El vicerrector administrativo de la UCAB, Gustavo García Chacón, tiene claro que la crisis mundial generada por la pandemia del Covid-19 ha obligado a las instituciones de educación superior a tomar decisiones de emergencia, para garantizar la continuidad en su funcionamiento.
Está consciente de que, en el contexto venezolano, se han sumado condiciones adicionales como la falta de combustible, las fallas de servicios públicos o la crisis económica, que complican la gestión de las universidades tanto académica como operativamente.
Mencionó que, en el caso de la UCAB, la contingencia obligó a las autoridades a “agarrar un atajo” en la estrategia de virtualización educativa que se venía aplicando, a un ritmo paulatino, y les dio “un empujón para ir por esa ruta”.
“El COVID-19 ha sido exigente en tiempos, velocidad y alcances. No es lo mismo una agenda de virtualización con todo lo que contempla, que tener que hacerla masiva para un conjunto de cátedras no planificadas para ese formato, y además en poco tiempo», comentó.
Pese “a lo abrupto” de la aplicación masiva de las clases on line –de las que se están sirviendo más de seis mil estudiantes del pregrado, desde que comenzó el nuevo semestre, el 27 de abril– García destacó que se han conectado al sistema virtual de la UCAB unas 20 mil personas por semana, en el conjunto de actividades de la Extensión Académica, entre cursos cortos, foros y seminarios.
“Ya la UCAB, desde hace cinco años, se planteó como eje central la virtualización (…) Responder de manera masiva no es igual para todo el mundo, tener buenas prácticas es producto de un conjunto de decisiones del pasado que no se pueden configurar en pocos días”.
El vicerrector hizo estas consideraciones durante una webinar titulada “Gestión Universitaria en tiempos de crisis”, organizada en el marco del primer aniversario de Universate, espacio radial producido por la Dirección General de Comunicación, Mercadeo y Promoción de la UCAB, en alianza con el circuito Unión Radio. La charla fue moderada por Efraín Castillo, conductor, junto con Tamara Slusnys, de este programa semanal que tiene como objetivo servir de plataforma informativa sobre la realidad de las universidades venezolanas.
García es relacionista industrial egresado de la UCAB, con dos maestrías en Gerencia de Proyectos y en Sistemas de Calidad (UCAB) y un doctorado en Ciencias Sociales (USB). Es autor de los libros Gestión de cambios organizacionales y Gestión de instituciones de educación superior, y consultor de organizaciones públicas y privadas en esta área.
A la luz de su experiencia, identificó cuatro retos que las universidades de todo el mundo están enfrentando, desde antes de la emergencia de la pandemia: exigencias sobre financiamiento, variaciones en los mercados, expectativas de los jóvenes sobre sus carreras, y cómo conectarse con los mercados de trabajo y la tecnología. Añadió una nueva exigencia para todas las instituciones de educación superior del mundo: la innovación.
Hizo una distinción entre el verdadero formato on line y la atención de la contingencia. Precisó que no se trata de utilizar la tecnología para reproducir lo que se hace presencialmente. “Lo que estamos haciendo no es más que una respuesta rápida a la emergencia, hay que cuidar la calidad del formato virtual. Eso exige un seguimiento muy estrecho y acompañamiento”.
Aprovechar capacidades instaladas
Durante el foro, Gustavo García Invitó a que, pese a las dificultades que está viviendo el país, se trate de poner por delante una visión optimista. “La visión de que con trabajo e innovación hay cosas que se pueden lograr, tratando de tener un modelo con la mayor calidad posible”.
En su exposición, se refirió tanto a las ambiciones estratégicas de las grandes universidades del mundo como a lo que con grandes dificultades tratan de hacer las universidades privadas y públicas en Venezuela. En ambos casos, dijo que se trata de aprovechar las capacidades que ya estaban instaladas y adaptarlas de forma obligatoria a los requerimientos que impone la pandemia, con capacidades adicionales que se están desarrollando según los contextos de cada país y las posibilidades de cada universidad.
En el caso de las casas de estudio locales privadas, reflexionó sobre los aspectos tecnológicos vitales que han debido sacrificar por restricciones económicas que les impiden hacer lo que en instituciones similares de otros países son desarrollos fundamentales.
“El sacrificio de esas inversiones tiene como propósito seguir planteando un modelo de educación superior accesible, de otra forma los costos no lo permitirían”.
No obstante, dejó claro que el modelo universitario de la UCAB es inclusivo, al punto de que en este semestre, 53% de los estudiantes inscritos recibe algún tipo de ayuda económica para seguir estudiando.
