Iglesia venezolana ratificó su compromiso de encarnar el Evangelio y formar para el servicio público

Durante la jornada de cierre del Seminario Internacional de Teología, celebrada en la UCAB, los sacerdotes jesuitas Luis Ugalde, Francisco José Virtuoso y Pedro Trigo abordaron cómo la evolución sociopolítica nacional ha acercado a la institución católica a los sectores populares y la ha hecho “más humilde”

Iglesia venezolana ratificó su compromiso de encarnar el Evangelio y formar para el servicio público

En al Aula Magna de la UCAB se reunieron, el viernes 22 de noviembre, más de 600 personas participantes en la segunda jornada del Seminario Internacional de Teología “Reformas de estructuras y conversión de mentalidades en la iglesia de hoy”, organizado por el Grupo Iberoamericano de Teología y el Boston College. El primer día del encuentro se efectuó, el jueves 21, en el teatro del colegio “María Auxiliadora”.

El evento convocó, durante dos días, a más de 30 teólogos de América y Europa –16 de ellos actuaron como expositores– que analizaron, entre otros temas de actualidad, las conclusiones del Sínodo de la Amazonía convocado por el papa Francisco en Roma durante el pasado mes de octubre.

Las dos jornadas de trabajo se dividieron en tres ejes temáticos: conversión sinodal, conversión pastoral y conversión ministerial.

La conferencia de cierre, “Caminando juntos como pueblo de Dios en Venezuela”, fue abordada por los sacerdotes jesuitas Luis Ugalde, Francisco José Virtuoso y Pedro Trigo. Cada uno con su enfoque, habló de las fortalezas adquiridas por la iglesia venezolana en medio de las dificultades y sus retos para el futuro, tanto para los clérigos como para los laicos.

Con sus matices, los conferencistas nacionales coincidieron en que la Iglesia venezolana tiene entre sus retos hacer realidad las actitudes descritas en el Evangelio y actuar como Jesús, que sin tener nada material, se dio a sí mismo para acompañar y consolar a los pobres.

También se habló de la dimensión política de la Iglesia, no como actor, sino como formador de los liderazgos en el servicio público y su deber de promover la doctrina social, el entendimiento, la concertación y el diálogo para rescatar la democracia. Además, se abordó la evolución histórica de la institución respecto de sus relaciones con el Estado, que al restarle ingresos y poder la ha hecho acercarse más a la base social.

Coordinado por Rafael Luciani, reconocido teólogo laico venezolano y profesor de la UCAB, el evento fue organizado con la participación de la Escuela de Teología y Ministerio del Boston College, el Instituto Nacional de Pastoral de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) y la Universidad Católica Andrés Bello.

Como invitados especiales asistieron el cardenal Baltazar Porras, administrador apostólico de Caracas y canciller de la UCAB; monseñor José Luis Azuaje, presidente de la CEV, y monseñor Raúl Biord, segundo vicepresidente de la CEV.

El padre general de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, envió un mensaje especial de agradecimiento a los participantes.

 

Antonio José de Almeida (Brasil), expuso comentarios sobre el documento final del Sínodo de la Amazonía y recalcó que en América Latina es una realidad ya uno de los objetivos del plenario reunido en Roma, como es que las comunidades sean espacios privilegiados para el desarrollo de nuevos ministerios.

Hizo especial reconocimiento al papel de las mujeres, sin cuya participación la presencia de la iglesia católica “no tendría todo el vigor y vida” que tiene en la Amazonía.

Fortalecimiento en la crisis

El padre Ugalde, exrector de la UCAB e individuo de número de dos academias nacionales, abordó en su faceta de historiador “pinceladas” de la evolución de la Iglesia católica en Venezuela durante los últimos 150 años y su relación con el poder político, hasta que la institución “aprendió a descubrir la democracia”. Enumeró casi una docena de aspectos que él estima positivos aunque son reflejo de la crisis nacional. Afirmó que la Iglesia debe “renacer en el corazón de la periferia” y “mirar hacia adelante y hacia afuera”. Para él, que la Iglesia venezolana sea hoy “pobre en medio de un país empobrecido, nos puede llevar al centro de esa periferia”.

Ugalde alabó los “valientes y coherentes” documentos de la CEV y el mantenimiento de devociones marianas movilizadoras. Señaló que hoy existe una “Iglesia humilde”, que ha aprendido a vivir sin subvenciones del Estado. Todos esos cambios le han dado, según el sacerdote jesuita, mayor presencia en los barrios al tiempo que las congregaciones religiosas se han “venezolanizado”.

Entrelazó Ugalde un discurso en el que destacó que “la situación de mendicidad mundial” en la que “el fracaso con inmenso desastre y ruido” de la revolución de Hugo Chávez ha dejado a Venezuela, propició que la Iglesia católica se vincule con el concepto espiritual y pastoral mediante el cual “Jesús le reveló Dios al mundo”, pues la ha llevado al encuentro con los excluidos.

“Todo el país se nos ha vuelto periferia”, dijo Ugalde, y la Iglesia venezolana “se vuelve consciente de que está llamada por Jesús a asumir esta tragedia, que es como una posguerra espantosa”.

