Quizás por los años de pandemia, nos hemos vuelto más conscientes de ello”.

A propósito de los retos de la institución, el rector consideró que en la UCAB “debemos ajustarnos, muy responsablemente, a ese mundo que viene: de revoluciones digitales e industriales, de cambios climáticos, de nuevos trabajos y obtención de nuevas habilidades y recursos”. A su criterio, los jóvenes de hoy “tienen que capacitarse para ello. Las profesiones tienen que apostar a ello también, y desde la universidad se tiene que dar aportes para volverlo posible, ese futuro. Eso es lo que queremos celebrar”.

Para sellar la entrevista, Francisco José Virtuoso se definió como profundamente optimista. Sobre qué le da esperanza, respondió, afectuosamente, “los chamos que veo todos los días en el campus”.

“Cuando llego aquí, y veo gente estudiando y agrupada en los jardines, rumbo a la biblioteca, uno se siente renovado todos los días. Se siente un gran orgullo el haber formado parte de esa primavera de jóvenes que empiezan como criaturas, como semillas, y crecen hasta llegar a ser algo sólido y fuerte”.

♦Texto: Daniel De Alba Suárez / Fotos: Manuel Sardá