La Venezuela que, tímidamente, se asoma al siglo XX trae en su alforja vestigios del siglo que le precede, ya que a los tradicionales problemas políticos y militares, como el caudillismo y las guerras civiles, hay que agregar una profunda crisis económica y social.

La irrupción de los andinos, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, añaden un nuevo elemento regional  a la vida política nacional, imponiendo un estilo muy particular de gestión orientado hacia la centralización absoluta del poder como forma de dominación y a la liquidación definitiva del caudillaje.

A partir de 1908, Gómez desplaza suavemente a Castro del poder,  dejando a un lado los avatares de su conflictivo gobierno. El estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, y el inicio de la explotación petrolera en el país son dos hitos importantes que marcan los albores de una nueva década.

Hacia 1918, cuando la conflagración mundial se acerca a su esperado final, una epidemia, que rápidamente se convierte en pandemia, conocida como “la gripe española” se extiende como pólvora por el mundo. El asunto no puede ser más dramático, ya que a los efectos devastadores de la guerra hay que agregar el balance desolador de una pandemia.

Mientras en Venezuela una férrea dictadura  afina sus ergástulas  imponiendo el terror y la represión como forma de control político, “la gripe española” avanza sigilosamente arrastrando a su paso a un país rural y enfermo, diezmado durante décadas por innumerables enfermedades como la tuberculosis, la malaria, el paludismo, la fiebre tifoidea, la disentería, la anquilostomiasis, la tripanosomiasis, además de las infaltables guerras. Las altas tasas de mortalidad infantil y el analfabetismo se mantienen en el tiempo como una muestra del atraso y abandono de esta tierra.

En octubre de 1918, el número de contagiados se cuenta por cientos y la peste se extiende desde La Guaira, donde se localiza el primer foco, hacia Caracas, y poco a poco a otros estados del país, sembrando la angustia y el desasosiego. Inicialmente se desestima su gravedad y ello da pie a su fácil propagación ante la ausencia de medidas sanitarias y de control.

El número de contagiados va en aumento y es entonces cuando se decide controlar el libre  tránsito de personas y bienes, a través de ferrocarriles y caminos, y la creación de la Junta de Socorro Central, presidida en el Distrito Federal por el Dr. Luis Razetti e integrada por numerosos e importantes médicos del país.

Caracas fue una de las ciudades más afectadas por la pandemia, así como los estados Lara y Cojedes, entre otros. Durante tres largos meses la gripe hizo estragos en la población y hacia febrero de 1920 parecía estar controlada.

Las estadísticas en relación al número de defunciones no son precisas y se ubican entre 30.000 y 80.000 personas, cifra en la cual hay que incluir al hijo mayor del general Gómez, el Coronel Alí Gómez, así como otras personalidades cercanas a su entorno político.

 

Aunque estas cifras presentan una diferencia importante, ambas son bastante elevadas, sobre todo si pensamos en un país con una población inferior a los 3.000.000 millones de habitantes y una economía que ha visto incrementar sus ingresos producto de la recién iniciada explotación petrolera.

La falta de información confiable, además de las múltiples creencias de un pueblo analfabeta en relación a la cura doméstica de las enfermedades, pudo haber inflado esta cifra de muertes, ya que la única fuente de información es la oficial, la cual es manejada a través de los periódicos del régimen, que omiten, intencionalmente, la tragedia que azota al país.

La censura  es utilizada como elemento clave del aparato represivo gomecista. Es una forma de represión política que anula la posibilidad de expresarse a través del único medio existente, la prensa escrita, pero además de estar informado en relación a lo que realmente ocurre.

La gravedad de la censura, en tiempos de emergencia sanitaria, es realmente exponencial si pensamos en las consecuencias que acarrea la desinformación aderezada con rumores.

Si hacemos un balance de lo anterior, resulta paradójico el hecho de que, luego de transcurridos 100 años  y a pesar de los cambios y transformaciones experimentados por el país  durante el siglo XX, Venezuela hoy deba hacerle frente al Coronavirus Covid-19, en medio de una “crisis humanitaria compleja”.

♦Texto: María Soledad Hernández. Directora (e) Instituto de Investigaciones Históricas UCAB/Fotos: venezuelainmortal.com