Recordó que entre 1872 y 1877, Guzmán Blanco expulsó a todos los obispos, cerró los seminarios y despojó a la Iglesia de sus propiedades. Entonces, “la fe en Venezuela se mantuvo gracias a las madres, las abuelas y las tradiciones religiosas como la Cruz de Mayo y la Navidad”. Pasada esa época, le tomó a la institución unos 75 años recuperarse, hasta que se topó “con los anticlericales” de Acción Democrática entre 1945-48. Con el retorno de la democracia y el regreso de AD al poder, hubo respeto para la Iglesia, que se consolidó en 1964 con la firma de un modus vivendi y el Concordato, que permitió la instalación de la Nunciatura.

Mencionó Ugalde que los gobiernos de Rómulo Betancourt y de Raúl Leoni desarrollaron políticas públicas acordes con los postulados de la Doctrina Social de la Iglesia. Pero, a partir de 1978, el retroceso de todos los indicadores económicos puso a la Iglesia en posición crítica, más recientemente ante “el mesianismo militarista”.

 

Formar integralmente para el servicio

En su turno, el rector de la UCAB, Francisco José Virtuoso, habló de la misión de la Iglesia en la construcción de ciudadanía y democracia y le atribuyó la tarea de “ser fuente de reconciliación desde la justicia”. Reiteró el rector reflexiones suyas sobre el imperativo de la iglesia venezolana de promover la formación integral de los dirigentes políticos para el servicio público.

“En Venezuela no habrá salida sin libertad, democracia e institucionalidad en la vida pública (…) No saldremos de este marasmo, de esta terrible tragedia, si no hay constructores de democracia. Para ello hace falta políticos y hay que formarlos, no basta darles cursos de liderazgos, hay que formarlos en la vocación de servicio público”.

Comentó que en sus permanentes contactos con las comunidades sabe que hay “personas ocupadas en generar soluciones, al tiempo que resisten con espíritu cristiano, sin sucumbir ante las dificultades ni perder su dignidad”.

El rector de la UCAB citó recientes mediciones de encuestas que revelan que 55% de la población desea elecciones libres, pero mostró su inquietud porque no se encuentra todavía la manera de “conectar el sueño con la voluntad”.

 “La Iglesia venezolana ha encontrado en sus obispos una voz profética, clara, comprometida y valiente en el llamado a la conquista de la democracia a través de la activación ciudadana y el liderazgo político responsable. Su voz es hoy la referencia política más importante de la sociedad venezolana. Los agentes pastorales, todos inmersos en medio de la penuria de la gente y la acción pastoral están directamente involucrados en la atención de la emergencia social, en la defensa de los derechos humanos, en el acompañamiento de las personas y de las organizaciones de base, están jugando un papel en el área educativa. Nuestra Iglesia señala el camino en medio de la oscuridad. Nuestra presencia en la diversidad de conflicto que atraviesa la sociedad, nuestra cercanía a las víctimas, sin ataduras partidistas y desde la libertad del Evangelio, nos hace más que nunca sacramento de reconciliación, porque somos espacio de encuentro”.

Francisco José Virtuoso recordó el llamado del papa León XIII para ejercitar la vocación de servicio a través de la política e incidir en cambios sociales que faciliten la igualdad de derechos, la pluralidad y la tolerancia.

“No habrá democracia si no hay organizaciones que la construyan, si no hay vocación para conformar ese gran pacto social, si no hay organizaciones que movilicen y no hay un discursos con líderes concretos”.

Recuperar la horizontalidad

Por último, el teólogo jesuita Pedro Trigo convocó a ejercitar la “encarnación solidaria desde abajo”, como lo hizo Jesús. “El verdadero cristiano no puede desentenderse de la situación en la que vive” y debe comunicar que “el Dios de Jesús es un Dios solidario”.

Hizo una crítica a la Iglesia porque no practica plenamente “la mentalidad, actitudes, sensibilidad, modo de relacionarse del proyecto de Jesús” y tampoco “ha hecho mucho caso” al planteamiento del papa Francisco, que ha pedido retomar la lectura orante del Evangelio, como se aplicó entre los años 70 y la primera mitad de los 90, a través de los grupos de base en las comunidades populares.

 “Tiene pleno sentido la compasión ante tantos que no comen completo, que están enfermos, no tienen trabajo o ganan una miseria (…) muchísimos cristianos viven en esta situación, pero como quieren vivir cristianamente no se encierran en carencias tan graves, tratan de ahuyentar sentimientos negativos y se abren al dolor de los demás. No por voluntarismo, sino porque viven personalizadamente, es decir, porque viven como hermanos la fraternidad de hijos de Dios”.

El teólogo responsabilizó de la crisis nacional a los funcionarios del gobierno “que no han actuado como servidores públicos, responsables ante los ciudadanos” y señaló que esto será superado cuando “recuperemos la horizontalidad que existió en los años 60 y parte de los 70, cuando todos los venezolanos íbamos en una misma dirección ascendente, porque los gobiernos eran policlasistas”. Dejó claro que “la Iglesia no puede meterse en política ni sustituir al gobierno”, pero debe denunciar lo que éste haga mal.

Sobre la ayuda humanitaria, dijo que los destinatarios no deben recibir solo “cosas necesarias para la vida sino verdadera fraternidad y por eso tiene que llevarse a cabo en relaciones horizontales y gratuitas, no como bienhechores” y tampoco debe “engendrar dependencia sino que potencie a los socorridos”.

♦Texto: Elvia Gómez/Fotos: Manuel Sardá

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