“Esos son cerca de 5.000 estudiantes, con una ayuda que, en promedio, se ubica en 60% del costo de la matrícula. Un tercio de nuestra universidad tiene beca del 100%, si lo quisiéramos decir así. Eso se hace sin apoyo del Estado, se hace con apoyo de los egresados y de la empresa privada. Esta situación de demanda de ayuda se ha acentuado con la crisis de las universidades públicas y porque todavía somos competitivos con otras opciones privadas locales”.
Responder a la crisis e ir más allá
El vicerrector administrativo de la UCAB apuntó la necesidad de que las instituciones de educación superior y quienes las dirigen trabajen en resolver los problemas asociados a las las contingencias, pero no dejen de lado la visión de futuro.
«No podemos dejarnos atrapar por la tiranía de la coyuntura, no podemos responder exclusivamente a la emergencia. Necesitamos un plan a mediano plazo, abordarlo con sentido estratégico”.
En ese sentido, dio mucho peso al aspecto del liderazgo en la organización para la conducción de la toma de decisiones y el avance de los cambios.
“No solo en la transformación digital, sino en otros ámbitos, sobre todo en pensar en una universidad que, como generadora y difusora de conocimientos, tiene que tener más interrelación con otros actores de la sociedad y tiene que responder al mayor reto de los mercados de trabajo y evolución del mundo, sus características y capacidades, necesarias para hacernos productivos”.
Sobre una de sus recomendaciones para gestionar instituciones de educación superior, como es la de designar comités para atender las crisis, dijo que a ese equipo le corresponde analizar y monitorear de forma permanente las principales variables y “preparar los protocolos, iniciativas o acciones necesarias para sortear este contexto”.
“El futuro es para organizaciones que definan estrategias y las vayan ajustando a los cambios del contexto y se hagan unos líderes con capacidad para formular y ejecutar estrategias (…) A pesar de las circunstancias complicadas, tenemos una posición privilegiada sobre los niveles de calidad de UCAB, y a un costo que es más que competitivo”.
Mencionó que las autoridades de la Universidad Católica Andrés Bello –que constituyó su propio comité de atención a la crisis– están atentas a la evolución de esta emergencia nacional y su impacto en el desempeño de la organización y sus miembros.
“Llevar al formato on line sesiones que no tenían ese formato ha exigido una agenda de trabajo muy compleja, que obliga a pensar en tres actores fundamentales: profesores, estudiantes y gestores académicos. Eso implicó capacitación y reorientaciones para la adecuación de fórmulas pedagógicas, mecanismos de soporte y acompañamiento, instructivos para emplear las plataformas y desarrollar nuevas fórmulas para la evaluación de los avances durante la contingencia. En las últimas dos semanas, en este comité hemos desarrollado indicadores sobre las percepciones y valoraciones de los estudiantes, prácticas pedagógicas y la propia valoración de la forma en la que se conectan nuestros estudiantes. Hemos desarrollado nuevos criterios de desempeño en contingencia”.
Al referirse a las universidades públicas, aclaró que no puede comparar sus condiciones con las universidades privadas. “Uno lo que puede hacer es insistir en configurar una estrategia, convocar a equipos de trabajo a no tirar la toalla, a innovar, pero están clarísimas algunas de las restricciones estructurales mayores”.
Entre las inversiones más importantes que deben ser atendidas por cualquier universidad, García insistió en la tecnología y la preparación de los docentes para el futuro, que tendrá características permanentes de formación a distancia, así como un componente importante de teletrabajo en áreas de gestión, que “es una opción factible y efectiva, aunque no fácil”.
“A nosotros el teletrabajo nos ha funcionado, especialmente en equipos encargados de asuntos críticos. Ha sido factible para buena proporción de la universidad, de unos 700 trabajadores a tiempo completo, solo un 25% está más distante, son cargos de apoyo asistencial, procesos menos críticos o que tienen dificultades de conectividad o carencia de equipos (…) En el mundo vendrán procesos de racionalización que intentarán privilegiar esto en corto y mediano plazo, aunque no creo que habrá una nueva normalidad muy distinta a la que existía antes de la pandemia”.
Explicó que, aunque ya las clases virtuales ya eran parte de la estrategia de la UCAB, no está planteado para el corto plazo que las titulaciones del pregrado sean totalmente on line. En una primera etapa se avanzaría a un tercio de las clases virtuales.
“En el caso de postgrado, la idea ha sido siempre avanzar en este modelo mixto. Para la gente que trabaja, el tema de no tener que moverse es apreciado, por eso hay programas totalmente en línea”.

